33. AMIGA, HERMANA Y MADRE

1811 Words
Aleksei Poco más de cuatro meses habían transcurrido desde la última vez que vi a Vicky, sé por Nika que se ha enfocado en su trabajo, no ha vuelto a ver a Dussan y viajó un par de veces a Escocia para visitar a su familia, quienes aplazaron su viaje por una caída de salud que tuvo Lily durante su embarazo, pero ahora que su bebé había nacido sano y salvo, y con la autorización de Oz, ellos decidieron viajar a Rusia, aunque solo lo hicieron Ragnar, Nicolay, Lily, su esposo e hijos, ya que los hermanos de Lily y sus respectivos padres viajaron a Italia para resolver algunos pendientes, así que aquí me encontraba en el hangar con varios hombres viendo cómo bajaban de a uno, siendo esas tres mujeres y sus sonrisas un bálsamo para el espíritu, pues la pequeña Maxine corrió a abrazarme y yo encantado la levanté para después saludar a su hermano con misma emoción. —Siempre es una dicha verte, Alek —dijo Ragnar feliz, dándome un fuerte abrazo donde repasó mi espalda—. Por lo visto has hecho más ejercicio —reí avergonzado por su descaro. —Soy un guardián de esta familia y debo estar en forma para protegerlos. —De eso no hay duda, pero ¿para mí no hay un abrazo? —comentó Lily con la misma felicidad. Ella le entregó su bebé a Rag y me abrazó muy fuerte, trayendo consigo el aroma de la primavera—. Me alegra verte otra vez. —Lo mismo digo y más ahora que eres madre de un tercer Müller-Romanov. —No me lo recuerdes, fue bastante difícil, pero no volveré a eso. Tras saludar a los hombres, partimos a la mansión en San Petersburgo que ya estaba lista para su llegada. Los mellizos no tardaron en formar un escándalo en cuanto ingresaron pidiendo a su padre y abuelos ir a la piscina, así que ellos los llevaron en lo que Rag partió a la cocina para ordenar algo de comer. —¿Me ayudarías con el bebé? Prefiero que Adrien y mi padre estén atentos a esos terremotos. —La pregunta ofende, Lily. Sabes que haría lo que sea por ti. Partimos a su habitación donde la ayudé a acomodar la maleta del bebé, aunque una bella imagen me hipnotizó cuando la vi acercarse a los lirios que había traído para ella, los cuales estaban acompañados por algunas flores de lavanda que también ambientaban el lugar con su perfume, el cual aspiró encantada. —Todavía recuerdas que son mis favoritas —comentó feliz, acariciando los pétalos. —¿Por qué lo olvidaría? Sabes que te quiero como a una hermana y me encanta hacerte feliz. Además, escuché que una madre necesita estar tranquila y más con la llegada de un bebé. —Reconozco que mi posición económica me ayuda muchísimo, también tener ayuda extra y más porque mamá quiso quedarse unos meses conmigo, y bueno, ya sabes que mi padre no se le despega —quedamos risueños, pues sabemos que ese hombre haría lo que sea por su zarina—. ¿Y cómo has estado? Papá dice que no tiene quejas de ti hasta ahora. —Y tampoco debe tenerlas. En general todo ha estado bien, los negocios en aumentos, tenemos nuevos socios y un par de cucarachas invadiendo la casa, pero nada que no se pueda controlar hasta ahora. —Exactamente ¿a quién intentas engañar, Alek? —preguntó perspicaz, dándome esa mirada de “te atrapé en la mentira”—. Sé que hubo varios altercados en nuestros territorios, que tenemos un nuevo enemigo atacándonos y mi hermana y tú han estado MUY distanciados. —¿Nika a veces no puede tener la boca cerrada? —refunfuñé fastidiado, a lo que ella me abrazó comprensiva. —Nika no es tu única amiga, sabes que puedes llamarme y contarme lo que sea, aunque no respondo si quedas sordo por los llantos de Mijaíl. —Es difícil enojarse contigo cuando te pones tan tierna —la abracé con cuidado al llevar a su bebé en brazos—. Pero sí, tienes razón en todo, solo que no quiero preocupar a Ragnar y Nicolay con estos asuntos, por eso no me agradaba la idea de que vinieran, así como me alivió saber hace meses que no viajarían. —Lo imagino bien, pero quería venir antes de que naciera Mijaíl. —¿Y por qué no esperaste un poco más? Él no tiene mucho de haber nacido —comenté preocupado, pero ella no borró esa dulce sonrisa que le aprendió a su madre y abuela. —¿Quieres la verdad? —asentí— Quería verte, estaba preocupada por ti. —¿Por mí? Será por Vicky y para eso debiste llamarla, no pedirme que los respaldara, aunque igual estaría atento a la seguridad de ustedes. —¡¿Ves?! ¡Por eso te adoro! —otro abrazo de su parte y mis defensas caen de golpe. —Lo digo en serio, Lily, me preocupa que estén aquí y más con tus hijos. —Lo sé, pero también me preocupa tu corazón y eres como mi hermano mayor, así que no te dejaré solo aun cuando mi hermana sea la causa de tu sufrimiento —no pude responderle, pues, pese a no saber mucho de Vicky, me seguía doliendo lo ocurrido entre nosotros el año pasado—. Ten —ella me extendió a su bebé, dejándome confundido—. ¡Cárgalo! Sé que no lo dejarás caer. —No lo sé, nunca lo he hecho y podría ser peligroso. —No pasará nada malo porque no lo permitirás, lo sé. Con la seguridad con que dijo eso, dejó delicadamente a su bebé en mis brazos, parecía más pequeño en esta montaña de músculos, pero su tranquilidad me brindó una calidez única. —¿Lo ves? Él siente tu amor y sabe que está seguro contigo, es lo único que importa. Lily me llevó a una mesa donde acomodó una manta y me enseñó a cambiarle el pañal que, aunque olía horrible, la verdad no me molestó demasiado, sino que disfruté de su instrucción y más de la calidez de su risa que me devolvía la tranquilidad que había perdido hace mucho. —¡Eres increíble, Alek! Serás un gran padre algún día, aunque nunca lo he dudado. —Creo que exageras. Solo es un cambio de pañal. —¿Bromeas? Adrien casi se desmaya cuando cambió a los mellizos la primera vez, tanto así que les puso mal el pañal y al momento de cambiarlos otra vez, Aidan se le orinó en la cara. ¡Me reí hasta ahogarme! —los dos reímos con lágrimas en las mejillas y el pequeño Mijaíl se movió tierno, alegre, como comprendiendo la travesura de su hermano. —Tampoco es para tanto. Sí huele horrible, pero lo que sea que salga del cuerpo de cualquiera no olerá a rosas. —¡Es lo que yo le dije! —exclamó tierna, y las risas se intensificaron hasta que recuperamos el aliento—. Pero es en serio lo que dije, Alek, en verdad serás un increíble padre. —Gracias —el pequeño estiró sus bracitos y me hice a un lado para que ella lo cargase. —Busca tus brazos, no los míos —afirmó segura, invitándome a cargarlo y con dudas lo levanté. Sus pequeñas manitas sujetaban fuerte mi barba y aunque dolía un poco, no me quejé, sino que me senté en el sofá junto a ella sin dejar de divisar esta escena y todo lo que provocaba Mijaíl en mí. —¿Sabes, Alek? A medida que pasan los años, me doy cuenta de que eres como mi padre. —¿Lo dices por el aspecto? Porque puedo cortarme la barba o el cabello por completo. —Te sugiero no hacerlo, te queda muy bien y tampoco tienes tan largo el cabello —ella lo acarició con delicadeza y acunó mi mejilla—. Ustedes son muy protectores cuando se trata de la familia, no quieren que nada malo ocurra y le dan la peor cara al mundo —observó a su bebé y luego a mí—, pero con los que aman son una montaña de ternura. —Ojalá todos vieran eso —murmuré dolido y con las lágrimas a punto de salirse. —¿Quién dice que Vicky no lo hace? —su pregunta me intrigó—. Es solo que ella sacó lo peor de nuestros padres. Es rebelde, hace lo que le da la gana, siempre quiere estar en la cima y no dejarse domar por nadie, pero tampoco quiere estar sola, ese es su mayor temor. —Como sea, ella ya encontró a alguien y es cuestión de tiempo para que se los presente. —Di lo que quieras, pero sé que no hay mejor hombre que tú para ella, aunque tampoco es justo que sigas sufriendo, así como nadie te señalará de nada si decides renunciar a la tonta de mi hermana. —Nika dice que es lo mejor y yo también lo creo. —Pero en el fondo no quieres eso —negué dolido sin dejar de arrullar al bebé, aunque lo hacía más por instinto, pues no tenía idea de cómo hacerlo o si estaba bien—. Alek, no importa la decisión que tomes, seguiré siendo tu amiga y confidente hasta el fin de nuestros días porque desde niña te he visto como a un hermano que nos cuida y nos quiere y mi cariño por ti será eterno. No pude evitar sentirme muy feliz, pero antes de responderle, el bebé comenzó a hacer algunos gestos que hicieron que Lily lo tomase en brazos y comenzó a abrir su camisa. —¿Qué haces? —Mi hijo quiere comer —comentó obvia y, pese a mi incomodidad, ella sacó su seno y se lo dio al pequeño, quien no dudó en pegarse mientras yo estaba con una terrible incomodidad solo de pensar que su esposo nos encontrase en esta situación—. Ya relájate, tampoco es la primera vez que me ves desnuda, ¿o te recuerdo cuando de niños Vicky, tú y yo nadábamos desnudos en la piscina por las noches? Aunque una vergonzosa risa me ganó por su descaro, que obvio sacó de su madre, no pude evitar detallar la hermosa escena que Lily me brindaba, pues no hubo nada s****l en esta, sino que me dio una ilusoria idea de cómo se vería Vicky si cargase un hijo nuestro. Dolía, no lo niego, pero también alegraba mi corazón con las fantasías que he tenido desde hace años, lo mejor fue cuando ella acostó su cabeza en mi hombro y yo la rodeé protector con mi brazo, anhelando congelar este momento.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD