Pavlodar, Kazajistán – Mayo
Serik
Cada día se había convertido en un infierno para mí, no dejaba de recapitular en mi cabeza cuando Luzhin dijo que Pauline era Victoria, trayendo consigo una ola de furia y odio al descubrir que caí en su red como un imbécil y lo peor es que no había que ser un genio para saber que ese maldito perro de Morozov era el hombre que tanto había significado en su vida. Sin embargo, ese odio se convertía en confusión cuando recordaba la temblorosa voz de Victoria diciéndome que estaba embarazada y que ese hijo era mío, entonces era la imagen de mi familia la que aparecía para recordarme lo feliz que fui con ellos, e incluso con ella en medio de esa maldita mentira.
Me costó muchísimo salir del asombro después de que huimos aquel día, así como tampoco dejaba de pensar en qué había sido de Victoria tras la explosión, pues lo último que vi fue a ella desvaneciéndose en el suelo mientras yo le advertía que recuperaría a mi hijo, pero por mucho que odie el cómo ocurrieron las cosas, me jodía saber que la amaba, así como también me preocupaba su estado y aunque intenté buscarla, no di con ningún rastro de ella, Morozov o Karsimov y tampoco sirvió de nada el espía que teníamos porque ese inútil no sabía nada de lo ocurrido, lo que nos hizo pensar que quizás lo tenían en la mira.
Como llegó un punto en que no supe qué más hacer para dar con el paradero de ella, terminé por encerrarme en Sublime para intentar olvidarla entre cada par de piernas que se abrían ante mí, pero ella seguía presente en cada pensamiento que me asfixiaba a lo largo del día, así como también me torturaba su sonrisa en cada pesadilla.
—¿Dónde estás, Victoria? Dame al menos una maldita pista —susurré desesperado al vacío, bebí de golpe y arrojé el vaso contra la pared.
—Señor, su encargo está listo. Sígame por favor —avisó una host, y le seguí el paso—. ¿Desea que le traiga algo? —su pregunta me sacó de mis pensamientos y me percaté de que estábamos afuera de la habitación designada, entonces negué—. Disfrute su pedido.
Ella partió, yo cerré los ojos e ingresé con un profundo suspiro para intentar perderme con la siguiente golfa que no me molesté en ver, pues solo quería desnudarme y follarla para olvidar.
—Pareces agotado.
—Tengo la fuerza suficiente para follarte, solo necesito que mantengas la boca cerrada —solté déspota mientras aseguraba la puerta, pero la mujer rio divertida.
—Dudo que quieras eso de mí —ella se apoyó en el escritorio, dándome la cara, y me petrifiqué al reconocer ese rostro.
—¿Tú?
—El fantasma de las navidades pasadas —la maldita arrogancia de Ragnar Wintar hirvió mi sangre en un segundo—. ¿Cómo has estado, Serik? Diría que bien por tu físico, pero esos ojos no son los de un hombre que ha conseguido la victoria, aunque, considerando tu posición, muchos dirían que sí la obtuviste, pues fue MI Victoria la que quedó en tus manos.
—Ni creas que saldrás viva de aquí.
—No te molestes en avisar —advirtió en cuanto saqué el móvil—, pero si deseas llamar a tus hombres, adelante, igual este lugar está abarrotado de personas que me tienen más lealtad que a ti.
—No es cierto.
—Si no tuvieras la mente distraída en otras cosas, te habrías dado cuenta de las veces que pasé a tu lado a lo largo de estas horas, pero descuida, no vine a pelear.
—Claro que no, tu estilo es aniquilar todo lo hay a tu paso, como hiciste con mi familia.
—Tú, que has estado varios años en este oficio, deberías saber que en este mundo es vivir o morir, aunque no te habríamos atacado a ti y a tu madre de saber que estaban en casa —bufé fastidiado.
—¿Me dirás ahora que tienes principios? No me hagas reír.
—No vine a justificarme por el pasado, aunque sé que ese es tu móvil para hacer lo que haces.
—¿Viniste a interceder en nombre de tu hija por habérmela follado? Porque ella accedió gustosa.
—No lo dudo, pero ya dije que no vine a pelear ni a asesinarte, aunque bien podría hacerlo y evitarme mil problemas.
—Me encantaría decir lo mismo, pero mentiría.
Corrí hacia ella queriendo masacrarla a golpes, pero en dos movimientos de muñeca me dejó en el suelo al flagelarme con un látigo metálico que impactó en mis piernas y el pecho, dejándome de rodillas. Intenté irme de nuevo contra ella, pero al menos quince punteros laser estaban en mi dirección aun cuando no podía ver a los tiradores.
—Sé más inteligente y menos impulsivo, Serik Ivanov, así vivirás otro día para vengarte o para cambiar tu destino.
—¿Ahora predicas la palabra? ¡No seas hipócrita! —escupí furioso—. ¡Puedes decirles a tus guardias, al perro de Morozov y hasta al mismísimo Romanov que vengan a ayudarte, porque lo último que verás serán mis manos en tu cuello!
—Esta reunión la desconoce toda mi familia, incluso Nicolay, así que te sugiero escuchar con mucha atención —no sabía cómo o por qué, pero algo dentro de mí me decía que era verdad, aun así, ella impactó dos veces más el látigo en mí, evitando que me levantase—. Solo por hoy se te ha concedido una audiencia exclusiva con la emperatriz de los Romanov, así que escucha con atención lo que diré —advirtió con mayor firmeza.
—¿Qué demonios quieres?
—El bebé que yace en el vientre de mi hija sigue con vida, ya tiene seis meses y es tan fuerte como su madre, pero tú debes tomar una decisión sobre qué quieres hacer al respecto.
—No entiendo. ¿Por qué me dices esto?
—Podrías tener un arreglo con nosotros si decides estar en la vida de ese bebé, o puedes estar en contra de mi familia y continuar esta guerra.
—Nada bueno podría salir de un arreglo con ustedes, pero una cosa sí te advierto, Wintar, recuperaré a mi hijo y destruiré a toda tu familia, te arrebataré hasta el último integrante como tú y tu gente me arrebataron lo que amaba.
—No esperaba menos de ti, Serik, y aunque comprendo por qué le agradaste a mi hija, eso no quiere decir que te perdone por haberla engañado y menos por todo lo que nos hiciste.
—¿Engañado? Yo diría que fue ella quien se armó ese plan a la perfección, aunque sigo sin saber por qué no me asesinó al comienzo cuando sabía quién era yo, pero no importa, la próxima vez que la vea no le daré ventaja —ella ladeó sus labios en una indescifrable sonrisa que me heló la sangre, aunque no lo demostré.
—¿Sabes? Si tu padre hubiese querido manejar sus negocios de manera independiente, nosotros no nos habríamos molestado, pero la traición se paga caro y él quiso unirse a nuestros enemigos para destruirnos.
—Mentira.
—Él cayó por sus decisiones, así que aprende de tu padre y evita cometer sus errores, en especial ahora que hay un bebé en camino, así como lo estuvieron tú y tu hermano menor años atrás. Piénsalo —con otro latigazo me distrajo y se desplazó hacia la puerta.
—¡Wintar! —sus pasos se detuvieron detrás de mí—. ¿Por qué me ofreces una alianza si sabes lo que hice?
—No es una alianza, es una zona neutra para que conozcas mejor tu panorama. Llámalo “ventaja”, si así lo quieres.
—¿Por qué?
—Porque acabo de comprobar que tenía razón. Mi hija y tú desconocían la identidad del otro y, por ende, todo lo que vivieron fue real, tanto lo bueno como lo malo.
—Eso no cambia la realidad de nuestras vidas ni nuestros orígenes.
—Es cierto, el pasado no se puede cambiar, pero podemos tomar mejores decisiones para el futuro, en especial cuando una nueva vida depende de nosotros.
—Dime una cosa más —solicité al escuchar que giraba el pomo—. ¿El bebé salió afectado por la explosión?
—Vicky tiene un embarazo de alto riesgo, pero ese bebé está creciendo cada día más, demostrándonos que tiene muchas ganas de vivir.
—Y-Y ella… ¿Qué ha dicho de mí? —pregunté temeroso.
—Desea aniquilarte con todas sus fuerzas, pero descuida, Aleksei cuida bien de ambos y se asegura de calmar su sed de venganza por ahora.
La sangre me hirvió de nuevo al saber que ese maldito perro estaba con Victoria y mi hijo, pero no pude hacer nada contra Ragnar y menos porque me revolvía las entrañas y los pensamientos solo de imaginarlo a Morozov con Victoria. Para cuando reaccioné, me resultó extraño que todavía me apuntaban a pesar de que Wintar ya se había marchado, así que me arrojé a un lado de la cama y lancé la lámpara a uno de ellos, pero me di cuenta de que esto había sido un montaje. La muy cínica había organizados unos punteros que seguro manejaba con algún control que no vi, consiguiendo engañarme.
—Excelente el plan, Wintar, pero te acabaré la próxima vez que te vea.
Arrojé furioso los punteros y destruí el resto de la habitación al sentirme derrotado y humillado por caer en su trampa, pero más en sus palabras que despertaron mil incógnitas y dudas que me martillaban más que mis pesadillas.