Tras un trayecto de diez minutos que casi dejó a Ex al borde de la demencia por las caricias que esos dos hermanos le prodigaban cada pocos segundos, se bajó del coche, o mejor dicho, casi saltó del mismo para poder alejarse de ellos lo suficiente para mantenerse corpórea y no como un volcán a punto de estallar. Las piernas le temblaban y sólo rezaba por poder llegar a una silla del restaurante y almorzar tranquila, si es que podía hacerlo sin que se le acercaran. ¿Podría pedir que los gemelos comieran en una mesa y ella en otra? Sería un poco raro, pero... —Diosa... —La voz melosa de Euen hizo que se le agitara todo el cuerpo. ¿Cómo podía excitarle tanto un sonido haciéndola incapaz de dar un paso adelante o siquiera moverse? Lo vio acercarse y lloró internamente porque quería alejarse

