32. CAPRICHOS DERECHOS

2720 Words
Victoria Lo que menos imaginé sería que nos trasladaríamos tan rápido a Nóvgorod, así como tampoco imaginé que la situación se nos saldría de las manos a Alek y a mí en la piscina, pero aquí estamos, él por fuera trabajando y yo cuidando de Nika y Togo, aunque ella no necesita demasiados de mí, ya que ha vuelto a una rutina de ejercicios y a su trabajo, así como también nos tomamos algunas horas para entrenar a Togo y convertirlo en “un perro de guerra”, como decidimos llamarlo, esto, porque queremos que sea el guardián de la familia y sobre todo de ella al ser tan unidos. Por desgracia estos días no han sido los mejores para mí, por un lado, no pudimos capturar al sujeto que nos fotografió a Alek y a mí y tampoco sabemos su identidad al estar bien cubierto ese día, pero sí reforzamos la seguridad en esa propiedad y obvio en esta. Por otro lado, estar aquí ha despertado muchos recuerdos de mi infancia, ya que esta fue la primera casa que conocí cuando llegué con mi hermana a Rusia, aquí pasamos nuestra primera angustia, conocí a Alek, la nueva vida que tendríamos y es en estos muros donde guardo tantos bellos momentos, unos que hoy duelen y más al recordar lo que me hizo Dussan y la caótica relación que hemos tenido desde el primer instante. Así, con otra madrugada en silencio, abro la segunda botella de vodka para terminar de perder mis sentidos y quizás, con un poco de suerte, pueda dejar de llorar al pensar que lo mejor es alejarme de Dussan y que ese bonito cuento ha llegado a su final, pero no, aquí estoy de patética embriagándome por dos hombres que me dan mucho, cada uno a su manera, pero con ninguno puedo sentar cabeza como debería. —¿Cómo hace mamá para vivir con cuatro hombres y hacerlos felices? —rio con tristeza, y vacío casi media botella en mi garganta, quema, pero lo necesito. —¿Vicky? —apenas levanto mi vista. Alek ingresa agotado, detalla la desordenada habitación y se hinca ante mí—. Es suficiente, necesitas descansar. —¡No! Necesito otro trago. —No, no lo necesitas —intenta quitarme la botella, pero soy más rápida y me levanto tambaleante—. Vicky, no actúes como una chiquilla malcriada, no tengo fuerzas para tanto. —Entonces acompáñame y deja de actuar como mi niñero porque no lo eres —busco en el mini bar la botella de ginebra, su debilidad, y, sonriente, la meneo—. ¿Qué dices? ¿Uno por los viejos tiempos? —No lo creo. —¡Vamos, Alek! Tú lo necesitas, yo lo necesito. Esta noche olvidemos todo y bebamos hasta reventar, mañana nos tomaremos algo para la resaca y tendremos el día libre —caminé torpe pero sensual hasta él y abrí la botella—. Uno para mí —bebí un largo trago de ginebra— y otro para ti —le acerqué la botella, pero no cambió su pose de Grinch con esos fuertes brazos cruzados a la altura del pecho—. ¿Te harás del rogar? Bien. ¡Aquí viene el avioncito! —le hice la mímica como si fuese un bebé. Él volteó fastidiado los ojos, pero una sutil sonrisa se marcaba bajo la barba—. ¿Quién es mi niño malhumorado? ¿Quién es? ¿Quién es? —Tonta —soltó risueño, acelerando mi pulso—. De acuerdo, igual hace mucho no me embriago y supongo que no me caerá mal. —¡Claro que pasará!, pero los dos terminaremos mal. Extensos tragos recorrieron nuestras gargantas, dos botellas más nos acompañaron a lo largo de las horas junto a la música, bailes torpes, cantos desafinados y anécdotas que nos sacaron risas y rabias que desahogábamos con más alcohol. —Maldición, ya no soporto más este calor —gruñó y acto seguido retiró su camisa y la camisilla, dejando al descubierto ese increíble cuerpo que me sacó un placentero suspiro, aunque pareció más un jadeo—. ¿Algo interesante a la vista? —cuestionó engreído. —Mucho, pero no eres el único que puede presumir —golpeé su pecho con la botella de ginebra, la cual no tardó en beber, y retiré mi pantalón y la blusa, quedando en ropa interior—. Supera eso, Morozov. —Di lo que quieras, chiquilla malcriada —se acercó a paso dominante, su colonia golpeó mi rostro y recorrió mi columna con un hielo que no sé cuándo tomó, pero hizo que me pegara a su desnudo torso—, sé que te encanta estar ahí, sé que te fascina verme entrenar, así como a tu madre le gusta ver a sus hombres. —No metas a mi madre en esto que esa mujer es la emperatriz del inframundo y la lujuria junto a mi tío Oz. —Sí, y tú eres la hija de ella —su enronquecida voz parecía quitarme el aliento, sus ojos devoraban mis labios en un mismo deseo y mis manos repasaron con tiento su piel—. ¿Por qué nunca fui suficiente para ti, Vicky? ¿Por qué Yuliya siempre termina teniendo razón y yo soy el único que sufre? —Esta noche no eres el único que sufre. ¿Crees que no me jode lo que hizo Dussan? Tengo tanta rabia y dolor acumulado, que no sé si supere mis dudas. —Claro, olvidaba que Dussan es más importante —se apartó con furia y, tambaleante, dio un largo trago a la bebida—. ¡Ese imbécil no te merece, Vicky, él no ha hecho nada para ganarte y aun así te tiene comiendo de la palma de su mano! —dio el último trago y arrojó la botella contra la pared—. Yo me he matado para mantenerte a salvo, me he jodido y hasta he ido contra tus padres para que estés bien, pero no, ese idiota solo debió darte una puta revolcada donde te trató como a una cualquiera para que tú lo coronaras. Aunque sus palabras dolían, él no derramó ni una lágrima, en cambio yo tenía el corazón roto por todo lo que expresaba, el dilema era que mis piernas vibraban al ver sus músculos crecer con cada movimiento, con la rabia en aumento y sus marcadas venas parecían mandar una corriente a otro punto que requería atención especial, una de la mano de un hombre con nombre y apellido que me conocía por completo. —Alek… —¡De verdad, Vicky, he hecho tanto por ti que ya me siento un idiota detrás de un hueso que jamás tendrá! —continuó sin darme la cara e ignorándome por completo. —Alek… —Es que… ¡Agh! ¡¿Qué mierda le viste a esos imbéciles buenos para nada?! —¡Aleksei! —¡¿Qué?! Él por fin se giró y corrí a él, siendo recibida por sus enormes brazos y un fogoso beso que prendió el infierno entre mis piernas. —O calmas mis malditas hormonas o juro que te violaré con tal de callarte, porque no soporto que enfurezcas mientras te paseas semidesnudo frente a mí. —Olvídalo, no caeré otra vez. —¡Idiota! —abofeteé su rostro, sacando el peor semblante en él— ¡¿No ves que yo soy la que ha caído por ti?! Una guerra se ejecutaba en nuestras firmes miradas al igual que nuestro agarre y de pronto fue como si todo desapareciera en cuanto lanzamos nuestras bombas en un beso que parecía arrancaría los dientes y la lengua del otro. Mi brasier terminó en algún lugar de la habitación, siendo su boca la que ahora cubría mis senos con intermitentes succiones que contraían a su vez mi vientre. —A-Alek… —Que no se te olvide ese nombre, Vicky —murmuró fogoso sobre mis labios y con una mirada matadora—, porque hoy me aseguraré de tatuártelo hasta las profundidades. —H-Hazlo, marca cada letra de tu nombre en mí —supliqué desesperada. Alek, sin tacto, razón ni vergüenza, destrozó mi tanga de un tiro y me dejó sobre la mesa para saborearme con una necesidad que me hizo delirar. A ratos veía cómo se deshacía de sus prendas y su esculpido cuerpo de gladiador quedó listo ante mí, pero, hipnotizada por su imponente imagen, me arrastré bocabajo cual serpiente sobre la madera sin quitarle la mirada de encima y con pérfida sonrisa me acerqué a esa gruesa lanza que goteaba su espeso veneno. —Creí que era más cuidadoso, coronel Morozov —la punta de mi lengua limpió la venenosa gota, sacándole un gruñido que me hizo abrir las piernas y levantarle el culo, movimiento que no pasó desapercibido para él—. ¿Ve algo interesante? —cuestioné juguetona, mas su adusto semblante generó otra corriente en mis labios, comenzando a humedecerlos. Una abrasiva nalgada de él fue su respuesta y en la segunda nalgada sentí que me daba una orden directa de continuar mi recorrido, así que no perdí un segundo más y saboreé cada centímetro de la lanza de ese gladiador ruso. Mis uñas se enterraron en su endurecido culo, evitando que alejase mi preciado premio que devoraba con más gusto. Él, ardiendo por dentro, sujetó fuerte mi cabello dejándome el control, y cuando sentí el palpitar en la punta amenazando con derramarse en mi boca, Alek me levantó lo suficiente para clavarme esa fría mirada que me endurecía los pezones. En medio de un tórrido beso me convertí en una muñeca de trapo que él levantó sin esfuerzo alguno, me sentó sobre la mesa e ingresó colérico. Era como si esa lanza de carne se convirtiera en una metálica con filosos dientes que rasgaban mis paredes vaginales, Aleksei en verdad tatuaba su nombre en mis entrañas con cada bestial empotrada que me daba, una que, creo, no me había dado hasta ahora. No sabía si era el alcohol, mis hormonas, el dolor que nos consumía o la historia que teníamos, pero era la primera vez que me sentía tan diferente estando con él, casi podría decir que me recordó a nuestro primer encuentro y al mismo tiempo era distinto. Asimismo, detesté recordar a Dussan cuando me penetró estando esposada, en dos segundos casi desfallezco en este encuentro, pero Alek entró más profundo, pegando mis piernas en su espalda, y me levantó con una mirada que me ordenaba estar con él en el ahora, entonces el gélido vidrio fue pegado a mi espalda, los ensordecedores golpes de cada penetración me hicieron olvidar a Dussan y deliré en la colonia del único hombre que me conoce tan bien. —Chupa y mójalos bien —ordenó, con sus dedos en mi boca. Obedecí gustosa, dejando algunas mordidas en sus falanges y lo ensalivé bien, a lo que él, sin dejar de atender mi orificio, introdujo sus dedos en el otro agujero y se movió de una forma que nadie había hecho, tanto así, que mi placer incrementó locamente. Por primera vez quise experimentar esa sensación, no tenía miedo, pero tampoco sabía si podía soportar su tamaño, así que silencié mi deseo y me dejé llevar por sus dedos. (…) Aleksei —Mi cabeza me está matando, así que baja la voz —supliqué a Nika, en lo que recibía una medicina para la horrible resaca que me martillaba por toda la ginebra que bebí con Vicky anoche—. Por favor, si me dirás que soy un imbécil por caer de nuevo en sus manos, ahórratelo. —No es necesario decirte lo que ya sabes e igual si te quedaste con ella fue porque quisiste, pero al menos pudiste llamarme para disfrutar la función —comentó divertida. —Olvídalo. Eso jamás debió ocurrir y fue un terrible error. —Disculpa que difiera, pero no parecían muy arrepentidos y menos cuando se pusieron a aullar en el balcón —su incesante risa aumentó la migraña. —Es en serio, Nika, no conseguiré alejarme de ella si sigo cayendo así… —suspiré apesadumbrado— Necesito que me ayudes a alejarme de Vicky cuanto antes, me duele demasiado estar a su lado mientras ella llora por otro hombre —de no ser por la migraña, estaría llorándole, pero no quería empeorar mi dolor y ella lo comprendió, pues acunó mi mano entre las suyas. —Si te soy honesta, creo que deberías viajar a Letonia. Ahora que sabes en dónde está Luzhin escondido, podrías ocupar la mente en otra cosa o podrías enfocarte en la familia de Vicky ya que vendrán dentro de poco. —Supongo que podría hacer las dos cosas, aunque sabes que ellos querrán ver a su hija. —Y cuando eso pase tú volverás a tus labores contra Luzhin y, si me siento mejor, te acompañaré a darle frente. —Olvídalo, te quedas descansando. Hasta que no estés completamente recuperada, no te quiero en el campo de batalla. —Aguafiestas —refunfuñó tierna, sacándome una sonrisa—. Al menos mantenme al tanto de Luzhin, sabes que su cabeza es mía y es personal. —Descuida, lo cazaré para ti, pero no le daré fin —sus brazos me envolvieron cual niña. —Alek, ¿seguro quieres alejarte de Vicky? Sé que es lo mejor, pero no sé si… —Sí —corté tajante su idea antes de que enterrase más el puñal—. Quizás esos días con su familia me ayuden a despejarme —besé su frente, nos levantamos y le entregué dos pastillas—. Asegúrate de que Vicky tome eso. Todavía no estoy seguro de todo lo que hicimos anoche y dudo que ella lo recuerde cuando despierte. —De acuerdo. ¿Quieres que le diga algo? —No, solo espero que no recuerde nada y todo quede en una mala noche de copas. —Como tú quieras. Cuídate y mantente en comunicación. —Así será. (…) Victoria Seguía sin creer lo que me había dicho Nika días atrás y la inesperada desaparición de Alek, pero supongo que fue lo mejor. Tal vez esa noche dije muchas estupideces y aunque tengo casi todo el casete borrado, sé que en un momento me hizo algunas preguntas incómodas, también que bailamos y nos besamos medio desnudos, pero no sé cuánto más pasó porque el siguiente recuerdo es haberme tropezado en el balcón, reírme como tonta y a él abrazándome sin importarnos el frío, mismo que eliminó al llevarme a la chimenea y dormirme en su pecho mientras me cantaba una bonita canción de cuna que solía cantarnos mi padre a mi hermana y a mí de niñas. Quizás esto sí terminó siendo lo mejor, al menos puedo decir que no pasó a mayores y el dolor en mi cuerpo fue por las terribles caídas anoche por culpa del alcohol, pero sí debo hacer algo respecto a Dussan y, tal como dijo Nika, darle el espacio a Alek para que no sufra más conmigo, al menos hasta que me saque de su corazón y podamos ser los amigos y compañeros de trabajo que debemos ser. —¿Pauline? —mi corazón se detuvo un instante, incluso el aroma del café que estaba bebiendo en el restaurante desapareció—. Pauline… —Dussan se sentó frente a mí— ¿Podemos hablar? —No hay nada qué hablar —intenté irme, pero él me detuvo del brazo y volvió a sentarme. Parecía arrepentido. —Sé que la cagué, me dejé cegar por ideas absurdas y lo lamento muchísimo. —No lo sé y no me interesa. Quiero estar sola. —Por favor, Pauline, déjame explicarte lo ocurrido. —Ya te dije que no me interesa escucharte, Dussan, cuando quiera hablar contigo, te contactaré, hasta entonces prefiero estar sola o con mi familia, no con un cretino poco hombre cuyo ego quiso destruirme en más de una forma. Sabía que él no me dejaría en paz, pero en verdad necesitaba estar sola, debía pensar bien lo que haría con él y Alek, así como debía recuperar el control de los negocios de la familia para no perder más tiempo y menos con el enemigo a la vuelta de la esquina.
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