Victoria
Las cosas se estaban complicando en Rusia tras la llegada de esta nueva organización, sabíamos que había algunos ataques aleatorios a lo largo del país, pero hasta ahora no podíamos dar con el culpable; sin embargo, una pista en el último atentado nos hizo viajar a Bilibino. Me llevé a un puñado de hombres en lo que dejé a Aleksei encargado de las capitales junto a mi padre y Nika por otra parte decidió acompañarme, lo cual creo fue una excelente idea considerando que no me he sentido bien desde hace un par de días.
—Vicky, no puedes seguir así, deja que te revise un médico.
—No es necesario, seguramente fue algo que comí, no te preocupes.
—¿Qué no me preocupe? ¡Estás a nada de vomitar el hígado!, así que deja que te revise un médico o llamaré a tu padre y él sí se encargará de ti.
—¡Ni se te ocurre hablarle a mi padre! Lo menos que necesito ahora es que esté encima de mí. Solo dame un antiácido o lo que sea y nos vamos por esos imbéciles para acabar con esto —ella me mira desaprobatoriamente, pero entonces, su semblante cambia a uno de preocupación que me deja extrañada y queda detallándome por completo—. ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?
—Vicky, ¿cuándo fue tu último periodo?
—¿Qué ridiculeces preguntas, Nika? Obviamente… —intentaba buscar en mi cabeza la fecha, siempre era puntual con eso y entonces me di cuenta de todo el tiempo transcurrido sin que me bajara.
Un horrible vacío se alojó en mi estómago y recordé cada uno de los encuentros que tuve desde mi última regla, por lo que no fue difícil adivinar al final quién es el causante de esto, o bueno, la otra parte, suponiendo claro está que sea lo que ella y yo estemos pensando.
—No puede ser —murmuró Nika sin salir de su asombro—. Estás embarazada de ese hombre que me contaste, ¿cierto?
—¡No…! Y-Yo no… n-no puedo estarlo… —respondí nerviosa en voz baja.
¡Pero claro que podía estarlo!, porque más de un encuentro fue sin protección y aun cuando tenga el dispositivo, eso no me da una seguridad del cien por ciento.
—Vicky, tienes que hacerte la prueba ya mismo, si estás embarazada y terminamos en una batalla podrías perder a tu bebé.
Esta vez no renegué ya que el shock en mi cabeza no me lo permitió y simplemente asentí en silencio, Nika rápidamente tomó una muestra de sangre y pidió que trajeran el equipo y a un médico para que me revisara rápidamente, pero es algo que no pudo ser. Para desgracia mía, mis hombres nos informan que han visto algunos movimientos inusuales cerca de la zona bancaria y el aeropuerto, así que me enfoqué en lo que debía hacer y salí con ellos, dividiéndonos en dos grupos: uno estaría liderado por Nika, quien iría al aeropuerto; en lo que yo iba a la zona bancaria.
Nos desplazamos rápidamente, oculté algunas armas en mi abrigo e ingresé al punto que ellos me dijeron; no obstante, si la vida ya me estaba martillando con la duda de un embarazo, ahora me daba otra bofetada al reencontrarme con Dussan en este lugar. Él salía de la oficina principal con su típico traje y esa mirada que tanto me enloquecía junto a su porte dominante, pero antes de dar un paso hacia él, pues ya se había percatado de mi presencia quedando tan asombrado como yo, recibí un mensaje de Nika con los resultados de los exámenes, entonces Dussan se me acerca diciendo algo que no logro entender porque no quepo en esta avalancha de emociones que comienza a agobiarme.
—Pauline, ¿qué haces aquí? ¿Estás bien? —se escucha sumamente preocupado, pero yo apenas puedo alzar mi rostro y ver sus ojos.
—E-Estoy embarazada… —susurré impactada.
—¿Qué dijiste? No te escuché.
—Estoy embarazada… —dije un poco más fuerte— Estoy esperando un hijo tuyo.
En eso escuchamos que alguien dispara una escopeta, generando el caos en el lugar. Todos gritan y comienzan a correr sin sentido, pero nosotros estamos estáticos intentando concentrarnos en la situación que nos rodea, adicional a la noticia que acabamos de recibir.
—Tenemos que salir de aquí, Pauline. Ven —toma mi mano y sigo en automático sus pasos, ocultándonos tras un escritorio.
Estoy aterrada, por primera vez en mucho tiempo estoy aterrada, ahora temo por la vida del bebé que crece dentro de mí y la de Dussan. Tengo que calmarme y pensar de forma razonable para sacarnos a los tres de aquí y ponernos a salvo.
—¿Cuánto tienes de embarazo?
—No lo sé, me acaba de llegar el resultado y solo dice positivo.
—Está bien, tú tranquila. Nos pondremos a salvo y haremos que te revisen, pero no estarás sola, no los abandonaré.
No pude evitar derramar algunas lágrimas al escucharlo decir eso, creí que lo negaría o me abandonaría, pero aquí estaba dándole frente a esta situación en medio de un robo, atentado o lo que sea que ocurra, porque la verdad ni he tenido la cabeza para averiguar lo que ocurre.
—Mi auto no está lejos de aquí, intentaremos salir por la parte trasera, ¿entendido? —asentí, sintiéndome segura con él.
—Dussan, ¿en verdad lo aceptas? —acunó sus manos en mi rostro dándome un beso que lo dijo todo.
—Los acepto a los dos. Ahora vámonos, yo los protegeré.
Su mirada oscureció y ambos salimos dispuestos a protegernos sin importar nada más que la vida de nuestro hijo. Analicé la situación percatándome de que sí era un atentado y envié un mensaje a Nika, ella respondió diciendo que estaban en camino, pero que sí eran los culpables de los atentados previos. Con eso dicho, me puse al frente sacando mi lado más oscuro, mis armas e hice a un lado a Dussan, sacándolo de la zona de fuego en lo que yo disparaba a los sujetos que estaban en el lugar.
La situación empeoró cuando más hombres comenzaron a llegar, entrando en combate con los míos fuera del edificio. Fui hacia uno de los cuerpos retirando la escopeta y la lancé a Dussan, dándole una señal para que me siguiera, así hizo y seguimos nuestro camino, pero fuimos separados por la onda de una explosión fuera del edificio.
Todo comenzó a incendiarse, buscaba a Dussan con la mirada y lo encontré al otro lado de la sala. Otro mensaje llegó de Nika diciendo que por fin tenían el rostro y nombre del enemigo, envió primero el nombre (que ya sabía); la foto estaba cargando, pero no me hizo falta verla porque justo en ese momento escucho a alguien gritar en lo que entraba con otros hombres por la parte de atrás del edificio.
—¡Serik!
Vi cómo los hombres corrían a la vez que Dussan y yo corríamos hacia nosotros para ponernos a salvo juntos. Mi enemigo estaba en la sala, el padre de mi bebé estaba en la sala, pero rápidamente uno de los hombres quita su pasamontaña y toma a Dussan de los brazos impidiendo que viniera a mí, en lo que otros tomaron los míos haciendo lo mismo.
—¡¿Qué diablos haces, Serik?! ¡Tenemos que irnos! —dijo aquel hombre a Dussan.
—¡No me iré sin ella!
—¡No seas imbécil! ¡Ella es Victoria Romanov!
Mi mundo se había congelado al igual que el de él, lo sé porque en su cara lo vi reflejado, la sorpresa, el desconcierto… y el odio, todo el amor que alguna vez hubo en él se transformó en odio, pero al mismo tiempo hubo duda cuando me vio poner la mano en el vientre automáticamente al pensar en el gran problema que tenía conmigo, estaba embarazada de mi enemigo, una Romanov esperaba el hijo de un maldito infeliz que hizo mil atrocidades junto a su gente donde, a su vez, por poco pierdo la vida de personas importantes.
De pronto todo cambió, mi amor por él se extinguió, el fuego que alguna vez encendía con sus manos y su mirada, hoy se convertía en un putrefacto lodo que bañaba mi ser, era odio puro el que emanaba. Me libré del agarre de Nika y comencé a dispararles a él y sus hombres, por supuesto hubo respuesta de su lado obligándonos a ocultarnos, pero ahora solo quería una cosa: la cabeza de Serik en mi mano.
Corrí agachada entre escritorios para acercarme a ellos, di de baja a algunos y pronto me encontré con Serik de frente, quien estaba protegido por otros hombres, la mirada que emanábamos hacia el otro no era nada de lo que alguna vez fue, teníamos el mismo sentimiento de odio y asco, queríamos el mismo objetivo en el momento, pero seguía esa maldita incógnita: ¿Qué pasaría ahora con este bebé?
—¡Esto no se queda así, Victoria! ¡Y ten por seguro que volveré por MI hijo! —escupió con total odio, incrementando el mío ante su amenaza.
—¡Sobre mi cadáver tendrás a mi hijo, Serik! ¡Jamás dejaría su vida en manos de una escoria como tú! ¡Es un Romanov y crecerá siendo un Romanov!
Nuestros hombres comenzaron a disparar, una lluvia de balas recorría el lugar hasta que una granada fue lanzada sorpresivamente, obligándonos a alejarnos, pero otra onda nos separó siendo más fuerte que la anterior e impactándome contra la pared. El dolor en mi cuerpo era horrible, sentí un líquido deslizarse en mi cabeza y mis piernas y de nuevo el miedo se apoderó de mí al pensar en la vida de mi hijo, pero la última imagen que vi fue la de Serik saliendo del lugar, regalándome una última mirada, y a lo lejos, escuché nuevamente que amenazaba con volver para arrebatarme a mi hijo, entonces todo se oscureció a mi alrededor.