Mateo El pasto verde brillaba con los pequeños rayos de sol que insistían en colarse por entre medio de las ramas de los árboles, la música inundaba el ambiente mientras nuestros pies golpeaban los globos, mis manos permanecían en sus caderas mientras su cuerpo se encontraba pegado al mío, tal y como lo prometí, pero te conocí sonaba por el parlante. Su mejilla junto a la mia, su olor a frutos rojos, la sensación de plenitud. - Sabes que te amo – murmure tan bajo para que ella solamente me escuchase. - Lo sé – sonrió – ¿Tu sabes que yo también? – sonreí. - Lo sé – acaricie su mejilla – No importa lo que pase, no importa cuan largo sea el camino o que tan empinada sea la colina, nena… viviré mi vida para hacerte feliz, para amarte y cuidarte – rozo su nariz con l

