07 de julio
Aleksei
Ingresé sigiloso a la habitación, todavía estaba muy temprano y nadie se había despertado, o por lo menos no habían salido de sus recámaras, aunque poco o nada me importaba eso pues tenía la oportunidad de estar con Vicky mientras dormía tranquila. A decir verdad, estos últimos meses fueron una terrible odisea, ya que siguió de necia porque no quería estar en cama y debimos mantenerla con calmantes que apenas le permitían estar sentada, así evitaríamos otro aborto. Sin embargo, eran estos momentos los que más me encantaban porque no discutía con Vicky, sino que tenía un tiempo de tranquilidad para hablar con la bebé, quien se movía bastante cuando escuchaba mi voz y más parecía gustarle cuando le contaba anécdotas alegres sobre su familia. Quizás suene tonto de mi parte y más el encariñarme con una bebé que no es mía ni había visto como tal, pero ya me tenía cautivo.
—Hola, mi pequeña —murmuré suave para no despertar a la fiera—, ¿dormiste bien o estuviste tan traviesa como tu madre? —acaricié el vientre sintiendo cómo se movía la bebé—. ¿Sabes? Anoche por fin terminé el abrigo y la manta que te hice, me costó mucho aprender a tejer con gancho, pero tu abuela Livi me enseñó bien y ya puedo hacerte varias cosas que te gustarán. También aprendí de ella y tu abuela Ragnar a cocinar más cosas que te encantarán, tengo las recetas de las compotas que te prepararé para que crezcas fuerte como mamá.
De nuevo ella se movió y su manita se dibujó con claridad en la piel, lo que hizo mover un poco a Vicky, aunque no despertó, entonces me incliné para besar esas huellitas mientras la imaginaba acariciando mi barba, como lo hizo Mijaíl en la primavera.
—No imaginas lo mucho que ansío verte, sé que tu mamá ha dicho hasta el cansancio que no soy tu padre, pero no por eso dejaré de cuidarte y menos porque tu abuelo Nick me da el permiso de hacerlo. Por cierto, no tienes nada de qué preocuparte, él volverá hoy con muchos regalos para ti y este mes es posible que se quede con nosotros ya que no quiere perderse tu nacimiento, incluso estamos preparando la casa para la llegada de la enorme familia que te espera, porque algo me dice que tú y tu primo Mijaíl tendrán todas las atenciones en lo que resta del año y aunque todavía te falte un mes para salir, la verdad no quisiera que nacieras todavía —suspiré decaído e hice círculos en la manito de ella—. Ya sé que es contradictorio, pero siento que si te quedas ahí estarás más segura, y al mismo tiempo creo que no porque tu mamá está cada vez más insoportable, aunque no debes sentirte mal, es solo que ella está triste, pero quizás cuando te vea pueda enamorarse más de ti y se olvide de tantas tonterías.
—N-No son tonterías, aunque sí tienes razón en algo.
—Vicky… —me aparté nervioso al ella despertarse— Lo siento, n-no quise… ¿Llevas mucho despierta?
—Desde que le dijiste que yo estaba insoportable —parecía dolorida, y no es para menos, aunque eso no evitó que me sonriera a medias—. Yo también quiero que nazca ya para darle caza a Serik y terminar esta pesadilla.
—Tu hija está a un mes de nacer ¿y no tienes nada más en mente que no sea ese sujeto? —reclamé afligido y más porque la bebé recogió su mano, como si se escondiera para no escucharnos discutir otra vez.
—Sabes que no olvidaré lo que me hizo ese infeliz y menos al amenazarme con quitarme a mi hija. Lo único que me tiene tranquila es que no puede encontrarme aquí.
—Entonces olvídalo. No le has dedicado ni un solo día a tu hija, solo te quejas, gritas y arrojas cosas a todos en vez de hablarle y disfrutar tu embarazo.
—¡¿Cómo disfrutaré esto si ella está al borde de la muerte por culpa de él?! —exclamó ofuscada.
—Primero, te calmas que no ha salido el sol y ya estás con gritos cuando sabes que eso te sube la presión. Segundo, tu salud no es culpa de él, es tuya por no mantenerte tranquila.
—¿Ahora lo defiendes? —cuestionó ofendida, pero yo, como siempre, solo respiré para no descargarle todo lo que me he guardado.
—No lo defiendo, jamás lo defenderé, pero entiende que tu salud es tu responsabilidad, él solo es culpable de los crímenes que ha cometido y de engendrar a esta bebé contigo, porque él solo no hizo ese trabajo.
—Sí, ya sé que es mi culpa por acostarme con el enemigo, no tienes que echármelo en cara —me incliné hacia ella, haciéndola retroceder, pues estaba dispuesta a levantarse.
—Te calmas o te calmo —advertí a gélida voz—. Mi paciencia tiene un límite y lo único que me mantiene ahí es esa bebita, pero en cuanto nazca, te sugiero que recapacites, te enfoques en tu hija y, si tanto lo deseas, te soltaré todas tus verdades, pero por ahora necesito que te calmes por el bien de ella.
—Bien, me calmo —soltó de mala gana, intentando acomodarse, pero no podía moverse bien por la incomodidad—. ¡Al menos ayúdame ¿no?!
—Que estés de malas no significa que no puedas pedir el favor.
—Por favor, ayúdame. ¿Feliz?
—No me gusta tu sarcasmo de mierda, pero, en fin, sostente —la cargué lo suficiente para acomodarla mejor, pero un suave chillido me puso nervioso—. ¿Qué pasa?
—Me duele.
—Llamaré a Ragnar.
—No, no es nada —la acomodé enseguida y di aviso a Ragnar—. Te dije que no era necesario.
—No voy a arriesgarme —comencé a examinarla tal como me enseñó David—. ¿En dónde tienes el dolor?
—En… ¡Ahhg! —sus uñas se enterraron en mi brazo como nunca antes. En verdad estaba sufriendo—. No puede nacer todavía, Alek, es pronto y el octavo mes es peligroso para un bebé —soltó preocupada.
—Lo sé, solo haz los ejercicios de respiración conmigo —los hice con ella a pesar del dolor que me producía en el pecho, pero una inesperada llamada de Nika me puso nervioso—. Sigue los ejercicios, de pronto es el estrés lo que te puso así —me aparté lo suficiente y contesté—. ¿Qué ocurre? ¿Por qué llamas a esta hora?
—Alek, Nicolay sufrió un ataque. Al parecer Serik supo que viajaría hoy y le pusieron una bomba a uno de los vehículos.
—¡¿Qué le pasó a mi padre?! ¡¿Está bien?! —gritó Vicky desesperada. Parece que su oído se agudizó y la muy tramposa no dijo nada en este tiempo.
—¡¿Por qué me contestas con ella al lado?!
—¡No la tengo al lado y mejor responde lo que ella preguntó!
—¡No me grites!
—¡Ya díganme ¿qué le pasó a mi padre?! —Vicky comenzó a retorcerse por el dolor y un grito más fuerte la hizo aferrarse de nuevo a las sábanas, por suerte Ragnar llegó a atenderla.
—Quédate con ella, necesito saber qué pasó con Nicolay —pedí a Ragnar.
—¡No, Alek, necesito saber qué le pasó a mi padre!
Dejé que madre e hija se enfrascaran en una discusión en lo que yo salí al pasillo con los nervios de punta.
—¿Qué ocurrió, Nika?
—Lo que te dije. En cuanto recibimos la señal de su móvil comenzamos a movilizarnos y estamos a minutos de llegar a la zona.
—Equípate bien, enviaré a más hombres y prepararé un hospital en caso de ser necesario.
—Descuida, vamos bien armados —Togo ladró furioso al otro lado, dándome un inmensa alegría y tranquilidad.
—Ese perro es una locura.
—¡Lo sé! Mi cariñito es lo mejor que pudo pasarme.
—No lo dudo. Solo te pido que se mantengan a salvo, yo me aseguraré de que Vicky esté bien y en cuanto pueda viajaré por ustedes. No quiero que permanezcas más tiempo en Rusia.
—¿Y qué haremos con la organización?
—Por ahora los quiero a salvo, después hablaré con Ragnar y Nicolay para saber cómo proceder, pero al final será su decisión.
—Alek, ¿no parece extraño que todavía no acaben con ellos? Comprendo que nosotros no los encontráramos por ese enredo, pero ellos…
—Sus razones tendrán —otro grito de Vicky me alertó—. Te dejo, creo que la situación se complicó acá. Avísame si necesitan algo.
Colgué y volví a la habitación en el acto, a lo que David y la enfermera ingresaron detrás de mí para atender a Vicky.
—¡¿Cómo está mi padre, Alek?!
—Nika está llegando para ayudarlo, pero está bien.
—Mientes, lo s-sé… —comentó más preocupada que antes, aunque su dolor era lo que más me ponía nervioso, en especial por la bebé
—Eso no importa, mi niña. Deja que Nika se encargue de Nicolay, tú debes enfocarte en tu hija.
—¿Qué pasa? ¿Otra alerta de aborto? —pregunté preocupado, sin dejar de imaginar que la sangre podría recorrer sus piernas en cualquier momento.
—No, está en labor de parto.
—¡No, mamá, todavía no puedo dar a luz, quiero que papá esté aquí! —otro grito de dolor interrumpió a Vicky, dejando mi corazón al límite y más con esa noticia—. ¡Maldito seas, Serik, juro que me pagarás todo esto!
—¡Suficiente, Vicky! —intervine estresado, tomando su mano—. ¡Este no es momento de pensar en él, tu hija está a punto de nacer y debes enfocarte en ella!
—No lo haré, no tendré a mi hija sin mi padre al lado, Alek. Quedamos en que ustedes estarían conmigo cuando ella naciera.
—Me vas a enloquecer con tantas contradicciones —nerviosas sonrisas salían de nosotros dos, aunque no podía negar que me alegraba saber que todavía me quería a su lado.
—Por favor, Alek, quiero a mi padre y a ti conmigo, ustedes son mi fortaleza —suplicó entre lágrimas.
—No te preocupes, me aseguraré traerlo lo antes posible y Nika será quien lo escolte con Togo, pero necesito que te enfoques en traer a esa pequeñita y sigas las indicaciones.
—No se preocupen, Nick llegará en una o dos horas —intervino Rag, tras inyectarle algo a Vicky—. Él descubrió horas atrás que le harían un atentado y fue a la boca del lobo para atrapar a Serik, así que es posible que maten a dos pájaros de un tiro. Y lo mejor es que tú todavía no estás del todo dilatada, así que tu padre llegará a tiempo.
—¿No me estás mintiendo?
—No lo hace —respondí por Ragnar, consiguiendo la atención de Vicky—. Yo iré por tu padre al hangar y llegaremos a tiempo para recibir a la bebé.
—¡No te vayas! Quédate aquí —sujeté fuerte sus manos al aferrarse a mí—. S-Si algo me pasa, quiero que…
—No pasará nada malo, solo respira conmigo y piensa que pronto tu padre llegará, tendrás a esa hermosa bebé en tus brazos y una nueva etapa comenzará en tu vida.
(…)
A lo largo de esas horas me costó calmar a Vicky en medio del dolor que ambos sentíamos, pues mi pecho me mataba por los ejercicios de respiración que hicimos, aunque no quise decírselo y tampoco lo demostré para no alertar a nadie, lo bueno fue que Nicolay llegó justo cuando la niña comenzaba a salir. Quizás ella también esperaba a su abuelo y ahora que él estaba con nosotros sano y salvo, o al menos con heridas menores, pudimos intervenir a Vicky en una cesárea, entonces, cuando escuchamos ese llanto, Nicolay y yo sujetamos nuestras manos con fuerza, sin soltar a su vez las de Vicky, y ambos terminamos llorando por la inmensa felicidad que no nos quitaba nadie.
Todo me parecía un sueño y más cuando dejaron a la bebé en el pecho de Vicky para que la viésemos los tres, aunque la sorpresa fue mayor cuando la doctora dejó las tijeras en manos de Nicolay y él me las entregó.
—Te lo ganaste, hijo —Vicky me sonrió con una enorme ilusión y corté el cordón, entonces una diminuta manito se posó sobre la mía y sujetó mi dedo con todas sus fuerzas.
—Hola, mi pequeñita. Sabía que tenías ganas de salir, pero pudiste esperar un poquito más —era tan surreal verla y más el sentirla. Horas atrás la acariciaba sobre el vientre de su madre y ahora sujetamos nuestras manos.
A pesar del maravilloso momento, era tan grande mi felicidad y como la tristeza, pues salí de la habitación hecho un mar de lágrimas (en cuanto se llevaron a la bebé para examinarla) y golpeé la pared con toda la fuerza que había contenido estos meses. Los nudillos me sangraban, pero nada superaba el dolor en mi corazón al saber que ahora no podría estar con ella, porque sí, esa bebé se robó mi corazón y sería cuestión de tiempo para que Vicky me aleje de su vida.
(…)
No sé cuánto tiempo pasó, pero levanté mi rostro al posarse una mano en mi hombro, dándome cuenta de que me había dormido al final del pasillo después de tanto llorar y golpear la pared, siendo Nicolay quien vino por mí.
—Ven conmigo —ordenó con neutra voz.
—No, c-creo que debería irme y…
—No fue una petición.
Resignado, fui con él a la habitación donde se encontraba Vicky bajo sábanas limpias, se le veía muy agotada, pero en cuanto trajeron a la pequeñita en la incubadora, ella se sentó ansiosa, Ragnar se la entregó con el mayor cuidado, Nicolay se sentó en la cama y yo me acerqué lo suficiente para verlas juntas por mucho que me doliese.
—¿Ya tienes un nombre? —preguntó Nicolay con una dicha que no le quitaba nadie.
—Sí, papá, su nombre es Iryna —una nostálgica sonrisa brotó en mí al saber que ella siempre quiso una hija con ese nombre—. Te prometo, mi niña, que jamás te daré el apellido Ivanov, aun cuando su sangre corra también por tus venas —Vicky levantó su adusto semblante hacia Ragnar—. Por favor, regístrenla de inmediato con el apellido Romanov y resguárdenla aquí.
—Vicky…
—Ahora que ha nacido, buscaré a Serik y lo asesinaré. No viviré con el miedo de que la lastime o me la quite.
No era para menos la preocupación de sus padres, aunque mayor era mi decepción al ver cómo ella arruinaba un momento tan especial por pensar en ese malnacido.