Mafia
Capítulo 4
En pedazos
Mina
Se que no había pasado mucho tiempo, que estaba curándome de las heridas del cuerpo, tras intento de suicidó, pero las que llevaba dentro, estaban sangrando, no había manera de cerrarlas, eran las que más me herían, no debería haber sobrevivido, no debería estar aquí, en una habitación tan pulcra y siendo cuidada por un par de extraños que no tenían idea de quién era, odiaba el sentimiento, odiaba la lastima, pero era algo que estaba arrugado en mi mi alma, no podía curarme, no había salvación, para mi maldición. Estar viva era insoportable. Me metí en el baño y evité el espejo, nunca miraba el reflejo, sabía lo que había en mi. Busqué entre los cajones y encontré una filosa navaja, sentí tanto alivio qué la pegue a mi pecho con lágrimas. Solo unos minutos y todo terminaría. Eso era lo que quería. Desde el primer momento que él me tocó. Lo desee. El nunca me dejaría escapar, el siempre me encontraría como otras veces. Y cada vez era peor. No podía volver con él, no podía volver a tocarme. Solo muriendo escaparía. Esa era mi realidad.
KRIV
Estaba saliendo del despacho cuando una de las empleadas iva rumbo a la cocina con la bandeja de la comida intacta. Suspire, pasándome la mano por el cabello. No sabia que hacer con ella, estaba en un estado de shock tan deplorable que aun no podía ni hablar. Se la pasaba llorando todo el tiempo. No comía ni bebía nada, desde que despertó. Subí las escaleras de la casa hacia mi dormitorio donde ella intentaba dormir.
– ¡Señor Kriv! – grito Nana una de las refugiados. Entre casi corriendo ami habitación y seguí los gritos de pánico de mina.
– ¡Déjame! ¡No puedes! ¡No tienes derecho!
Cuando ingrese al baño, me encontre con una escena de terror, la muñeca de mina sangraba y Nana intentaba quitarle mi navaja de afeitar. Mientras ella se revolvía furiosa por continuar con su cometido. Suicidarse. Salí de mi estupor y me acerque a Nana y le quite la navaja a Mina, quien se revolvió ante mi tacto. Nana se apartó dejándome el protagonismo y Mina sin importarle desangrarse se hizo ovillo y lloro partiéndome el alma.
– Déjame ir. Quiero irme. Porfavor. No quiero estar aquí. Ya no quiero vivir esta vida de mierda. Ya no quiero existir. Déjame ir. Ten piedad. Por favor. Ten piedad.
Se ahogó en su llanto doblandose sobre si misma y Nana también estaba llorando, sin darme cuenta, hasta que sentí una lagrima bajo por mi mejilla. Nunca había llorado, en toda mi puta vida. Ni cuando mi padre me golpeaba, ni cuando lo mate, ni cuando mi madre murió. No sabia que hacer con esta criatura destrozada. Por la misma persona que debía protegerla, fue quien la convirtió en esto. Así que hice lo único que pude, decirle que lo que mi mejor amigo me dijo una vez. Me arrodille cercas, pero sin invadir su espacio, su herida no era tan profunda, pero seguía sangrando, Nana llegó a tiempo.
– No lo dejes ganar, no le des la satisfacción de saber que te hizo daño, se que ahora duele mucho, pero llegará un día en el que pagará, yo lo are pagar, te lo juro.
Negó con la cabeza. Se que no confiaba en mí, se que tardaría mucho en hacerlo, pero podía darle una cosa que nunca tuvo. Esperanza.
– Entre más oscuro el camino, la luz es más escandencete y difícil de ver. Pero siempre la justicia termina a nuestro favor. En esta vida es para siempre y tu fortaleza debe ser más grande que tus miedos o ellos ganarán siempre.
Me levante y le hice una seña a Nana, quien se acercó a ella y empezó a curarles las heridas.
Fui ala biblioteca, donde mi hermano Yerik jugaba villar, cuando me vio dejo el palo y se acercó al ver mi expresión.
– ¿Que pasa?
– Mina intenton suicidarse.
– Mierda
– Quiero que interroges al imbecil del sotano, necesito saber que le hizo.
– ¿Y tu que crees que le hizo? – irónizo, al ver mi cara de fastidio, asintió y fue a realizar su trabajo. Espere en la sala bebiendo mi wysky hasta que cinco horas después regreso, con la cara pálida y sudorosa.
Se sentó ami lado en silencio, tomó una de mis botellas más caras y bebió directamente. Me miró y una tristeza de reflejo en sus ojos avellana.
– A lo largo de mi vida, he hecho y escuchado cosas, historias de muchas mujeres siendo abusadas, pero esto hombre, es maldad pura.
Que dijera algo así y por primera vez me preocupo más.
– Habla.
– Creo no. De verdad. Ni si quiera puedo procesarlo aun.
– Yerik – gruñi, pero el negó con la cabeza.
– Hermano es por tu bien, si te lo digo ahora, aras una estupidez, lo importante es Mina primero, sacarla de ese infierno. Te juro que te lo contaré, pero primero preocúpate por ella, ese moustro puede esperar, lo mantendré caliente para ti.
– ¿Tan malo es?
– Si te dijera que eso no lo define, sería demasiado dulce y aun no lo a dicho todo.
Tenía razón y por su expresión sabia que era más malo de lo que podía imaginar y por la reacción de Mina. Esto era mucho, mucho peor.
– Dime solo una cosa.
Se lo pensó unos segundos y me miró, con lágrimas no derramadas. El se estaba conteniendo.
— Tiene un puto cuarto de juegos donde la torturaba.
Eso fue más que suficiente, camine directo ala puerta y antes de salir le dije con voz tensa.
– No lo dejes morir.
– Nunca hermano. Solo céntrate en ella.
Asentí y regrese a la habitación donde una cryschar la vigilaba mientras dormía. Asintió en mi dirección y salió. Tome su lugar. Cumpliendo mi promesa, cuidandola de la única forma que podía, Vigilando sus sueños.
Había dejado de llorar con fuerza, pero no se levantó del suelo, las lágrimas seguían callando, pero ya no era él llanto estremecedor de un principio.
– En mis familias las promesas se cumplen y yo te juro que nadie volverá hacerte daño. Se que ya lo has odio antes. Pero aquí. Estas a salvo. Nadie te ara daño, todos cuidaremos de ti. Yo lo are are.
Yerik
En mi vida e visto y escuchado historias dignas del terror. Pero lo que ese hombre me contó mientras lo torturaba, no estaba preparado. Por eso llame a Nana, porque ella conocía ese mundo. Cuando entro agacho la cabeza en señal de respeto y la masajista dejo de trabajar en mis hombros, nada podía relajarme.
– Siéntate Nana.
– Así estoy bien.
– Háblame del rajmaja.
Verla palidecer confirmaba mis sospechas, pero nunca sabia en que consistía literalmente. Solo sabía ciertos detalles.
– ¿Es por la joven? ¿Verdad?
– Nana – le advertí cuando intentonde desviar el tema.
– Si te lo digo, prométeme que no lo mataras. No se merece morir tan rápido.
– Solo dilo y ya.
Suspiro y se sentó frente ami, cruzando sus piernas.
– El rajmaja es una tradición sumeria para mujeres infieles, bastardos, invasores y traidores, sobre todo en mujeres, la tradición del castigo no solo se vaza en la humillación pública, tortura y el abuso s****l, el castigo implica que sea abusada de la manera más cruel he hinumana posible, donde no solo uno, si no una multitud te toque. Te golpee o use objetos que te causen tanto dolor que desearás estar muerta y no te concederán esa libertad. Esto puede durar meses, incluso años, porque para ellos no eres más que una maldita sacrificada al peor de los castigos carnales, porque si es peor que abusen de ti día tras día, Esta tradición no se compara con nada, porque eres como un animal al que pueden tocar, una multitud de hombres.
Estaba petrificado, estaba helado, en mi sangre no corría nada salvo el hielo y por primera vez en mi vida me quebré, empecé a zollozar como niño indefenso. Porque jamás había oído algo tan asqueroso y horrible, no eran las palabras exactas que usaría, pero era las únicas que se podrían acercar a algo tan mezquino y poco humano.
– Solo hubo una mujer que sobrevivió, seis meses a esa tradición. Hace tres años que la rescataron. Había videos por toda red de Internet, pero fueron desapareciendo por lo gráficos que eran. Esa es la peor parte. Que lo graban todo.
Cuando me recobre un poco hice solo una pregunta.
– ¿Crees que él la grabó?
– Lo más seguro señor. ¿Necesita algo más?
Nege con la cabeza y cuando me quede solo. Llore tanto, como nunca lo había hecho en mi vida.