Las cinco de la tarde, marcaba el reloj de la Catedral de San Pablo, con sus campanadas, estremeciendo a todo Londres y sus adyacencias, Agatha, quien había retornado a su residencia, más temprano que otros días, no tenía ganas de salir con sus amigas, ni de hacer absolutamente nada. Se sentía en blanco, en la nada, sin rumbo fijo, como si no existiera en este mundo, no podía emplear la videncia en ninguno de los aspectos que la atormentaban, no tenía fuerzas, no encontraba el sendero, que, en esos momentos, solían conducirla al poder que aguardaba en su corazón, tampoco entendía cómo es que, con una limpieza espiritual, podía sanear su aura o la de las personas a las que atendía diariamente. Era como si no fuera ella, pero sí lo era o al menos, lo parecía. Era su alma, su cuerpo, sus emociones, sus sentimientos, los que estaban allí, latentes, pero también, a punto de desfallecer.
Apagó su teléfono, con la fija idea, que, no quería que nadie la molestara, ni siquiera, Ignacio, quien tanto le alegraba la vida con sus poemas y su arte, en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, él continuaba escribiendo para ella, sentado en el sofá mecedor de su jardín, pensando en su nuevo amor, en la quietud chispeante de su mirada, inspirado, sin su loca artista de las ciencias ocultas, rebosante de colores:
“Profunda pradera de ocasos
donde el viento mece pequeñas
espigas de trigo,
azules campos literarios
dorados por los tenues paseos
del brillante astro,
éter de un fascinante atardecer
melocotones en almíbar
cayendo de un cálido otoño,
tierras ávidas donde duermen
las libélulas de tu pestañear
En tus ojos veo llover las hojas
de los vivos rosales,
danzando entre susurros
en la melodía de la suave brisa,
efímeras notas como canoas de guayaba
envueltas en almíbar
revoloteando cristalinos latidos
por las golondrinas de mi calma.
En ti los girasoles florecen
entre anhelos de esperanza y vida,
abrazos de magenta creciente
se van posando en mi ser
como Lunas de Plata, anocheciendo
y tus ojos como dos constelaciones
formando una algarabía en sus bocetos
entrelazando en una nube
la unión de nuestros corazones.
Con tu mirada siembras ternura (y picardía)
en las cosechas de mis versos,
que transformo en palabras
volátiles en el cielo,
evocando tu nombre.
Y solo en tus ojos veo tiritar planetas
cuando el Sol emerge tras la cima,
color de pálido rosáceo,
energía brillante de cristalino espejo.
Ojos marrones fruto del jardín
ventanas celestes del alma mía,
entre suspiros hoy te escribo
y te dedico mi admiración hecha poesía”.
Ignacio, lee una y otra vez, el poema que, de sus adentros, de la profundidad de su corazón, brota como agua clara del jardín de sus emociones, para su amada Agatha, pensando que esa noche, en la que la conoció, fue la mejor de todos sus días y sus momentos.
- Sé que, a Agatha, le gustará, algo me lo dice. Trataré de enviarle un mensaje o tal vez de llamarla, hace rato que no la veo conectada a las r************* , lo que me preocupa, pues, a pesar de sus ocupaciones, suele ser muy activa -. Pensaba, en voz alta.
“Mi amada Gathica, me ha extrañado que has estado lejana hoy,
como las nubes que viajan con la brisa, como el horizonte, donde se levantan los crepúsculos, donde emergen los sueños para volar en alas de luceros, ¿dónde has estado?, no puedes imaginarte, cuánto te añoro”.
Pasan varios minutos y Agatha, sigue sin dar señales, por lo que decide, no escribirle nuevamente sino esperar unos minutos, quizás unas horas, pueda que necesite estar sola, a veces, urge estar en ese estado. De manera que sigue inspirado, escribiendo para ella:
“Si vienes de la lejanía
de la cordillera o de la costa
de New Ocean
o del Páramo
tu pelo despeinado
por el cielo
del Mediterráneo
en un suspiro
para siempre
y el sol te ilumina
en la piedra
dónde va el caracol
mientras
el verdor ilumina
algún rincón inhóspito
de tu alma
y otra vez
el aire
y quizás el retorno
a la cordillera o la costa
lejana sobria y nublada
a sabiendas
que solo el viento te traslada
por la brisa marina y desgastada
que te contiene
sí entramos a nuestros adentros
iluminando el sendero de corales
acompañando los rayos
y el viento inhalado de la hoja
pregunto en silencio
¿A dónde va la tarde
que muere tras la montaña?
¿De dónde viene
la lejanía de tu andar?”
El poeta, seguía envuelto en una nube de inspiración, plasmando sus letras, para Agatha y aunque moría por hablarle, aunque los dedos le picaban por marcar su número, lo mejor era, dejarla tranquila, pues, si tenía que tomarse un tiempo para que todo fluyera y ella hubo escogido ese, había que respetarlo. Se levantó de su sillón mecedor, ubicado en el jardín, dejó de un lado la pluma y el cuaderno, y, se dirigió hacia la cocina, a buscar algo de beber, al abrir el refrigerador, saca un tetra pack de tinto de verano, el cual abre inmediatamente, al hacerlo, y dar el primer sorbo, siente un escalofríos diferente al que expresa el miedo, como si alguna presencia estuviera allí, haciéndole compañía, aunque sabía que estaba completamente solo. De pronto, al mirar hacia atrás, nota una silueta de mujer, pero, con alas, lo que le sorprende, de manera que, coloca en el mesón el tetra pack, estrujándose los ojos, pensando que, posiblemente, el cansancio de la vista, le está produciendo, visiones, pero, luego de hacerlo, continúa la presencia de esa mujer, allí, en su cocina, en su casa.
- ¿Será que me estoy volviendo loco? -. Piensa de nuevo, en voz alta.
- No, Ignacio, no estás enloqueciendo -. Le dice la mujer con alas, en un tono de voz, suave y dulce a la vez.
- ¿Quién es usted?, ¿Qué hace en mi casa?, ¿Cómo entró?, si todo está cerrado.
- No te asustes, vengo en son de paz.
- ¿Cómo no me voy a asustar?, si ha entrado a mi casa, no me explico por dónde, ¿qué quiere?, ¿A qué ha venido?
- Mi nombre es Danu, soy la Reina de las Hadas de Fairy Folk, mejor conocida como la Tierra de la Eterna Juventud.
- ¿Danu?, ¿Reina de las Hadas?, ¿Fairy Folk?, todo eso me suena a cuentos infantiles. Es, esto un juego, ¿no es así?
- No, Ignacio, no es un juego. He venido porque necesito de tu ayuda, y, Agatha, también necesita de ti.
- ¿Cómo es que sabe mi nombre? Y, el de Agatha. No entiendo absolutamente nada -. Le expresa, el poeta, un poco nervioso y asustado.
- Déjame explicarte, por favor. Serénate un poco, si no lo haces, no me vas a entender y no tenemos mucho tiempo. Agatha, está corriendo un grave peligro.
- ¿A qué se refiere con que Agatha, corre peligro?, ¿Qué ha pasado?
- Como te estaba diciendo, soy la Reina de las Hadas, y, he venido, para explicarte ciertas cosas que debes saber, asegurarme que las entiendas muy bien, responder todas las dudas que tengas, y, obtener tu ayuda para salvar a Agatha, de las garras del mal, pero, antes debes escucharme con toda tu atención.
- ¿De las garras del mal?, pero, si Agatha, ehh, debe estar trabajando o descansando, tal vez, pues, su trabajo, le genera estrés y cansancio, por el hecho de, lidiar con tantas clientes, que, acuden por ayuda espiritual a su tienda.
- Bien, Ignacio, escúchame atentamente. Sé, que eres un artista de los colores y las letras, por lo tanto, crees en la magia y en los sentimientos verdaderos, en las emociones que exteriorizan o no, los seres humanos, en todas las expresiones del arte, pero también, en la existencia del bien y del mal. Sé, que creciste en una familia, desbordante de valores y principios, que te llenó de amor sublime, hasta que tuvieron que separarte de ese nido, para mostrarte los caminos de un arte, a través de infinidades de libros y escritores famosos, tienes un aura, entre amarilla y naranja, pues eres leal, alegre, equilibrado y posees gran creatividad, por eso, tu inclinación hacia la literatura y el diseño, eres un hombre que derrama la magia por sus poros. Aunque quizás, te parezca increíble, yo estuve presente, al momento en que tus padres, Nereida y Gabriel, te crearon, a imagen y semejanza, de ambos, añoraban, tenerte entre sus brazos, para llenarte de amor, para mostrarte la vida, tan hermosa, como ellos la veían, para enseñarte a volar, a vivir, para disfrutar de tu sonrisa, de la primera sílaba que emitieras, añoraban escuchar tu voz, estar contigo para siempre pero, justo después, del día de tu llegada a la vida terrenal, hubo, una gran batalla, de donde tus progenitores, no pudieron salir ilesos, fue ahí, cuando tu abuela, Doña Jimena, se hizo cargo de ti, hasta el día en que, tuvo que volar a otra dimensión, por esta razón, no pudiste crecer en un hogar, como el de los otros niños.
- ¿Cómo sabe usted todo esto?, ¿Quién le ha contado mi vida?
- Simplemente lo sé, Ignacio, soy un hada, tengo poderes, tengo muchos siglos de vida, y, por ende, de edad.
- Tú, eres el fruto del amor, de una hadita artesana y sagaz y, de un humano, trabajador, alegre, cariñoso y muy amoroso, por eso, eres lo que eres, por esa sencilla razón, te has desenvuelto, en ese mundo.
- ¿Hijo de un humano y un hada?, eso, eso, no puede ser cierto.
- Tal vez, no en estos tiempos, pero, lo es. El amor, creció entre un ser mágico y un humano, debido a que tu progenitora, atravesó un portal de luz, que de vez en cuando se abría en Fairy Folk, y, como solía ser muy aventurera, salía y entraba de él, tantas veces quisiera, pero, una tarde en que el sol se ponía, conoció a tu padre, que iba de retorno a casa, luego de un arduo día de trabajo en el campo. Se podría decir que, fue amor a primera vista, desde ese día, ella salía a la misma hora, para encontrarse con tu padre, quien totalmente enamorado, le ofreció su corazón, mientras ella, lo recibía con todo el amor que corría por su alma y sus alas. Se casaron, bajo los mandamientos y leyes del bosque, en ese entonces, se podía, podíamos amar a los humanos, de la misma forma en que la Diosa Madre Tierra, nos amaba a nosotros, quienes, para ella, éramos iguales. Vivieron su amor, por muchos años, hasta el día en que llegaste a sus vidas, brotaste del c*****o de una flor de loto, abriendo los ojos al mundo y las otras hadas, te ofrecieron regalos, como lo hacían con los otros seres mágicos, productos del amor, fue una de ellas, quien te hizo amar las letras y otra, los colores y así, sucesivamente.
- Eso, que me cuenta, es parecido a un cuento de hadas, ehh, bueno, valga la redundancia, porque si usted dice ser un hada, y mi madre, también lo era...
- Sí, algo parecido a las historias mágicas del cine, el séptimo arte y los cuentos digitales, en esta época, porque antes, cuando me reunía con mi nieta, los cuentos eran impresos. No creas que, estoy fuera de onda, sé de todas esas cosas actuales, desde el w******p, hasta las r************* . (Risas)
- ¿Cómo es eso posible?, se supone que usted, si es lo que dice ser, no debería conocer o manejar nada de eso.
- Lo conozco, más no lo manejo. Tengo una nieta, y también tuve una vida normal, solo que, a raíz de la batalla, donde las hadas de mi reino y otras criaturas mágicas, perdieron la vida y quedaron cautivas en la fuente mágica de luz, entre ellas, tus padres, pues, tuve que volver al Reino, a intentar acabar con las entidades malignas que se robaron la paz y la alegría de la Tierra de la Eterna Juventud.
- ¿A intentar acabar con ellos?, ¿Quiere decir que mis padres, de alguna manera, viven, en esa fuente mágica de la que habla?
- Exactamente, ellos viven, pero cautivos en esa fuente. Y, respecto a intentar acabar con el mal, solo es posible, a través de ustedes, la descendencia de ellos.
- Pero, no entiendo, ¿cómo pueden estar vivos allí?, eso pasó hace mucho tiempo.
- Es posible, claro que lo es. Nosotras las hadas, tenemos poderes mágicos, así como Agatha, Denisse, Caridad, Regina y mi amada Constanza. Sólo que mi poder, es mayor, por ser quien las rige.
- Entonces, ellas también...
- Sí, Ignacio, ellas son hadas, y, yo he hecho que los destinos de cada uno de ustedes, se unan.
- ¿Con qué fin?
- Es importante, acabar con el mal que acecha en nuestro hogar, el mismo mal, que nos desterró de él y los Dioses de la Dimensión Perdida y yo, no podemos hacerlo, sin la ayuda de ustedes, como ya te había dicho.
- ¿Cómo podemos ayudar nosotros?, si usted, es la Reina, y tiene poderes, pues...
- Es cierto, soy la Reina; Ignacio, pero, sola no puedo, el 95 por ciento de mis poderes, se quedaron en mi talismán, el cual, fue robado por Abalam, el príncipe del infierno, quien, lo maldijo el mismo día en que se apoderó de él, me quedó un 5 por ciento, que se me va acabando cada día que pasa, por eso, necesito que las hadas y los elfos, se reúnan con los otros seres mágicos vivientes, y, me ayuden a recuperarlo, siendo esa la única manera, de poder devolver a las almas cautivas a la Tierra de la Eterna Juventud.
- ¿Debemos luchar contra el mal, las chicas y yo?
- Y, Don Alvaro, Bruno, Sebastián, Robert y Fabián.
- Ellos, ellos también son...
- Sí, son hijos de hadas y humanos, por lo tanto, son como tú y como las chicas, a excepción, de Don Alvaro, que, fue el único sobreviviente de esa primera batalla.
- Pues de ser así, aunque, sigo sin entender varias cosas, algo dentro de mí, me empuja a hacerlo. Una voz, en mis adentros, me dice que la ayude, pero, ¿qué hay de Agatha?, usted, me dijo que, estaba en peligro. ¿De qué manera podría ayudarla?, ¿Sabe usted, donde está ahora?
- A medida, que, vayas acercándote a tu mundo mágico, irás entendiéndolo, por ahora, no solo yo te agradezco tu intención de ayudar, sino todas las almas cautivas. Con respecto a Agatha, en este momento, está en Darknever, se ha ido con sus amigas y un grupo de excursionistas, para llegar a Firenever, a rescatar a Caridad y a esta lucha contra las entidades del mal, pero, sí, ahora está en peligro, es necesario que, tú, estés a su lado, aunque ella sabe protegerse y sus guardianes, también lo hacen, el amor, siempre va a ser el amor. Este, siempre será, la mejor medicina para el alma, para los miedos, para hacerse más fuerte y para combatir, el mal y hasta la soledad.
- Entonces, dígame, ¿cómo puedo llegar a ella?, atravesar a pie, las montañas de Firenever, me llevará mucho tiempo.
- Por eso, no te preocupes, llegarás a ella, en un pestañear, solo debes concentrarte en ello. Por los momentos, te dejaré, para que, continúes en tu escritura.
- Ahora que me ha contado todo esto, dudo mucho, que pueda concentrarme en escribir un verso más, sabiendo que mi amada Agatha, está en peligro.
- Antes de llegar, le estabas escribiendo y recitando poemas, aun, sin verla, síguelo haciendo, esa será la única manera, que llegues a ella, sin necesidad de recorrer el Complejo de las Montañas de Firenever, solo a través de las letras, podrás estar a su lado. Recuerda que, entre poemas, fue que se enamoraron.
- Pero, de verdad, ¿podré llegar a ella?
- Cree, Ignacio, sólo tienes que creer para que el universo y tu poder interno, te lleven a tu amada.
- Así lo haré, Danu.
- Ahora, me voy, debo hallar a Sebastián, a Robert y a Fabián y hacerlos llegar a las montañas. No lo olvides, Ignacio, cree.
Al terminar, de decir estas palabras, Danu, desaparece de los ojos del poeta, quedándose éste, pensativo, atando los cabos sueltos, mientras su musa, vuelve a despertar del sueño profundo, donde se sumergió por un instante, y, este, a su vez, toma su tetra pack de tinto de verano, le da un sorbo largo, sale al jardín donde había dejado su pluma y su cuaderno, y, comienza a escribir para Agatha.
“¿PARA QUE ESCRIBO?
Escribo
para enamorarte
para enamorarse
para enamorarnos
imaginando que la vida
es más que el tiempo
que deseamos encontrarnos
buscándole un sentido
a los segundos que transcurren
entre el pestañear
al mirarte
al mirarse
al mirarnos
temblando de miedo
al rozarme
al rozarte
al rozarnos
entre susurros traslúcidos
sobre los labios.
Escribo
entre líneas manuscritas
unidas
a la vejez de los siglos
encontrándome
encontrándote
encontrándonos
en los estantes
de alguna tienda de antigüedades
incrustados
en el zafiro de alguna joya
para
adornarte
para
adornarme
para
adornarnos
esos sueños
a los que no hemos renunciado
y ser reliquia
en la cúpula
de alguna catedral desconocida.
Escribo
para
vivirme
revivirte
y revivirnos”.
- Agatha, he de llegar a ti, a través de una lluvia de letras hechas poema.
“Ella es como un manjar de melocotones
resbalando en las montañas de Firenever
a horas del mediodía
dulce y espesa
y por las tardes
es como las fresas con crema chantilly
glaseada de sentimientos
Su sonrisa
adorna el abrazo entre los planetas
en una galaxia dispersa
bañada en arequipe
y el color de su piel
es una lluvia de vainilla
sobre una torta de zanahoria
Ella vibra avasallante
cuando camina
dejando a su paso
el aroma tropical de la cocada
y de las rosas que recoge el horizonte
Tiene las manos suaves
como la caricia de las estrellas
reencontrándose con el sol
y su aliento a cappuccino canela
acompañado de una dona de chocolate y maní
invitándote a merendar instantes
Ella es el pálpito de mis te quieros
embardunados de miel
Condensada en el hilito de la luna
en el trinar de las madrugadas azules
Ella cuelga entre la copa de los árboles
danzando
en el suspiro de los ángeles
Es ella una mezcla de sensaciones explosivas
brillando en estas calles londinenses
encalideciendo almas
amando en el vaivén de los sueños
guerreando cada nuevo amanecer
entre papeles y números
y auras y rituales y hechizos
sumando alegrías de azúcar
y semillas de conciencias estacionadas
en el ulular de la rutina
Ella seduce con miradas de confeti
y se asoma a la ventana incierta del futuro”.
Y, continúa escribiendo poemas para Agatha, de hecho, llegó a pensar que, al volver de la Gran Batalla por Fairy Folk, publicaría un poemario, con ese nombre: “Poemas para Agatha”, título que se repetía una y otra vez, hasta convencerse que así lo llamaría.
“Aunque a veces las cosas no salgan como "alguna vez" las planeaste...
alégrate de haberlas vivido en la medida en que se fueron dando.
Alégrate de haber dado de ti todo cuánto pudiste sin importar si ahora solo te vean los defectos.
Alégrate de haberle regalado una sonrisa pícara a alguien que te hizo ver una vida gris irradiándola de muchos colores.
Alégrate porque una vez le dijiste adiós a las arrugas de una camisa y ésta volvió a ser joven.
Alégrate porque muchas tardes y muchas noches viajaron en vías lácteas de somaris, bailes, besos, guitarra, alcohol y la espera del mensaje del día siguiente.
Alégrate porque hubo alguien que se fijó en la "invisibilidad" de tu alma y la hizo vibrar cada fin de semana.
Alégrate porque te rodeaste de gente con una vibra maravillosa y que está latente en la misma frecuencia.
Alégrate si sentiste y disfrutaste del calor de su piel y de la compañía de alguien a quien amaste, has amado o aun crees que amas aun estando tan cerca y a la vez tan lejos.
Alégrate, aunque ahora haya lágrimas en tus ojos y tengas a tus neuronas haciéndose mil y una preguntas sin respuestas naufragando en el mar profundo de tu razón.
Alégrate porque a pesar de tantas cosas, de tanta tristeza, soledad, malos tratos, malas contestas, la localización de todos los defectos o errores y el río de fracasos que acumulados puedas tener, también puedes encontrar en este poema y en tu día a día, en tus recuerdos y hasta en una vida inmerecida (si así lo crees), una razón para creer de nuevo, para sonreír, una lucecita al final del túnel, una razón para crecer, creer y hasta luchar...
Alégrate... porque al final de todo... No vas a estar sola.
Alégrate a pesar de las adversidades
Alégrate por respirar y por ser o haber sido especial para alguien
Alégrate porque el día de hoy comenzó soleado, aunque haya terminado un poco nublado
Alégrate porque, te han regalado muchos te amos o te quieros o te extraños, aunque hayan noches en que los olviden
Alégrate porque hasta el más insignificante rayito de sol es capaz de derretir el Iceberg más grande e invencible del océano”.
Ignacio, continuaba escribiendo poemas para su amada, con la convicción, que esa, sería la mejor manera de reencontrarse con ella, esté donde esté, así sea el lugar más inhóspito del mundo; creyendo en cada palabra, en cada palpitar, en cada sonrisa que disfrutó de Agatha y ha disfrutado desde que la conoció. Al cabo de unos diez o quince minutos, en los que él, sigue inspirado, ordenando pensamientos para plasmarlos en su cuaderno, el cielo, se nubla hacia las montañas de Firenever, situación que a él, le comenzó a preocupar, sin saber exactamente por qué, claro, sabía que su amada Agatha, se encontraba viajando en esa dirección, más lo que no sabía, era qué tipo de peligro ella, corría, entonces, se dispuso a escribir una y otra vez, tantos versos, con tanta devoción, con tanto amor, con tanta entrega que, mientras él lo hacía; Agatha, quien se encontraba inconsciente en el Jardín de Darknever, sentía que hallaba una luz, que la acercaba a la vida y no a la muerte, donde las hadas y el grupo de excursionistas que la acompañaban, pensaban que estaría a esas alturas, pues llevaba sin reaccionar al menos dos horas.
Ignacio, siente en su alma, un deseo infinito, por estar al lado de Agatha, cierra los ojos y solo visualiza su rostro angelical y misterioso, y su mirada pícara, desbordándolo. Sabía que debía estar a su lado, luchar con ella, en todo momento, para salvar La Tierra de la Eterna Juventud, para salvar a sus padres, a Caridad o al mundo, pero, era algo que sentía vibrante en su corazón, que lo hacía ver mucho más allá de los girasoles, que adornaban la cerca de su jardín. Fue en ese entonces, en el que sus pensamientos, lo llevaron a Firenever, las letras de sus cartas y poemas, comenzaron a llover como pétalos tan blancos que imitaban la pureza del amor primero y tan rojos, expresando la pasión de dos amantes en el cálido fulgor de una hoguera, sobre el cuerpo inerte de Agatha, junto al riachuelo, donde las hadas y los seres mágicos, la habían bordeado de luz y flores, pues, creían que no habría manera de devolverla a la vida. Él, aparece de la nada junto a Agatha, mientras Denisse, Bruno, Regina, Constanza, Don Alvaro y los demás, se quedan boquiabiertos, observando la llegada de Ignacio, entre los destellos de letras iluminadas, que iban bajando del cielo, como estrellas, formando así, su silueta.
Todo el jardín, estaba alfombrado de letras, éstas, también colgaban de los árboles, y hasta del hilo de la luna, que se asomaba a lo lejos, mientras Agatha, siente la caricia de Ignacio, en su mejilla, ahora sonrojada. Despierta y lo primero que divisa es, a ese caballero de versos que ha llegado como un príncipe en su unicornio blanco, para salvarla de las garras del mal.
- Ignacio estás aquí -. Susurra.
- Sí, Agatha he venido a por ti.