Habían pasado, tan sólo unas escasas horas, desde la aparición de Ábalam, el príncipe del infierno, abrazando toda la ciudad, dejando a su paso, miedos, temores y desesperación, entre todos los ciudadanos londinenses, que, presenciaron su estadía malévola en la Plaza de La Victoria, en el Puente de la Torre y en sus calles y
avenidas, más concurridas, y, donde hubo secuestrado a Caridad.
Todos, estaban sumamente asustados. Las otras cuatro luces, Bruno y Don Alvaro, no hallaban qué hacer al respecto, se concentraron todos en el bar-café, a acordar, qué harían para rescatar a Caridad, de las garras malignas de la bestia. Los Dioses de la Dimensión Perdida, así como Danu, la Reina de las Hadas, ideaban la manera, de dar con el paradero de Caridad, más no hallaban, cómo hacerlo, sus poderes cada día, se debilitaban más y más, la fuente que podría darles un poco de los poderes aguardados, por tantos siglos; de las hadas cautivas, comenzó a apagarse, tras la llegada del príncipe infernal, de manera que no tenían muchas alternativas. La más probable, era la de ir a las Montañas de Firenever, a reclamar
su devolución, pero, sabían que esto, les traería grandes problemas, si querían salvar a las hadas cautivas y, por ende, conseguir la devolución, del Talismán de Danu y, con él, los grandes poderes de la Reina de las Hadas y los Dioses.
- Debemos hacer algo para rescatar a Caridad, no nos podemos quedar de brazos cruzados.
- Pero, ¿qué podemos hacer Regina?
- No lo sé, pero, habemos muchos aquí, que estamos conscientes de la situación, algo se nos tiene que ocurrir.
- No quiero imaginarme lo asustada que debe estar, Cari, quién sabe dónde la tendrá el engendro del mal, que la ha secuestrado - Comenta, Denisse.
- Pobrecita, debe sentirse fatal. Me duele tan solo pensar, que la debe estar pasando muy mal, en manos de esa bestia. Caridad, es tan dulce, tan frágil. - Exclama, Constanza.
- Precisamente por eso, se la llevó. Por ser un hada de alma frágil, al olerla, se dio cuenta que era una de nosotros, la del corazón y alma más débil, por eso, se la llevó. - Aclaró, Agatha.
- Y no la va a devolver, así como así. - Dice, Don Alvaro.
- Don Alvaro, usted más que nadie, debe saber cómo podemos actuar en éstos casos.
- Puede ser muchacha, pero preferiblemente, esperemos señales de Danu y de Los Dioses.
- Y ¿cuándo será que se dignarán a aparecer?, ellos por un lado y nosotros, por aquí, inventándonos excusas y planes huecos, sin direcciones, para salvarla. No me parece justo. Exclama, Regina, con un ápice de molestia.
- Tampoco a mí, pero, no nos queda más que esperar. - Dice, Denisse.
- Y, ¿me pueden decir ustedes?, ¿qué más vamos a esperar?, ¿Qué la maten?, eso es lo que pasará, si no nos movemos. - Comenta Regina, más molesta aún.
- Alguien dijo que la bestia, está en las Montañas de Firenever, pues vayamos para allá. Busquemos a Cari. - Dice Bruno.
- Por fin alguien dice algo con lógica y sentido, ¡vaya, vaya!, ¿quién diría que, el que menos habla, tiene las mejores ideas? - Dice, Regina.
- Pues, puede que tenga las mejores ideas, pero, de igual manera, debemos esperar el mandato de Danu, él, no puede pasar por encima de sus decisiones.
- Y, ¿Quién es Danu, para decirnos lo que tenemos que hacer?, estoy agotada de escucharla nombrar y nunca en la vida, la he visto, ni tampoco da la cara como es, todo es un misterio -Exclama Constanza, ya muy molesta.
- Ya aparecerán, tenemos tiempo aún.
- Si, de algo sirve, yo iré mañana al Complejo Firenever, por asuntos laborales, si alguno quisiera venir conmigo, sería bienvenido -. Comenta, Denisse.
- Yo voy, dice Regina.
- También yo, Exclama, Constanza.
- Iremos todos, es la orden. He aquí, los amuletos con los que deberán entrar al complejo. Comenta, Agatha.
- ¿Amuletos? - Pregunta, Constanza.
- Sí, ya sabías que mandé a hacer amuletos, para las personas del periódico, que irían conmigo al viaje.
- Pero lo que no sabía era, que, a Caridad la secuestraría una bestia.
- Pues, nosotros tampoco. Pienso, que debemos actuar cuanto antes. Así como también, avisarle al Capitán Marble, él debe estar al tanto de lo sucedido a Caridad, ¿no creen?. Exclama, Bruno.
- Sin duda. ¡Oh, Santas Hadas!, ese hombre se va a desplomar, cuando se entere. Exclama, Denisse.
- No tenemos otra salida. ¿Quién será el valiente, que se lo diga?, porque yo no tengo las agallas, para hacerlo -. Comenta, Bruno.
- Pues, alguien debe hacerlo. Comenta, Constanza.
- De acuerdo, ya pensaremos en algo, por lo pronto, creo que deberíamos irnos a descansar, ya desde aquí, nada podemos hacer por Caridad, en cambio, cuando hayamos llegado a la Montaña; sí - Acota, Regina.
- Estoy de acuerdo, mañana toca madrugar, y, un grupo de reporteros, esperan por mí, para que los guíe junto a Andrew, el fotógrafo, a la montaña. Comenta, Denisse.
- Vayamos a descansar, entonces.
Cada uno de los participantes de la reunión, toma sus pertenencias, se despiden de los otros y van saliendo del bar-café, con dirección a sus hogares. Por su parte, Bruno, le llama la atención a Denisse, a quien ve, un poco lejana de él, diciéndole:
- Denisse, no te preocupes, encontraremos a Caridad, te lo aseguro.
- Gracias, Bruno, me hace muy bien, escuchar tus palabras, gracias mil, por el apoyo, es muy importante para nosotras.
- Ehh, ¿puedo acompañarte?, si no es molestia, claro.
- Por supuesto que puedes, y, no, no es molestia. Más bien, disculpa tanta lejanía, quiero que sepas que, no se ha fragmentado nuestra conexión, sigues latente en mí, como sé que, yo sigo latente en ti, solo que he estado muy ocupada con el asunto del viaje.
- No te preocupes, lo entiendo, Deni, solo quiero que sepas que, estaré aquí, siempre, a la espera de tu retorno. Le dice, Bruno, mirándola a los ojos.
Denisse, se acerca a él, lentamente, le acaricia la cara con ternura y le da un suave beso en los labios. Beso, que recibe Bruno, con el mismo amor con el que ella, se lo dio. De repente, aparece Regina, carraspea un poco y les dice:
- Par de tórtolos, creo que no deberían cenar, frente a los que no hemos probado bocado. Andando, que Don Alvaro, cerrará el establecimiento.
- Llegó, Regina, cortándonos la nota, ¿cuándo no? Dice, Denisse, con una mediana sonrisa y tomando a Bruno, de la mano para salir del bar-café.
Todos, han salido ya del lugar mágico, el cual, parecía cada vez más frío, más solitario, como si se estaba hundiendo en las sombras.
- Chicas, ¿sintieron lo mismo que yo en el bar-café? Pregunta, Agatha.
- Si te refieres a lo pesado, frío, solitario y oscuro, que estaba el ambiente, sí, yo lo sentí. Comenta, Constanza.
- Estaba ausente de magia y esplendor. Fue mi percepción. Acota, Regina.
- Eso no me huele nada bien, aquí está pasando algo más y no nos han querido decir.
- ¿Qué crees que esté pasando Agatha?
- No lo sé, Constanza, no quiero frustrar las esperanzas, pero, algo me dice que, no volveremos a ver a Caridad, por lo menos no, como siempre.
- ¡Oh, no, Agatha!, no digas eso, por favor, Caridad, no se merece un trágico final, como ese.
- No es para que se lo tomen a pecho, ojalá, la encontremos y todo vuelva a ser como antes, sólo que, he tenido ciertos presentimientos...
- ¡Ay, ya, stop!, nada de negatividades Agatha, me extraña eso de ti, que eres tan positiva ante la vida.
- Regina, entiéndela, está tan aterrada como nosotras, ¿no es así? Pregunta Denisse, dirigiéndose a Agatha.
- Sí, muchachas, disculpen, en este momento, no soy buena compañía, me iré a casa, nos veremos mañana, en casa de Denisse, a las seis de la mañana. Llevaré los amuletos, repotenciados. Hasta entonces.
Agatha, se va retirando del grupo, que va caminando, hacia el estacionamiento, donde tienen sus medios de transporte estacionados. Los demás siguen su camino, comentando acerca de
lo sucedido, esa tarde en la ciudad de Londres.
Ya cada quién, en sus respectivos hogares, con la preocupación por el bienestar de Caridad, se disponen a dormir, o al menos, a intentar descansar un poco, ya que el día de mañana, les esperan grandes e inesperados, acontecimientos.
Agatha, entra en su casa, la cual, siente extremadamente fría, sus plantas, adormecidas, las paredes invernales, el ambiente pesadumbroso, les deja saber, que algo no va bien, con respecto a Caridad. Desde que supo lo ocurrido, no ha parado de pensar en ella, de pronto, Danu, aparece de la nada, frente a ella, con gran tristeza, reflejada en su rostro.
- Danu, dime que no es lo que estoy pensando, por favor. Dime que, Caridad estará bien y que, lograremos rescatarla de las garras de Ábalam.
- Lo siento, Agatha, no puedo mentirte, por más que los Dioses de la Dimensión Perdida y yo, lo hemos intentado, por todos los medios, habidos y por haber, en nuestro mundo, no hemos logrado dar con su paradero, no sabemos qué hizo Ábalam, con ella, pero es muy probable, que ya no vuelva. Lo siento mucho.
- No, Danu, no es posible, iremos a por ella, a Firenever, no me puedes decir que no hay manera de salvarla, por Dios, somos hadas, somos poderosas o al menos, tú más que nosotras. En la unión está la fuerza. Somos un equipo, ¿no?
- Sí, lo somos, pero, él es muy poderoso y su misión es acabar con nosotras, para, de esa manera, obtener todo el dominio y adueñarse del mundo mágico y del terrenal.
- Debe haber alguna forma, y, yo me voy a encargar junto a las otras luces, de descubrirlo.
Mañana, iremos a las montañas de Firenever y no va a haber criatura demoniaca que nos impida, traer
a Caridad de vuelta, sana y salva.
- Sólo puede ocurrir, tras un milagro, pues todo, podría ser en vano. Agatha, se da media vuelta, entra en su habitación y se echa en la cama, a llorar, por la desaparición física de su amiga de toda la vida, Caridad, quien, a pesar de no haber tenido una buena relación, debido a sus creencias, había comenzado a creer y a entender los designios de los Dioses mágicos y del destino.
Por otra parte, Denisse, llega a su casa, saluda con pesar a su gato Mishty, quien la esperaba junto a la puerta. Él, sabía cuándo a Denisse, le pasaban cosas negativas o tristes, por lo que se acercó a ella, acariciándola con su cola, ella lo carga, lo llena de besos taciturnos y lo abraza, como si no quisiera perderlo. De repente, comienza a llorar, no se explica exactamente la razón, si es por el secuestro de Caridad o por todo lo que siente en sus adentros, como si le estuviesen arrancando una parte de ella, que la sumerge en un profundo e irremediable dolor. Deja todo, tal cual como está, no se desviste, no cena, no hace nada más, que, lamentarse por algo que no conoce. Se recuesta en el sofá con su gatito, hasta quedarse profundamente dormida.
Mientras tanto, Constanza, llega un poco melancólica a casa, nadie la espera, Fabián, no se ha comunicado con ella, echa de menos a su abuelita, quien solía darles buenos consejos, en momentos como el que estaba viviendo, de ansiedad y preocupación. Se acerca a la cocina, monta la tetera en la estufa, para hacerse un té de tila, y calmar los nervios, y, mientras espera que esté listo, se va a su habitación, se desviste, se lava la cara, se coloca su batita de dormir, de estrellitas, echando de menos a Caridad y toda su inocencia, no sabe a ciencia cierta, lo que está pasando pero, siente en la profundidad de su alma, un gran dolor. Suena la tetera, se
devuelve a la cocina, se sirve el agua, coloca la bolsita de té instantáneo en la taza, que agarra del gabinete, busca dos cucharaditas de azúcar, que le echa al té, las disuelve y se sienta en
su poltrona de felpa, junto a su chimenea digital, donde comienza a pensar en todo lo sucedido, ese día, ese trágico día. Una lágrima, rueda por su mejilla, mientras nada en sus pensamientos.
Finalmente, Regina, al llegar, busca a Tarada, le da tres besos en el caparazón, le dice, que la quiere y que le daría mucho pesar perderla, le pide perdón, por su mal comportamiento de a veces, se siente muy extraña haciéndolo pero, su alma, le pedía hacerlo. Ella, no es de demostrar sus sentimientos a nadie, ni siquiera, a su reflejo en el espejo. Sin embargo, siente que se va hundiendo en una gran nostalgia, extrañando a la gente, que para ella, siempre fue, es y ha sido importante para ella. Piensa, ¿por qué se siente así?, pero no intenta buscar respuestas.
De repente, todas duermen, cada una en sus hogares, pero, con el espíritu en otro lugar. Comienzan a tener sueños, donde todo parece ser resultado de algún “Deja Vuh”, sumergidas las cuatro luces, en un sueño muy extraño, en el que Caridad, pedía auxilio, pero ninguna
de ellas, podían ayudarla a escapar de las garras del maligno y del pozo del infierno, donde toda la inocencia de ella, se desvanecía como polvo entre la lava. La llamaban a gritos, pero éstos, eran gritos ahogados. Lo que tenían, eran pesadillas, donde por más que lo intentaban, no podían despertar, gritaban y sus gritos, no eran escuchados; realmente, nunca salían de sus adentros.
- Caridad, ven, toma mi mano, te ayudaré a salir de ahí, no temas, te ayudaré. Gritaba, Agatha mientras dormía.
- ¿Dónde estás Cari?, Responde, ¿por qué te has metido a ese bosque?, es peligroso, Cari, ven aquí, volvamos a casa. Decía, Constanza soñando.
En algún lugar de ese bosque donde aparentemente, estaba Caridad, aguardando, sin aparecer, se escuchaba una melodía, en una lengua muy extraña:
Über die Heide, im ersten morgenlicht Schein
Ziehen die Vögel, wo mögen sie wohl Morgen sein?
Ich folge dem Rauschen der Schwingen in das stille Moor
Wo alte Lieder Dringen aus dem Nebel vor
Komm und fliege mit uns fort
Lass den Wind dich tragen weit fort von diesem Ort
Komm und flieg so hoch du kannst
Lass uns die Himmel jagen im Tanz
Nebel wie Seide Streifen meine Haut so kühl
Weiter und weiter Wo find' ich meiner Sehnsucht Ziel?
Ich schließe die Augen und mir sprießt ein Federkleid
Schon spür' ich den Wind und mache meine Flügel weit
Komm und fliege mit uns fort
Lass den Wind dich tragen weit fort von diesem Ort
Komm und flieg so hoch du kannst
Lass uns die Himmel jagen im Tanz
Die Himmel in dir, wie kann ich sie wissen, kann sie sehen?
Wir tanzen im Fluge, die Sterne, die ihre Wege ziehen
Komm und fliege mit uns fort
Lass den Wind dich tragen weit fort von diesem Ort
Komm und flieg so hoch du kannst
Lass uns die Himmel jagen im Tanz
- Por ahí no era, Caridad, tenías que entrar por éste portal, donde está la luz, acércate para entrar juntas, ¿dónde te has metido, Caridad?, no me iré al periódico, hasta que no aparezcas-
Balbuceaba, Denisse, dando vueltas en la cama.
- Ven, engendro del mal, ven aquí, no tienes escapatoria, te mataré con mis propias manos, sin importarme nada más. Caridad, he venido a por ti, Robert te espera afuera. Ven, apóyate en mi. - No, no vuelvas con él, nooooooooo, Caridad, no te suicides, no lo hagas,
nooooooooo.
Las cuatro luces, despiertan sobresaltadas, con escalofríos, sudando y temblando, con el miedo instalado en sus mentes y en sus corazones, engullidas en la tristeza y la desolación.
Sin entender que las pesadillas se han adueñado de sus horas de descanso.
- ¡Oh, Dios!, solo ha sido una pesadilla. ¿Qué horas serán? Se pregunta Agatha.
Al ver el reloj, son las tres y treinta de la madrugada, se persigna, mientras piensa en la desaparición eterna de Caridad, así como de la ilusión, que permanece en la esperanza, de hallarla y salvarla de la muerte.