31. CAPRICHOS IZQUIERDOS

2065 Words
Serik Si cuando estuvimos con las hermanas creí que le daría una buena lección a esta mujer, esta vez quería que en verdad sintiera lo mismo que yo, así que hablé con una pareja en el salón, ambos accedieron a ayudarme en mi plan y el susodicho se quedó en una habitación oculta donde presenciaría el acto que tendríamos su esposa y yo con Pauline. Al abrir la habitación, mi chica estaba sumergida en sus pensamientos mientras bebía un vodka y veía un enorme retrato del Palacio de Mariinski, entonces sus brillantes ojos miel se posaron en nosotros. —Descuida, él vendrá después, pero primero nos divertiremos para alentarlo —comenté seguro antes de que me reclamara, pero comprendió enseguida que él estaba de espectador. —¿Y cómo lo convenceremos? —preguntó intrigada, analizando a nuestra acompañante—. ¿Tu esposo desea algo en especial? —A él siempre le han gustado las sorpresas, eso es lo que pone duro. Como la mujer ya sabía lo que pasaría, se dejó llevar por mí hasta la cama donde la até de las muñecas y los tobillos con ayuda de Pauline, quien previamente la desnudó entre caricias y un par de nalgadas que resonaron gustosas en la habitación. Con la primera adquisición expectante a la par de su cónyuge, terminé de desnudar a Pauline y le esposé las muñecas con unos grilletes gruesos, le introduje un pequeño vibrador en el culo y por unos minutos le hice creer que le daría el mayor placer de su vida, pero en vez de eso, la dejé en el olvido y le di mi mayor atención y dedicación a la esposa. La mujer no dudó en entregarme primero el culo, mismo que levantó como la buena perra que es y yo encantando la escupí, me forré y la penetré como si se tratara de Pauline ya que, después de tantos encuentros, aprendí que ella da más de sí cuando sabe que mi atención y sentimientos están a su entera disposición. En los cambios de posición y en sutiles besos que repartía en la esposa, me llenaba el ego con el dolor y la furia que padecía Pauline en su abandono, pues no era tonta y sabía que este era mi desquite, pero no el acto principal. Cuando terminé con la mujer, dándole un exquisito beso que la hizo jadear, me levanté de la cama listo para darle mi lección a esa niñita caprichosa que guardaba una pequeña esperanza, mas esta se disipó en cuanto la liberé de la cadena que la mantenía atada a la pared, dejé las esposas en sus muñecas y la arrojé a la cama como el pedazo de carne más insignificante. Ansioso, arrojé el vibrador y puse otro condón dispuesto a follarle el culo, pero ella se movió a tiempo para que la penetrara sin delicadeza alguna por el otro orificio. Obvio no era para compenetrarme con ella y menos para generarle placer, sino que en verdad deseaba lastimarla, anhelaba que comprendiera cómo me sentía. Sin embargo, Pauline no gimió de placer, apenas jadeaba mientras intentaba liberarse de mi agarre, pero no la dejé, no la solté, solo la penetré hasta que la sangre marcó su bella piel, entonces la cima de mi placer llegó y salí de ella rápidamente, la dejé bocarriba y retiré el preservativo para derramarme en su cara con una soberbia que no me molesté en ocultar, misma que me hizo abofetear su rostro bañado de mi semen, pero todavía tenía un poco más por desfogar, así que enfoqué las fuerzas que me quedaban y me adentré en su coño de golpe sin pensar en nada más. —Quítate —ordenó entre dientes, pero no obedecí, sino que abofeteé más fuerte su cara. De un tiro atraje a la otra mujer y la senté sobre el abdomen de Pauline, así, en lo que yo seguía dándole una lección a ella, masturbé a la esposa al punto de llevarla a otro orgasmo, pero no solo eso, sino que estaba dispuesto a más. —Orínala —susurré a la esposa. Aceleré mis movimientos en su coño y ella se retorció sobre Pauline. En menos de lo que imaginé una lluvia doraba bañó el rostro a Pauline, la penetré colérico sin dejar de abofetearla y cuando estaba a punto de derramarme en su interior, besé a la esposa mientras la llevaba a otro orgasmo que la hizo orinarse de nuevo sobre Pauline, quien tosía desesperada. Creí que en ese momento podríamos disfrutar de verdad, creí que con esto cambiaría de parecer, pero el semblante que se marcaba en ella con cada penetración me hizo saber que la había cagado y más cuando vi una lágrima derramarse en su mejilla, aunque era la tensión en su mandíbula lo que me hacía saber cuánto se contenía, y en cuestión de segundos Pauline se liberó de las esposas, nos arrojó en la cama entre patadas y recogió sus cosas. —¡No quiero saber nada de ti! (…) Victoria Odiaba que alguien (fuera de mi familia) me viese llorar, pero no pude soportar un minuto más esta horrible humillación perpetrada por Dussan, me costó salir del impacto por su malicia, pero él había sobrepasado los límites y ahora lo único que deseaba era largarme de aquí, por eso había robado las llaves de su auto, el problema fue que él me alcanzó en el parqueadero e intentó alejarme, pero yo no dejaba de batallar. —¡Suficiente, Pauline! —¡Púdrete! —escupí su rostro y me adentré al auto, pero él, furioso, me empujó al lado del copiloto, me colocó el cinturón de seguridad y arrancó a toda velocidad—. ¡Detente y déjame ir, imbécil! ¡Esta vez no te la dejo pasar! —¡Deja tu maldita terquedad que eso te buscas por andar con ideas estúpidas! —¡¿Y por eso tenías que humillarme así?! ¡No me creas una estúpida porque no lo soy! —gritaba sin dejar de golpearlo. —¡Todo empezó por tu culpa, así que no vengas a reclamarme nada! —¡No tenías por qué hacerlo y lo sabes, pero tú y tu puto ego te hicieron actuar como un imbécil conmigo y eso no te lo perdonaré, Dussan! Mis uñas se arrastraron en su cuello, mis puños impactaban sus músculos y los gritos de ambos no cesaban, así como tampoco cesaba su defensa de mis ataques que, aun cuando no me golpeaba, sí hacía lo posible por detenerme con un brazo en lo que usaba el otro para conducir. —¡Ya deja esa actitud o nos matarás! —¡Me importa una mierda! ¡Me largo! —¡Ni creas que desaparecerás como siempre para largarte con ese imbécil porque nadie te hará sentir lo que yo! ¡¡Y ya compórtate!! —su segundo grito fue más fuerte y de un empujón me devolvió a la silla. Quería asesinarlo, pero también quería irme y solo cuando vi el semáforo a la distancia supe que pronto tendría una oportunidad; sin embargo, esta idea hizo pausa cuando su móvil sonó, pero la incomodidad en sus cortantes respuestas, con quien sea que hablase, me alertó. —¿Quién era? —pregunté en cuanto colgó. —Nadie. —Dime —Trabajo, nada más. —¡Dime! ¡¿Quién era?! —¡Ya te dije que era del trabajo, así que deja de gritarme! Sabía que no era honesto, sabía que de nuevo mentía porque no me daba la cara y esos instantes hicieron que perdiera el foco en el semáforo, por lo que él arrancó en cuanto pasó al verde y vi unas escaleras que daban a un tren subterráneo, entonces me liberé del cinturón y salté con el auto en movimiento. —¡Pauline! Mi cuerpo dolía, pero no me importó eso ni sus gritos, solo eché a correr con todas mis fuerzas hasta el subterráneo donde me volé los controles y subí al tren que estaba a punto de arrancar, por suerte él no consiguió alcanzarme, pero ahora solo había un lugar al que quería ir y una persona a la que deseaba ver: Nika. (…) Moscú – Días después Han sido interminables las horas que pasé llorando en el regazo de Nika mientras la cuidaba junto a su nueva mascota, de Alek no supe mucho ya que apenas lo vi unos minutos la noche que llegué y considerando cómo me encontraba, él no quiso hacer preguntas y es que las respuestas sobraban, igual Nika dijo que lo mejor era dejarlo ir para hacer su trabajo, así que él me pidió que la cuidase hasta su regreso, por lo que no me separé de ella, menos al descubrir su odisea con Luzhin y la trampa que le había hecho, pero dolía saber lo mucho que lastimó su corazón, además de las heridas físicas. Hoy, después de dormir a Nika y Togo, desahogué de nuevo mi dolor con un vodka en el balcón, pero necesitaba más, así que me fui a la piscina, ingresé en ropa interior y me sumergí para dar un fuerte grito bajo el agua. No sé cuántas veces bajé para gritar y subía para beber, pero en la última vez que bebí no pude volver a sumergirme, sino que me quedé llorando en el borde como una niñita patética. —Ese infeliz no te merece —su enronquecida voz me hizo alzar a duras penas la mirada. Alek se hincó y acunó mi mejilla descifrando mi pena—. ¿Cuánto has bebido? —No sé, no me importa, y a ti tampoco debería importarte. —Tienes razón. Creí que se iría por cómo se levantó tras mi déspota respuesta, pero él retiró sus prendas quedando solo con el bóxer e ingresó a la piscina. Intenté beber, mas él me arrebató la botella y me abrazó fuerte antes de que le reclamase. Quise batallar, quise gritarle, pero solo fueron lágrimas las que salieron de mí y murieron en su lastimado pecho. —¿Q-Qué te pasó? —Gajes del oficio, nada de qué preocuparse —me abrazó más fuerte e hizo que envolviera su cintura con mis piernas—. ¿Qué te hizo ese imbécil? —No te preocupes, es asunto mío, no de la organización —Alek levantó mi rostro con el cariño de siempre, haciéndome sentir tan pequeña y tan protegida a la vez. —Lo aniquilaré si te hace llorar de nuevo, Vicky. Las únicas lágrimas que debes derramar son de felicidad. —Déjame. Me pasaba contigo, me pasa con Dussan y tal vez sea porque no confío en nadie. —Sí confías, demasiado diría yo, pero eres emocional y temerosa, dos características hermosas y conflictivas a la vez, sobre todo en este mundo. —Supongo que no tengo remedio, o tal vez sea como siempre dices: “no soy más que una chiquilla caprichosa” —ladeamos tiernos una sonrisa y él acarició mi rostro sin dejar de detallarme con un brillo que avivó mi corazón. —Sí, lo fuiste, lo eres y lo serás. Un ameno silencio nos rodeó, el agua parecía arrastrarnos a algo más profundo y sin que ninguno quisiera evitarlo, nuestros labios se rozaron hasta dejarse llevar por un beso más profundo y pasional. La pared chocó con mi espalda y sus dedos se deslizaron en esta hasta abrir mi brasier, el cual quedó a un lado junto al pensamiento, la razón y los problemas. Solo éramos Alek y yo en un beso calmo que salvaguardó mi alma, una que quería ir tan lejos con él como antes, pero nos vimos sorprendidos por un flash. —Respira. Apenas tuve unos segundos para tomar aire antes de que él me sumergiera, escuchaba cómo ordenaba a los guardias perseguir a ese sujeto y volvió a sacarme de golpe para cubrirme con su abrigo en lo que volvíamos a la casa. —¡Kate, recojan todo y lleva a Vicky a cambiarse, yo iré por Nika! —¡Sí, señor! —ella corrió, dando órdenes a todo el personal. —¡¿A dónde iremos?! —pregunté preocupada a Alek. —La casa de tu padre en Nóvgorod. Resulta irónico que ese fuese el primer lugar para él, pero por dentro me sentía aliviada por lo significativa que era esa casa para nosotros.
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