A los ojos de William, Emma parecía como un ángel dormida. Era una mujer muy hermosa y él nunca se cansaría de contemplarla. Se quedó agotado después de haberle hecho el amor cinco veces esa anoche, el embarazo habia despertado en ella aún más el apetito s****l. No sabia cómo haría esa semana fuera, lejos de ella, pero era necesario ir y enfrentar al demonio de Robert Cox Se levantó de la cama sin hacer el menor ruido para que Emma siguiera durmiendo. Se dió un baño y se vistió con el traje de siempre, pantalón y botas negras, camisa mangas largas blanca, el pañuelo de cuello y la claqueta. Salió directo a la cocina para pedirle a María que preparara el desayuno mientras que los demás se levantaban. Jane había renunciado hacía unos días lo que supuso un alivio estando su esposa en el

