Aleksei
En aras de salvaguardar a Lily, ordené a mis hombres estar al pendiente de ella aun cuando se encontraba en lo alto de un edificio. Solo ellos conocían su ubicación, así que esto me daría un mayor control en caso de que alguno quisiera traicionarme. Yo, en tanto, quedé quince pisos debajo de ella buscando a ese par de sanguijuelas, aunque mi principal objetivo era Ivanov y más porque Nika llegó disfrazada (según dijo) para pasar desapercibida y sorprender a Luzhin por detrás. Se notaba su sed de venganza contra él, así como yo tenía la mía por cobrarle a ese par el atentado contra los Romanov, pero me preocupaba que, en un intento desesperado, Lily interviniese con la misma altanería con que lo haría Vicky de estar en su lugar.
—Dime que todavía estás en posición —pregunté a Lily por el micrófono, sin dejar de observar a mi alrededor.
—Sé que no quieres que me mueva y no abandonaré este puesto a menos de que sea necesario. ¿Feliz?
—Preferiría que estuvieras con tus hijos y tu esposo en Alemania, pero creo que no tengo opción, ¿o sí?
—No, Alek, no la tienes, así que enfócate o ese cretino de Ivanov te aniquilará antes de lo que imaginas —di una vuelta buscándolo—. Hombre armado a tus cuatro —me escabullí en una esquina y disparé al cretino al divisarlo al otro lado de la calle.
En un segundo todo se hizo un caos, los conductores no sabían a qué dirección huir, los transeúntes buscaban el mejor escondite y nuestros hombres disparaban a rabiar contra los de Ivanov.
—Escóndete bien, Alek, te tengo en la mira al igual que a Luzhin, aunque estoy más cerca de él que de ti —avisó Nika por el auricular.
—¡Ya te vi! —avisó Lily entusiasmada— Aunque no creí que escogerías una peluca tan llamativa.
—Quería que me encontrara fácil y al mismo tiempo no —respondió Nika orgullosa.
—¡Suficiente las dos! ¡Y mucho cuidado, Nika, te recuerdo que no estás en óptimas condiciones para pelear!
—¡Estoy bien! Lo suficiente para darle caza —un ladrido de fondo me sacó una tonta sonrisa, y la imaginé con Togo planeando su golpe.
Mi preocupación se desbordó al escuchar los disparos del rifle y a Ivanov buscando la fuente, pero conseguí distraerlo al arrojarle la tapa de un tarro de basura que golpeó su pierna y eché a correr para alejarlo de ellas, entonces nos adentramos en la bodega de un supermercado.
—¡Ni creas que te librarás de esta, Ivanov! ¡Tú y ese perro de Luzhin me pagarán lo que le hicieron a mi familia!
—¿Familia? —bufó divertido—. ¡Él solo disfrutó el banquete que le dio esa golfa de Karsimov, porque al final eso fue, una golfa más para él!
Lleno de rabia, al recordar cómo terminó ella esa noche y lo que pudo pasarle si yo no hubiese viajado, disparé a Ivanov en movimiento y nos escondimos tras los estantes, pero de pronto su móvil sonó, no sabía quién era o qué pasaba, pero sus murmullos parecían reflejar preocupación.
—¡¿Qué pasa, Ivanov?! ¡¿Tu esposa te está pidiendo los huevos que te faltan para complacerla?! —vociferé jocoso, ganándome un par de disparos de su parte que por suerte no consiguieron darme.
—¡Cállate, imbécil, y mejor muérete!
De nuevo el fuego cruzado nos hizo movilizarnos lo suficiente para reflejar su ubicación, aunque mayor fue mi sorpresa cuando pude ver unas fotografías en el reflejo, estaban un poco borrosas por la distancia, pero era suficiente para saber que se trataba de dos personas semidesnudas, lo que le dio mayor peso a mi teoría, entonces reí divertido al divisar su colérica expresión que no se apartaba de la pantalla.
—¡Te llenas la boca diciendo que Nika fue la golfa de Luzhin, pero apuesto lo que sea a que puedo cogerme a tu mujer de la misma forma! ¡Ya imagino cuánto gritaría esa golfa mi nombre por el incesante placer que le daría en comparación contigo!
—¡CÁLLATE!
Su furia se disparó a través del arma queriendo aniquilarme y más por la burlesca risa que emergía de mí, pero al contraatacar, haciéndolo retroceder, pude divisar mejor otra imagen y me di cuenta de que se trataba de un hombre parecido a mí que estaba de espaldas siendo rodeado por los brazos de alguien, lo que confirmó nuevamente mis palabras.
—Bonitas manos. Ahora sé cómo se verán en mi cuerpo cuando me coja a tu mujer, Ivanov, pero para que veas que no hay resentimientos, me aseguraré de grabarte el encuentro, así sabrás cómo complacerla.
(…)
Serik
Tarde fui consciente de que ese malnacido podía ver la pantalla de mi móvil a través del reflejo detrás de mí, pero si ya tenía la cabeza caliente por sus primeras provocaciones, fue su última declaración lo que terminó de joderme, puesto que él y el infeliz con el que estuvo Pauline en San Petersburgo eran muy parecidos. Quizás sea una mala pasada de la vida, pero tomaré esto como una ventaja al asesinar dos veces al cretino que quiere arrebatarme lo que me pertenece.
—¡Despídete, perro, porque hoy darás tu último aullido!
Arrojé una pequeña granada en lo que yo me resguardaba, pero al detonar, ese perro me dio un fuerte golpe en la cabeza al salir disparado por la onda en mi dirección, tomando esto como ventaja para atacarme. Otra ráfaga de disparos se efectuó, su maldita risa burbujeaba mi cólera y mi deseo por torturarlo hasta la muerte incrementaba al tenerme en cierta medida a su merced.
—¡Ya ríndete, Ivanov! —gritó el perro sarnoso— ¡Verás mi rostro día y noche sin descanso a sabiendas de que nunca podrás ganarme, pues conseguiré arrebatarte lo que más anhelas: tu dinero, tu posición, tus mujeres! ¡Todo!
De pronto la visión de él asesinando a mi hermano, la muerte de mis padres a manos de Romanov y el placer emergiendo de Pauline por las embestidas de ese perro se convirtieron en pólvora dentro de mí, una que estalló en un bestial grito de mi parte que me hizo descargar el arma contra él y una vez vacía, corrí hacia un lateral del enorme tanque donde se escondía afuera de la bodega y enterré una navaja en su espalda. El perro de Morozov me golpeó con su codo intentando apartarme y aunque retrocedí un par de pasos, volví con el mismo impulso contra él.
—Me aseguraré de que te tragues los intestinos y te ahogues en ellos —escupí colérico sin dejar de apuñalarlo.
De un golpe le arrojé el arma, apuñalé su mejilla al meter el brazo en mi camino y golpeé su abdomen antes de apuñalarlo a un costado del pecho. Podía sentir su vida desvanecerse en mi mano, la sangre llenaba rápidamente sus pulmones que hacían un gran esfuerzo por permitirle respirar y el brillo en sus ojos se opacaba mientras los míos ardían ansiosos.
—Si no te mueres hoy, me aseguraré de que nunca más vuelvas a dar un paso en tu asquerosa vida, Morozov —escupí en sus ojos e intenté apuñalarle la columna, pero unos disparos a la distancia arrojaron mi navaja e hirieron mi mano, separándome a su vez de él.
—¡Serik! —el dolorido grito de Luzhin me alertó, y lo vi acercarse.
Cojeaba en medio de su carrera, la sangre brotaba de su brazo y una pierna, en la cual mantenía una navaja incrustada en un peligroso punto que me hizo olvidarme por unos segundos de Morozov y corrí a auxiliar a Luzhin.
—¿Quién te hizo esto?
—Karsimov —de nuevo mi sangre hirvió—. ¡No, déjala! —gritó, en lo que detuvo mis pasos.
—¡¿Cómo me pides que la deje después de lo que te hizo?!
—Ella es mía, Serik, ni tú ni nadie me arrebatará ese trofeo ucraniano —algo extraño se trazaba en su mirar, no mostraba una sed de venganza común, sino que había algo más.
—¿Qué me ocultas de ella?
En eso escuchamos los gritos de varios hombres seguido a los de Karsimov, quien corría junto a ellos para auxiliar a Morozov y a su vez nos acorralaban.
—Debemos irnos cuanto antes, dieron de baja a varios de los nuestros con un excelente francotirador.
La noticia me heló la sangre, aunque Luzhin ya estaba preparando unas granadas que, con mi ayuda, lanzamos hacia los hombres, aunque otra quería dirigirla hacia donde estaba el cuerpo de Morozov, pero en eso me di cuenta de que él no estaba donde lo dejé, entonces unas canastas fueron arrojadas contra nosotros y las primeras granadas detonaron muy cerca. Una pared me recibió en seco, Luzhin parecía inconsciente y Morozov apenas balbuceaba en un vano intento por respirar, lo que me sorprendía pues varias fueron las puñaladas que perpetré contra él y aun así era capaz de mantenerse en pie. Fue en esos desesperantes segundos que divisé la navaja en la pierna de Luzhin, así que le hice rápidamente un torniquete, retiré el arma y me fui contra Morozov, enterrándosela en el corazón.
—Quizás no sea la muerte que quiero para ti, asqueroso perro ruso, pero no volverás a arrebatarme nada de lo que amo —a pesar de mi desesperante enojo, él sonrió victorioso aunque con dificultad.
—Claro que lo haré, imbécil, y más si te atreves a tocar a Victoria, ¿o c-crees que no sé que planeas algo contra ella? —tembloroso y firme a la vez, se aferró de mi mano que seguía sosteniendo la navaja en su corazón—. Te aniquilaré si te atreves a tocarle un cabello y también aniquilaré a ese malnacido de Luzhin por intentar asesinar a Nika y jugar con ella, pero por ahora disfruta en sueños cómo me follo a tu esposa y te arrebato todo lo que tienes, así podrás prepararte para tu fin —estaba a punto de irme contra él, cuando Luzhin me apartó de golpe.
—¡Olvídalo, Serik, debemos irnos ya!
—¡Suéltame! ¡Acabaré con ese maldito perro de una vez por todas!
Los disparos del francotirador nos obligaron a alejarnos al despejarse el humo, pero en mi cabeza no dejaba de escuchar la voz de ese perro vanagloriándose por su jugada.