Narra Maximiliano Sentado en mi rascacielos con vista a la ciudad miré al otro lado de la mesa a Belén quien clavó su cuchillo en el filete que le había preparado después de que finalmente se calmó en la oficina y aceptó ser buena para mí. —¿Necesitas ayuda con¿Eso?— pregunté. —No —gruñó ella con fuerza—. Soy perfectamente capaz–tras cortar por fin el primer trozo, se lo metió en la boca. Luego, se limpió la cara con una servilleta y contempló las brillantes luces de la ciudad que danzaban en el cielo nocturno— .No puedo creer que me estés haciendo pasar un día entero sin correrme. Aunque una declaración como esa de cualquier otra sumisa me habría molestado. A mí me gustaba jugar a este jueguito con ella. Dudaba mucho que pudiera aguantarse toda la noche sin tocarse, y estaba deseando

