Mía Belmont Desperté con la luz del sol acariciando mi rostro, filtrándose entre las sábanas de seda con una calidez que me hizo sonreír antes de abrir los ojos. La noche anterior todavía palpitaba en mi piel; el rastro de los besos de Aleksandr, la seguridad de sus brazos y esa sensación de pertenencia que solo encontraba a su lado. Me estiré perezosamente, sintiendo que el nudo de ansiedad que había cargado durante días se había aflojado un poco. El malestar matutino era mínimo, apenas un leve vacío en el estómago que ignoré mientras buscaba el calor de su cuerpo. Aleksandr no estaba acostado, pero no estaba lejos. Lo vi de pie frente al ventanal, con una taza de café en la mano y el teléfono pegado a la oreja. Estaba de espaldas a mí, su torso desnudo revelando la tensión en sus h

