Aleksei
Hace solo un par de semanas que había nacido Iryna y, contra todo pronóstico, el ser prematura no fue ningún problema para ella ya que se desarrolló muy rápido, sus pulmones son fuertes, duerme mucho y come bien, el único inconveniente es que no ha estado tan unida a su madre pues Vicky sigue empeñada en recuperarse rápido para buscar a Ivanov. Al principio no quisimos presionarla porque seguía nerviosa al enterarse del atentado contra Nicolay y como él se quedó acompañándola y llevándole a su hija de vez en cuando para asegurarle de que todo estaba bien, pese a las heridas que tenía, Vicky no cambió demasiado sus ideales, pero hizo un esfuerzo por volver a caminar y ejercitarse después de tantos meses en cama.
En aras de intentar unirlas, ingresé a su habitación, donde estaba la pequeñita gimoteando en la cuna, se notaba fastidiada y me le acerqué para saber qué le pasaba.
—¿Le cambiaste el pañal?
—Mi padre lo hizo hace poco —respondió Vicky indiferente sin dejar de hacer sus estiramientos.
—¿Recién despierta?
—Supongo, no lo sé.
—¿Le diste de comer?
—¡No, Alek, no le di de comer, estoy ocupada intentando recuperar mi vida!
A veces no sé si maldecir las secuelas que me dejó Serik o agradecerle por ello para no desquitarme con Vicky, pero respiré profundo como siempre y le llevé a la pequeña.
—Entiende una cosa, no estás recuperada físicamente para enfrentarte a nadie, solo serías una presa fácil y no creo que quieras quedar a merced de Ivanov —ella exhaló frustrada y detuvo su calentamiento—. Solo son seis meses, Vicky, deja que tu cuerpo sane como corresponde, aliméntate bien y verás cómo vuelves a tus actividades, pero no te desesperes o será peor para ti.
—Es difícil quedarme quieta cuando llevo tanto tiempo en cama.
—Lo comprendo bien, pero tu hija te necesita y al menos puedes brindarle seis meses de tu seguridad y tu calor —la extendí un poco para que la tomase, pero ella apenas podía verla—. No la rechaces, es tu hija y tú fuiste quien decidió continuar este camino.
—¿Crees que debí abortarla cuando tuve la oportunidad?
¿Cómo hago para no sufrir cuando su lengua es más filosa que un cuchillo…?
—¿Te arrepientes de tenerla?
—No es arrepentimiento, pero no sé cómo sentirme al saber que es hija de Serik, es una hija no deseada.
—Cierto, nadie pidió traerla, pero tú decidiste darle la vida y ya está con nosotros. ¿Le darás la espalda a tu propia hija? —no hubo respuesta más que la duda—. Lo pondré de esta forma: ¿Tus padres te habrían dado la espalda si fueses hija del enemigo?
—No… —murmuró sollozante y cayó derrotada en la cama, así que me senté comprensivo a su lado— Cárgala, dile cuánto la amas y permite que se alimente de ti, que sepa que en tu seno está segura y hay mucho amor para ella.
Esta vez la cargó, estaba nerviosa, pero una sonrisa se dibujó en sus labios al conectar su mirada con la de Iryna.
—Es preciosa.
—Tan bella como su madre y una digna Romanov-Wintar.
La pequeña comenzó a incomodarse, quizás el hambre le ganaba, pero no quise insistirle a Vicky para que se diera cuenta por sí misma, entonces la bebé comenzó a llorar.
—Tranquila, mi niña, todo está bien, estás con mamá —pasó su atención de la bebé a mí—. De acuerdo, descansaré y después entrenaré.
—¿Y qué pasará con Iryna?
—La acompañaré tanto como pueda. Quiero que seamos inseparables para que nunca tenga que pensar en ese infeliz.
—¿Sabes? Tal vez podría tener hambre —comenté con tiento para hacerla cambiar de pensamiento.
—Tienes razón —dijo risueña, y le hizo algunas caras graciosas a la pequeñita—. Tranquila, mi amor, mamá se asegurará de que crezcas grande y fuerte para que ningún idiota te rompa el corazón —empuñé mi mano intentando contenerme, obvio sin que ella se diera cuenta—. Ya verás todo lo que te enseñaré y cuando acabe con el idiota de Serik, nadie nos separará, te lo prometo, lo haré sufrir hasta arrepentirse.
—¡Suficiente con eso! —vociferé en mi límite, y la bebé lloró con intensidad—. ¡Intento que tengas un acercamiento con tu hija y tú no dejas de hablarle de él y tu sed de venganza! ¿No tienes nada más en la cabeza?
—¡Por ese idiota estamos aquí y no dejaré que mi hija lo conozca!
—Nos hiciste pasar un infierno durante el embarazo, pero no dejaré que sigas jodiendo a Iryna con tus estupideces —le arrebaté con cuidado a la niña y me alejé.
—¡Devuélvemela, es mi hija!
—¡Ella no necesita las tóxicas estupideces de una chiquilla dolida, necesita a su madre!
—¡Y aquí me tiene!
—¡Entonces actúa como una madre y no como una ex novia resentida! ¡Madura ya! —le di la espalda en un intento por salir, pero Vicky comenzó a golpear mi espalda.
—¡Dámela, Aleksei, ella es mi hija no tuya!
—¡NO MÁS, VICTORIA! —la bebé lloró desesperada; Vicky retrocedió dolida, temblaba; pero la mayor decepción era lo que se marcaba en mí en tan profundo resentimiento—. Sé bien que esta niña no es mía ni lleva mi sangre, pero la protegeré de todo peligro, incluso de ti si es necesario, así que si te atreves a golpearme otra vez mientras tenga a tu hija en brazos, juro que le diré a Ragnar y veremos cuánto te permitirá quedarte con ella, porque sabes bien que esa mujer no tolera el abuso en un infante y menos si se trata de su familia.
—N-No lo harías… —retrocedió nerviosa un par de pasos.
—Pruébame —le di la peor cara que tengo, una que solo reflejé a mis enemigos—. Dame un golpe más y te demostraré de lo que soy capaz, así que piénsalo dos veces. O mejor usa estos meses para recapacitar y replantear tus prioridades, porque esta niña no se irá de tu vida ni cambiará las cagadas que te mandaste con Ivanov.
No me quedé a escuchar su respuesta, sino que salí endiablado a mi habitación, donde ya tenía preparada una cómoda y una cuna para la bebé. Le hice su biberón y la alimenté con lágrimas en los ojos al ver cuán bajo había caído la mujer que tanto amé.
—No te preocupes, amor, yo te cuidaré —dije a la pequeña, que comía encantada en mis brazos—. Sé que solo has escuchado gritos de mamá, pero debes entender que ella tiene mucho dolor en el corazón, por eso debemos ser muy pacientes y esperar a que mejore, pero ella te ama muchísimo, te lo aseguro.
Es increíble cómo una pequeña vida me brinda tanta alegría y calma con su existencia, pues Iryna tenía la costumbre de poner su mano sobre la mía cuando me le acercaba, incluso buscaba mi tacto al darle de comer. De alguna forma era como si le diera la seguridad al saber que estaba conmigo, o quizás mis ridículos pensamientos generaban erróneas ideas, bellas eso sí, pero erróneas.
—Dime la verdad, ¿tanto te gusta tocar esta tosca piel? —acaricié su manito, ella pataleó feliz y movió sus deditos queriendo aferrarse a mí, lo que enalteció mi corazón—. Me meterás en muchos problemas si sigues con esos gestos.
De pronto comenzó a ahogarse, le aparté el biberón para acomodarla mejor y sacarle los gases, ella soltó todo sin problema, pero seguía desesperada, entonces la acerqué al centro de mi pecho y dejé mi dedo a su alcance, ella lo sujetó fuerte consiguiendo calmarse y acomodó su cabecita sobre mi hombro.
—¿Por qué tienes que ser tan bella y tan pequeñita? —pregunté a tierna voz, sin dejar de arrullarla—. ¿Sabes? Recuerdo que tu abuelo siempre le cantaba una canción de cuna a tu mamá y tu tía. No tengo la mejor voz, pero si quieres puedo intentarlo, solo no le cuentes a nadie ¿sí? —aparté un poco mi rostro para verla mejor y besé su mejilla—. Guárdame el secreto…
Con cada paso que daba en mi habitación, le cantaba a Iryna mientras recordaba las veces que escuché a escondidas a Nicolay. A él siempre le avergonzaba que alguien diferente a sus hijas lo escuchase, pero a mí me encantaba saber su secreto porque me hacía sentir más cerca de ellos y que esta misma canción le brindara calma a la bebé, le daba un mayor significado en mi vida.
Aunque al final Iryna no se durmió, sí estaba tranquila y todavía sujeta a mi dedo, lo más curioso fue cuando nos vi en el espejo pues ella se veía tan perdida bajo mi extensa cabellera, que me causó mucha gracia.
—Quizás debería cortarme la barba, no quiero que te lastime.
—Sería un desperdicio —sentí que mi corazón se saldría al escuchar a Ethan detrás de mí y lo peor es que casi suelto a Iryna, pero creo que la lastimé al aferrarla a mi pecho ya que empezó a llorar—. Lo siento, no quise asustarlos. ¿Puedo pasar?
—¿Por qué no tocaste?
—Dejaste la puerta abierta y parecías embelesado en el espejo —respondió con cierta travesura que me avergonzó un poco, y le permití ingresar—. Mamá me pidió informarte que mañana te llenarían la pipa de oxígeno, así que evita estresarte.
—Gracias, lo intentaré.
—Igual no te preocupes, sabes que, de ser necesario, puedes usar la que tenemos en la enfermería.
—Lo tendré en cuenta. Por cierto, ¿por qué dijiste que sería un desperdicio cortarme la barba?
—Mamá dice que te ves bien con ella, de hecho, todas las chicas lo dicen y algo me dice que también le gusta a Iryna, pero sí te sugiero ser más cuidadoso con la higiene para evitarle un sarpullido.
—Lo haré, no te preocupes. Aunque podría recortarla un poco para que no la sofoque tanto cabello.
—Como quieras, aunque en eso es mejor que te guie el tío Nick o mamá, ellos tienen más experiencia.
—Les diré después. ¿Y solo viniste a decirme lo de la pipa?
—También quería estar con mi sobrina, pero escuché la discusión que tuviste con mi hermana y quise esperar a que te calmaras.
—Lo lamento, no debiste presenciar eso.
—Descuida, he escuchado cosas peores dentro y fuera de esta casa, y no creo que algo le gane a cuando vi a mamá medio muerta y colgada en ese sótano.
Eso es algo que siempre le admiré a él y a David, pues aun cuando solo tenían ocho y doce años (en el momento del rescate), fueron capaces de enfrentarse a muchos obstáculos con tal de salvar a su madre, ya que gracias a ellos consiguieron encontrarla a tiempo. Sin embargo, no creo que escucharme discutir con su hermana sea bueno para él.
—¿Te gustaría cargarla? —sugerí fraternal.
—Bastará con sentarnos. Se le ve muy cómoda contigo.
—¡Vamos, inténtalo! Es bueno que Iryna reconozca el calor de su hogar.
Fuimos al sofá y le expliqué cómo sostenerla, él lo hacía excelente, aunque no aparté mis manos por si acaso.
—Gracias.
—Descuida, no es difícil y aprendes rápido.
—No me refiero a eso —sus ojos quedaron fijos en mí con un profundo sentimiento—. Gracias por cuidar de mi hermana a pesar de que fue muy cruel contigo en estos meses, no merecías sus gritos ni los golpes y aun así no la abandonaste.
—Amo demasiado a Vicky, pero ahora Iryna me necesita más que su madre.
—A ella no le faltará nada al ser una integrante de esta familia, lo sabes, pero igual decides quedarte —la sinceridad de su sonrisa me conmovió al igual que sus palabras—. Gracias, Aleksei, eres un hombre honorable. Ahora comprendo por qué el tío Nick te tiene en ese concepto.
—¿Cuál concepto?
—Es un secreto —guiñó con la misma malicia que lo hace su madre, besó a la bebé en la frente y me la devolvió—. La dejo en excelentes manos. Cuida bien a mi sobrina.
No sé con exactitud qué pretendía Ethan al venir, pero de alguna forma me ayudó a recuperar la confianza que había perdido sin darme cuenta.