Ya estaba lista para acompañar a Iván, me aplico un labial y perfume antes de salir de la alcoba, pero… —Te ves bien, pequeña flor. Siempre diré que el rojo es tu color. ¿Estas nerviosa, hija? Mi padre, recostado sobre el marco de la puerta extiende una sonrisa. No la ha pasado bien estos días aquí, con los asuntos en Irlanda, la partida de mi hermano a escocia y sintiéndose inútil aquí sin poder hacer nada afuera por el momento. —Muy nerviosa, papi. Pero es algo que tengo que hacer, por todos nosotros. Se despega del marco de la puerta y avanza hasta mi puesto frete al espejo. Lleva uno mechos de cabello detrás de mí oreja para después dejar sus manos sobre mis hombros. —Una vez te dije que lo único que quiero en el mundo es que seas feliz y hasta ahora no lo has sido y eso me duele

