Mensajes Recibidos del Universo

5000 Words
Denisse, miraba la ciudad desde el ventanal, que, estaba cerca de su cubículo, perdiéndose entre los edificios que circunferenciaban, el del periódico, donde ella se encontraba en ese momento, aparentemente, trabajando. Aunque en realidad, pensaba, solo pensaba en el descubrimiento del complejo de Las Montañas de Firenever y en todo lo que, además, podría conocer, en ese viaje que haría. De alguna manera, estaba emocionada, pero a su vez un poco acongojada, quería saber de Bruno, quería conocer más de la historia de las hadas, quería incluso, tener la posibilidad de saber si era correspondida, eran muchos los pensamientos que la abrazaban en una burbuja de confusiones. De pronto, recordó que casi llegaba la hora de encontrarse con sus amigas para asistir al pub en el Río Támesis, donde disfrutaría, además de la compañía de las cinco luces, del hermoso ocaso que se veía desde allí, el cual sería un hermoso espectáculo, digno de una nota en su columna del periódico. De pronto, voltea a mirar el reloj digital que tiene en su escritorio y se da cuenta que le falta poco para culminar su jornada. - ¡Cielos!, es casi la hora de salida y aún no sé dónde me encontraré con las chicas. ¿A quién le escribo para que me diga el lugar de encuentro? Se pregunta, mientras desliza los contactos en su móvil. En ese momento, recibe un mensaje. Era Agatha; por lo que, lo abre y lee: - “Hola mi querida Deni, recuerda que hoy es el segundo encuentro, donde, por cierto, nos contarás lo que dejaste pendiente anoche, no te vas a escapar de ello. Nos veremos en las cercanías del Puente de La Torre, a las cinco en punto. Si puedes estar antes, mejor. Si te demoras, avisas. Bye”. Denisse, relee el mensaje recibido, un par de veces, pues no tiene la cabeza en su sitio, sino perdida en sus pensamientos y sus fugaces anhelos. - Qué bien que no fue necesario llamar, ya tengo el sitio, solo me toca esperar que, como en la preparatoria, suene el timbre de salida y listo, tomo mis cosas y salgo de aquí. Si tan solo el Señor Argimiro, supiera lo estresada que me tiene con el asunto del reportaje, pero no sé cómo hacérselo saber, a ver si me deja en paz por un instante, ni siquiera teniendo ya el lugar a visitar y de lo que se hará la investigación, me ha dejado tranquila. Piensa Denisse, a modo de monólogo interno. De lejos, divisa a Andrew que viene hacia ella, por lo que le hace un gesto de llamado con la mano derecha, el muchacho, apresura el paso y se acerca: - Hola Denisse, ¿Cómo te fue con el sujeto en cuestión? - Hola Andrew, pues bien, quedó contento y emocionado. - ¿Ah sí?, me alegro mucho, por fin te lo sacarás de encima por un rato, hasta que hagas el viaje y realices el reportaje estrella, el más esperado por el jefe y por todos los diarios de la competencia. - Pero no es sólo eso, hay más. Exclama, Denisse mientras lo mira fijamente. - ¿Hay más?, ¿A qué te refieres? - Es que, ahora quiere acompañarme, es decir, a acompañarnos a visitar la montaña. - ¿Cómo así?, a ¿Acompañarnos?, no comprendo, explícame. - Sí, es que, como sabes debo ir a visitar la montaña para el reportaje, no es suficiente con la información que me mandaste y como es necesario, tomar fotos, yo, me tomé el atrevimiento de decirle al jefe, que el fotógrafo eras tú y Don Argimiro, quedó tan impresionado, que se auto-invitó. - Bueno, por mí no hay problema, yo puedo ingresar a la montaña, una vez más, pues, conservo el amuleto para protegerme de los espíritus errantes de la montaña, pero, ¿y él? ¿Le hablaste de tener una protección para adentrarse allí y poder salir con vida? - Ummm, creo que se lo mencioné, pero ese señor es tan terco, que sé que con o sin tener un amuleto, irá. De hecho, ya pidió los viáticos al Departamento Administrativo del periódico y de los permisos, no hay que preocuparse, porque él mismo los genera. - Eso no me gusta nada, Denisse. Es sumamente peligroso, habrá que conseguirle uno, sólo que, en eso, no puedo ayudarte. La persona que me dio el mío, no está por estos lares. - Yo tengo a alguien que nos puede ayudar con eso. De hecho, hoy la veré, le preguntaré de qué manera nos podrá echar una mano. - Recuérdalo, sin amuleto de protección, nadie, absolutamente nadie, puede entrar a la montaña o de lo contrario, corre el riesgo de no volver jamás. - Lo sé, Andrew, lo sé. - Bien, ahora me tengo que ir, tengo unos asuntos pendientes antes de terminar la jornada. Me estás avisando, ¿de acuerdo?, por cierto, aquí tienes mi número. Le dice, entregándole una tarjetita azul. - Está bien, gracias por tanto apoyo Andrew, te vuelvo a preguntar, ¿Qué haría yo sin tí? Comenta, Denisse con mirada tierna. - (Risas), como ya te dije, estamos para ayudarnos. Nos vemos, preciosa. Cuídate. - Gracias de nuevo, cuídate tú también. Adiós. Luego de despedirse y guardar la tarjetita en el bolsillo delantero de su pantalón, Denisse, vuelve a mirar el reloj de su escritorio, dándose cuenta que ya falta poco por salir, de manera que toma su móvil, el estuche para los cosméticos y se levanta con dirección al tocador, para darse unos retoques antes de abandonar su lugar de trabajo. Por otra parte, Constanza, después de haber terminado la reunión con su jefe y el hijo de él, y, habiendo culminado el trabajo con todos los fotógrafos y maquillistas de las modelos en la Agencia, entra a su oficina, un poco exhausta, el día ha sido largo, muy largo para ella y va llegando el momento de despejar su mente y olvidarse de todo por un rato. Se sienta en el pequeño sofá que tiene en la oficina, con el móvil en la mano, comenzando, como sus amigas, una conversación con sus pensamientos, mientras revisa los mensajes recibidos: - ¡Wow!, ¡Qué día, el que he tenido hoy!, ha sido demasiado estresante, entre las modelos desabridas, los fotógrafos aburridos y los maquillistas, a quienes hay que estar dándole empujones para que hagan su trabajo y para colmo, el Señor Franciscello, con su idea de ser yo, quien se encargue de la Presidencia de la Agencia, cuando él se retire, sin contar al loco de ésta mañana. Definitivamente, para irse directo al manicomio. Por unos minutos, abraza el cojín que adorna el sofá donde se recuesta a amilanar sus pensamientos, el mismo que la escucha en las tardes de soledad e incluso en las noches, en las que se ha quedado trabajando hasta la madrugada. - Abuelita, si estuvieras aquí, no sabes la falta que me haces. Necesito abrazarte, sentirme fuerte en tu calor, no concibo la vida sin tu compañía, necesito tus consejos, tu mirada de amor, tus cuentos de hadas los jueves por la tarde, la suerte que me dejabas en cada pétalo a la orilla de la cama cada amanecer, me haces tanta, tanta falta, que no me hallo, abuelita de mi corazón. Constanza, le habla a su abuela, sin siquiera imaginar que ella está allí, mirándola desde el otro extremo de la oficina, mientras solloza al ver a su nieta, rompiendo en llanto a causa de su ausencia. Sin saber qué hacer, para que ella no sufra tanto, opta por tomar un poco de polvo de hadas rosa-magenta y soplarlo sobre su cabeza y sus hombros, alejando la tristeza de su corazón, enviando pensamientos y recuerdos felices a su mente. De pronto, se seca sus lágrimas, elevando al cielo, un beso, imaginando que su abuela lo recibe en su mejilla. En ese instante, se posa en sus sienes, la llegada de Fabián, su gran amor, lo que hace que, en su rostro, se le dibuje una tonta sonrisa. Cerrando los ojos, lo piensa, vuelve a sonreír, buscando los mensajes que éste le envió hace unas horas atrás y que lee, una, dos, tres, cinco, siete veces más. Aún, no puede creer que esté de vuelta en su vida. - Le escribiré a ver si se instaló y descansó un poco, ya casi debo salir y la verdad, no creo que nos veamos antes del encuentro con las chicas, no puedo atrasarme. “Hola, Fabián, ¿cómo vas?, ¿descansaste?” Mientras espera que le conteste, se levanta del sofá, busca su cartera, saca un peine y un espejito de mango dorado, similar al de las princesas de Disney, para peinarse un poco y el polvo compacto, el rubor rosa pastel junto con un labial rosa clarito para no estar tan desaliñada al irse, para el encuentro con sus amigas. Suena el móvil, es un mensaje de Fabián: “Mi princesita, sí, he descansado pero lo que más me ha gustado es que he soñado con nuestro encuentro”. Constanza, piensa qué puede contestarle, pues, es probable que, por la hora y la premura que tiene en llegar al sitio de encuentro, con sus amigas, no lo vea sino hasta la noche, después de disfrutar de ese ocaso mágico, aunque, vuelve a pensarlo, preguntándose a sí misma, si sería buena idea invitarlo, pero, llegando un poco más tarde, por lo que le contesta: “Fabián, me alegra mucho que hayas descansado del viaje, pero, creo que no podremos vernos, sino hasta mañana por la tarde, pues tengo una cita importante con mis amigas y ya casi, es la hora de ir a su encuentro”. Al enviar el mensaje, se queda pensativa, sin tomar aún la decisión de convidarlo para que se acerque al pub, o, esperar hasta mañana para verse. Mientras, se decide, continúa poniéndose hermosa, maquillándose. No habían pasado dos minutos, cuando recibe un nuevo mensaje de Fabián: “No te preocupes, mi princesita, sé que he llegado sin ser esperado, y, que ya tendrías tus planes; planes, que no vas a cambiar por mí, de manera que, será hasta mañana. Si te he esperado tantos años, que te espere un día más...” Constanza, lee y relee, el mensaje una y otra vez, mientras suspira, emocionada, tratando de tomar una decisión correcta. - ¿Será que lo invito, para que se acerque al anochecer?, después que nosotras hayamos conversado de los temas pendientes. Pero, no sé si sería conveniente, pues, que él llegue allí, a compartir conmigo, y, las chicas, por otro lado. ¡Dios mío!, ¿Por qué seré tan indecisa? Aún sin saber qué hacer, decide, escribirle a Agatha: “Hola, amiga, ¿cómo estás?, ¿vas ya camino al Puente de la Torre? Necesito tu ayuda, estoy en una encrucijada, ¿podrías ayudarme? Inmediatamente, recibe respuesta: “Hola, querida Constanza, todo bien, aún no, estoy con Caridad en una misión importante y luego pasaremos por Regina. Cuéntame, ¿qué necesitas? Al recibir el mensaje, Constanza, se sorprende al saber que Agatha anda con Caridad, pues, para nadie es un secreto que, aun siendo amigas de siempre, no se la llevan muy bien que se diga, por sus creencias e ideales. - ¿Qué se traerán éstas dos?, ¿Qué hago?, ¿Lo averiguo o le pregunto si sería conveniente, invitar a alguien al pub, al anochecer? Después de mucho pensarlo y aunque la curiosidad, le estaba bailando tap en la cabeza, decidió preguntar lo que le interesaba. “Caridad y tú, ¿juntas?, eso debe tener una buena explicación. Pero, por lo pronto, lo que quiero saber es, si ¿habrá algún inconveniente, en que invite a un amigo, ésta noche, a nuestro encuentro?” Mientras, espera respuesta de Agatha, le envía otro mensaje a Fabián: “Me gustaría verte, antes de ir con mis amigas, tal vez, podamos vernos unos minutos, ¿te parece bien?” Constanza, termina de arreglarse, coloca el espejo, el peine y la cosmetiquera en su bolso, busca el perfume, el cual se echa desde los pies hasta la cabeza, lo guarda nuevamente en su cartera y ordena algunos pendientes en su oficina, de donde se dispone a salir, cuando recibe el mensaje de Agatha: “¿Un amigo?, creo que las únicas que tenemos algo que contar, no somos Cari y yo, sino también tú, pero mientras llega ese momento, pues, sí, no hay problema, Ignacio y yo, también quedamos en encontrarnos junto al Támesis”. Habiendo recibido la respuesta que esperaba, le marca a Fabián: Ring, Ring, Ring - Aló, Fabián, es Constanza, pasaré por el hostal un instante antes de seguir al encuentro, así conversamos un rato. - Aló, mi princesita, está bien, te espero. - De acuerdo, voy saliendo, como estás cerca, estaré allá en unos diez minutos. - Estoy en el piso cinco, habitación cinco raya dos. O ¿prefieres que te espere en el lobby? - No, subiré hasta allá, hasta entonces. - Bien, aquí estaré. Al salir de su oficina, Constanza, está que brinca de la emoción, aún sin saber si sería bien visto, que una señorita suba a la habitación de un hombre solo, pero, no le importaba, sólo quería verlo, abrazarlo y saber que iba a estar allí para ella, después de tanto tiempo en ausencia. - Esperanza, me voy ya, lo que necesites, estoy al móvil, aunque también deberías irte a descansar, demasiado trabajo, por hoy. - De acuerdo, señorita Constanza, sí, ya me voy, completo unos formularios que dejaron unas modelos pendientes y será hasta mañana, que volvamos a la rutina. - Okey, hasta entonces. - Que le vaya bien, señorita y disfrute. - ¿Que disfrute?, ¿se nota que no voy a casa? - Sólo le diré que tiene un brillo inexplicable en sus ojos. Le dice su asistente, mientras sonríe, cómplice. - ¿Tanto se me nota? - Si le digo, que mucho, sería poco. Además, despide un aroma, delicioso, a felicidad. - En ese caso, es un secreto entre tú y yo. - Claro que sí, no se preocupe. - Adiós, Esperanza, cuídate. - Adiós, señorita, igual. Constanza, sale del edificio, campante y feliz, pensando que a pesar de todo lo que ha pasado, de toda la oscuridad donde ha estado inmersa, en todo éste tiempo, por fin ha encontrado un rayo de luz, que le cambie su perspectiva de vida. Mientras lo hace, desde lejos, su amada abuela, sonríe, encantada por ver a su nieta, flotando en nubes de algodón. Entretanto, Caridad y Agatha, llegaron al lugar en que estaba ubicada la estación de policía: - Vamos Cari, bájate del taxi. - No, Agatha, no fue buena idea venir hasta aquí, creo que lo mejor es que nos vayamos a por Regina, de lo contrario, llegaremos tarde. - Ah, no, usted y yo vinimos hasta aquí con una misión y no nos iremos hasta haberla conseguido. Agatha, le paga al chofer por el servicio prestado, mientras empuja a Caridad, a salir del auto. - Muchas gracias, señor, que esté muy bien. - Gracias a ustedes, señorita. ¿Gusta que las espere?, escuché que deben buscar a alguien más. - No señor, no se preocupe, no sé cuánto tiempo, nos demoraremos aquí. - De acuerdo, hasta luego. - Hasta luego, que le vaya muy bien. Dice, mientras cierra la puerta y Caridad, la espera, impaciente. Mientras, las amigas, se acomodan un poco, Agatha, mira hacia los lados, buscando una panadería o algún lugar dónde puedan encontrar algún bocadillo, para comer, pues no habían almorzado y los estómagos, ya comenzaban a rugir. - Agatha, tengo hambre, no como desde que desayuné en casa y eso fue muy temprano. - Deja de quejarte, Cari, pareces una niña de cuatro años. Mira, allá, hay una tiendita, tal vez encontremos algo que comer. Dice, señalando hacia su izquierda. - ¿Qué dirás al entrar a la comisaría? - No sé aún, pero podemos comprar algo aparte de lo que comeremos nosotras, para llevárselo al Capitán, como agradecimiento por la atención brindada ésta mañana, ¿qué te parece?, es una buena idea ¿no? - No sé, Agatha, inventas mucho. ¡Tienes una creatividad, que Dios te la guarde! - (Risas), lo sé mi querida Caridad, lo sé. Y también sé, que de aquí no nos vamos, por lo menos hasta que hayamos conseguido una cita con el apuesto policía. Así que, andando. Exclama, mientras le da un leve empujoncito en la espalda. Ambas, caminan con dirección a la tiendita, mirando para todos lados, como pajaritos en rama. Al llegar al comercio, hay varios policías alrededor, por lo que entran, y, mientras lo hacen, reciben silbidos y piropos de parte de éstos. Agatha, camina contoneándose, en modo coqueta y Caridad, un poco abochornada, sigue caminando, normal. Se acercan a la vitrina, donde están todos los pastelillos en venta y Agatha, le dice al encargado: - Buenas tardes, por favor, sería usted tan amable, de despacharme una Tarta Bakewell, una docena de galletitas de mantequilla, éstas para llevar y cuatro bollitos de almendras y arándanos, un Earl Grey y un frapuccino, para consumir aquí. - Buenas tardes, hermosas señoritas, claro que sí, pueden tomar asiento mientras esperan su orden, la misma sale en unos cinco minutos. - De acuerdo, muchas gracias. Esperaremos por aquí. Mientras esperan, Agatha, sigue mirando de un lado a otro y le pregunta a Caridad si entre esos policías, está el Capitán Apuesto. - Cari, ¿es uno de ellos? - No, Agatha, ninguno, hasta ya se habrá ido para su casa y nosotras aquí, perdiendo el tiempo. - Nada de eso, Cari, algo me dice que está cerca, siento su vibración, y, es impresionante, pero, aunque no lo conozco, siento una conexión muy grande, algo colosal. - Colosal, será el reclamo de Regina por no pasar a por ella, a tiempo. - ¡Oh, sí! Regina, la había olvidado por completo, la llamaré a ver si ya terminó. Mientras lo hago, échate un vistazo, seguramente “La Misión”, está cerca o a punto de llegar. - ¿Cuál misión?, no te comprendo. - Bueno, bueno, me refiero al Capitán Apuesto. Le contesta Agatha, marcándole a Regina. Ring, ring, ring... - Agatha, sigo aquí con los ejecutivos, han llegado unos inversores y se han instalado, procuraré despacharlos en breve, para poder irme, sino se extenderán hasta quién sabe qué horas. - No te preocupes, amiga, tómate tu tiempo, Caridad y yo, andamos en una misión y Constanza, va a hacer una vuelta, antes de llegar al Puente de la Torre, que es el lugar de encuentro. - ¿Y Denisse?, ¿se han comunicado con ella? - De Denisse, no sé, creo que aún no sale del periódico. Aún es temprano. Además, recuerda que ella anda enrollada con un tema de vida, muerte o éxito con el jefe. - Bueno, bueno, no me puedo extender mucho por teléfono, te enviaré una señal cuando esté por terminar, ya casi vamos por el postre. - Perfecto, así nos dará tiempo a nosotras de terminar la misión en la que estamos, buscar un taxi y pasar a por ti. - Vale, vale, me tienen que contar esa misión. Hasta entonces. Ambas cuelgan en el mismo instante. - Sale una orden para las hermosas señoritas que iluminaron todo el lugar. Dice, el encargado del establecimiento, mientras se acerca a la mesa, donde se encuentran esperando. - Muchas gracias, señor. Éstos bollitos se ven deliciosos. - No sólo se ven, sino que también, lo están. Buen Apetito, bellas damas. - Gracias, contestan las dos, al unísono. Cuando el señor, se retira, Caridad, le dice a Agatha: - ¿Qué te ha dicho Regina?, está molestísima, esperándonos, ¿cierto?, deberíamos irnos. - No, no, nada de eso. Regina, sigue ocupada, ahora con unos inversores. Así que tenemos tiempo de sobra. Ya te dije que no nos vamos hasta que aparezca “La misión” y concertemos una cita, así que come, que, si no viene hasta aquí, iremos hacia él. - ¿Vas a seguir con el asunto? - Sí, hasta que no lo consiga, no estaré tranquila. Mmm, esto está divino, creo que pediré media docena para llevar. - No puedo contigo, ¿En qué momento vine a caer en tus redes? - Mi queridísima Cari, caíste, en el mismo momento en que decidiste llamarme para despejar tus dudas. Ahora, no te quejes. De repente, mientras ellas siguen en su conversación, aparece, entre la luz del sol y la de la tiendita, una silueta masculina escultural, que Agatha, al ver, se le derrama un poco de su frapuccino, de lo sorprendida que quedó. - ¡Oh!, ¿De dónde salió esa majestuosidad de hombre? ¿Están cayendo los ángeles, en éste lado de la ciudad? - ¿De qué hablas, Agatha? - De eso. Le contesta, señalándole al policía que acababa de entrar a la tienda y que saludaba a los otros que estaban allí. Cuando, Caridad voltea, se da cuenta que el hombre majestuoso al que su amiga, se refería, era nada más y nada menos que el Capitán Marble, Robert Marble, en vivo y directo. - Agatha, es él. Él, es Robert, el Capitán que muy amablemente, me atendió ésta mañana. Acota, Caridad, algo sonrojada. - ¡Oh, my God!, pero ¡Qué hombre tan divino! - ¡Dios mío, Santísimo!, qué cosas dices. Exclama, Caridad un poco apenada e intentando esconderse, para que el policía, no la viera. - ¿Por qué te escondes, Caridad, no estás viendo llegar, al semejante bombón, que te invitó a salir? - Precisamente por eso. No quiero que me vea, dirá que lo estoy persiguiendo. - ¡Por favor, no seas tonta!, mira ahí viene, ahí viene. Compórtate normal, como si no hubiésemos venido aquí por él. Caridad, trata de componerse de la impresión pero ya era un poco tarde para ello, el policía, se acerca a la mesa, donde están las amigas, degustando sus bollitos y sus bebidas. - Buenas tardes, señoritas. Buen apetito. - Buenas tardes, señor policía. Gracias. Contestan las amigas. - Mucho gusto, soy el Capitán Robert Marble, un placer. Le dice, el policía mientras extiende su mano, con dirección a Agatha. - Mucho gusto, Agatha Fernández. Ella es mi amiga... El policía, no dejó que finalizara la oración, y, volteando hacia donde estaba Cari, dijo: - Caridad Alvarado, un gran placer, verla nuevamente señorita. - Ho.. hola, buenas tardes, Capitań Marble, ¿cómo le va?. Le dice, un poco nerviosa, mientras le estrecha la mano. - Estaba bien pero, ahora me encuentro mucho mejor. No pensé que volvería a verla, tan rápido, algo que me llena de profunda alegría. - ¡Ah!, ¿ustedes se conocen?, ¿de dónde?. - Sí, hoy, la señorita Alvarado, estuvo por aquí, formalizando una denuncia, por un hecho ocurrido en las inmediaciones, ésta mañana. - Oh, ¿fue en ésta comisaría, dónde pusiste la denuncia por el loco acosador? - Sí, Agatha, fue aquí, donde también me atendieron muy amablemente. - En ese caso, hemos llegado al sitio correcto, a la hora correcta. El universo ha conspirado para que éste encuentro se de. - Si usted lo dice, pues, le creo. Sinceramente, pensé que pasarían muchos días, antes de volvernos a encontrar. - Pues, ya vio que no fue así. - Sí, yo, quedé en esperar su llamada, pero, como dice mi amiga, quizás el universo haya conspirado con el destino para encontrarnos aquí, ésta tarde. Exclama Caridad, un poco apenada. - Dudé en marcar su número y llamarla señorita Alvarado, pues, me había dicho que estaría muy ocupada, pero, ya con éste mágico encuentro, me doy por servido. No fue necesario usar la tecnología, para hacerlo, ya que lo logré teniéndola en mis pensamientos todo el día. Agatha, Caridad y el apuesto policía, Robert Marble, continúan una amena conversación, acerca del universo y su conspiración respecto a los deseos de aquellos seres que creen en él, de las almas gemelas, de ellas, de él y de lo que hacen para ganarse la vida, así como también de los locos que andan por la calle, acosando señoritas indefensas. - ¿Nos aceptarías éste presente?. Dice Agatha, ofreciéndole al Capitán la Tarta Bakewell. - ¡Oh, señoritas!, sería un gusto, de hecho, permítame decirles que es mi postre favorito, pero, ¿Cuál sería el motivo? - Para agradecerle lo que ha hecho por mí y por la atención que me ha brindado, ésta mañana. Acota, Caridad, sonriéndole. - No es necesario, es mi trabajo, aunque también fue un gusto, porque a raíz de ese incidente, el tiempo o la conspiración del universo, me permitió conocerla. Le contesta Robert, amablemente mientras la miraba dulcemente. - Bueno, yo voy a cancelar el pedido a la caja. Los dejaré para que conversen un rato más y luego, nos vamos Caridad, tenemos una cita pendiente. Dice, Agatha, levantándose del asiento. - Fue un placer conocerla, señorita Agatha, espero volverla a ver. - También fue un placer para mi y claro, que nos volveremos a ver, está escrito. Robert, se queda pensativo, al escuchar las palabras de Agatha, como si ella predijera el futuro. Caridad, enseguida, lo saca de sus pensamientos diciéndole: - No le prestes atención, ella habla así. Cree en las casualidades y en el destino. - Y tú, ¿no crees en el destino? - Creo que el tiempo de Dios es perfecto, nada sucede si Él, no mueve las fichas. - Suena lógico, ¿nos volveremos a ver?, me encantaría conocerte mejor, Caridad. - ¡Claro!, tiene mi número, puede llamarme cuando quiera o cuando pueda. - Puedes tutearme, yo, no sé si te parezca bien, pero ya lo estoy haciendo. - De acuerdo, Robert, cuando quieras o cuando puedas, me llamas y nos vemos. - Me encantaría hacerlo en la brevedad posible, ¿quisieras guardar mi número? - ¡Sí, por supuesto! Caridad, saca su móvil del bolso, mientras él, le va dictando el número y ella, lo va anotando en su libreta de direcciones, lo guarda y se dispone a despedirse de él, pues, ya Agatha le hizo una pequeña seña desde la entrada del establecimiento para que se despidiera. Había llegado la hora de marcharse. - Robert, debo irme, me dio mucho gusto verte de nuevo. - El gusto ha sido mío, Caridad. Le responde Robert, mientras le toma la mano y la besa, suave y delicadamente. - Hasta luego. Disfruta la tarta. - Hasta una próxima vez. Y, claro que la disfrutaré, pensaré en ti, cuando pruebe cada bocado, si no hay problema. Caridad, lo mira con ojos de ternerita embelesada y le sonríe. Se vuelve a despedir y se va. Agatha, quien la toma del brazo, al salir de la tienda, le dice: - Menos mal que no querías venir, si no te hago señas, aún estarías ahí. Regina, está a punto de salir de su reunión, vamos, que se hace tarde. - Tú me trajiste a empujones, prácticamente. ¿Qué mas podría hacer, sino disfrutar del instante, en buena compañía? - ¡Caridaaaaaaaad, me sorprendes! (Risas) - ¡Ay ya, no seas exagerada, Agatha! ¿No era eso lo que querías? - No, o bueno, sí, aparte que le pidieras el número para que, si él no te llama, lo llames tú. ¿Se lo pediste? - Sí, lo he anotado en la libreta del móvil, ¿contenta? - Contenta no, feliz. Ahora vamos, hay un Black Cabs, cerca. Las amigas, ahora, mejores amigas, se encaminan hacia el taxi, mientras el apuesto y joven Capitán, las mira desde lejos, sonriendo. Por otra parte, Denisse, volteó a ver la hora en su reloj, una vez más, el tiempo pasaba tan lento como el paso de Tarada, la tortuguita japonesa de Regina. Al marcar la hora añorada, tomó sus pertenencias y salió del periódico, sin mirar atrás, no fuera que Don Argimiro, se presentara y la llevara de nuevo a la oficina a seguir hablando del tema del viaje a las Montañas de Firenever, del que por cierto, no quería saber por el resto del día. Regina, esperaba a Agatha y a Caridad, ansiosa e impaciente, comiéndose un trozo de tarta, que le invitaron los inversores, la cual no había probado en toda su vida, le dijo el pastelero, que, lleva su nombre por la región de Alemania, Selva Negra, de donde es oriundo y que en alemán se denomina Schwarzwäld. Es allí, donde se destila un licor llamado Schwarzwälder Kirsch, a partir de cerezas, el cuál es el componente fundamental de este pastel, dándole ese sabor característico. También, le comentó, que, de la mezcla de ambos nombres, surge la Schwarzwälder Kirschtorte o Torta de la Selva Negra. Los inversores, le comentaron que su increíble sabor, se debe también a que remojan en licor, al bizcocho de chocolate, así como, a la crema batida entre capas, y, a las cerezas que la acompañan y adornan. Incluso, es muy importante para la pastelería alemana, ya que tiene su propia fiesta, en el pueblo de Todtnau, donde cada año se compite, para saber quién es el maestro pastelero con el ejemplar más delicioso. Denisse, iba caminando por la Avenida 369 Bluegray, Manchester, cuando un ruido extraño, le llamó la atención, al girarse hacia el lugar de dónde lo había escuchado, se fija que un globo aerostático diminuto, la perseguía, chocando con todo a su paso, le pareció muy curioso, deteniéndose a mirarlo, de repente, de dicho globo, comenzaron a salpicar destellos amarillos y violetas, así como escarcha magenta, alfombrando la acera. No podía creer, lo que sus ojos veían, de manera que se estrujó los ojos y al volver a mirar, hacia el lugar donde estaba el globo, curiosamente, ya no estaba, sólo quedaban en la acera, restos de los destellos, que le iluminaban la mirada.
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