Mientras, ellas siguen en el tocador, Constanza y Denisse, se acercan a la barra, donde solo se encuentra Bruno, recogiendo unas copas que había lavado y colocándoles en su lugar, pues Don Alvaro, había ido al depósito a por unas botellas de vino para ponerlas en el congelador, para el día siguiente. Apenas, escucha la voz de Denisse, los nervios, lo traicionaron y cae una de las copas, al piso, quedando de ellas, polvo de cristal.
- ¡Oh, lo siento!, Se me ha resbalado la copa de las manos.
- ¿Estás bien?, ¿te ayudo a recogerlo?
- No, no, se... señorita Denisse, no es necesario, puede cortarse. Yo, yo iré a por la escoba y lo recojo, descuide. Respondió Bruno, exageradamente nervioso. Y sin levantar la mirada, se aleja, en busca de la escoba.
En ese intervalo de tiempo, vuelve a brillar una luz dorada en el sitio donde cayó la copa, pero, como están concentrados en lo sucedido, no se dan cuenta de ello.
- Denisse, ¿has puesto a ese muchacho nervioso, o son ideas mías?
- No lo sé, Constanza. Desde hace rato, no sé qué me está pasando. Siento una gran necesidad de estar cerca de él, pero, cuando lo estoy, me entran unos nervios gigantes en el pecho, y, por más que lo pienso y lo vuelvo a pensar, no entiendo la razón.
- ¿No será por todo el rato que estuvieron desaparecidos los dos?
- No tengo ni la más mínima idea, Constanza, no recuerdo nada de ese momento, no recuerdo siquiera haberlo visto, mientras estuve ausente de la mesa.
De pronto, aparece Don Alvaro, con las botellas, observando el desastre de polvo de cristal, regado en el piso.
- ¿Qué ha pasado aquí, Bruno? ¿Dónde está éste muchacho?
- Fue a por una escoba para recogerlo, Don Alvaro, pero no lo regañe, fue culpa nuestra. Él estaba limpiando las copas, cuando llegamos nosotras, a pagar la cuenta y a tomarnos las del estribo y al llamarle la atención, estaba tan concentrado, que se sobresaltó y se le cayó. Explica, Constanza, excusando a Bruno.
- Ummm, está bien, gracias por contarme lo sucedido. Seguramente está cansado, hoy no fue un día fácil. Debe estar pensativo por una situación que tiene en la Academia de Intercambio. En fin, ustedes queridas señoritas, ¿querían dos cervezas más o cinco?
- Pues, eran sólo dos, pero ya que insiste, nos sirve cinco por favor, en vasos plásticos y nos da la cuenta.
- Perfecto, señoritas, si gustan, regresen a su mesa y enseguida se las llevo.
- No es necesario, Don Alvaro, ustedes están sumamente ocupados, ordenando todo para mañana, más bien, nos las sirve y nosotras las llevamos a la mesa, al fin y al cabo, las demás siguen en el tocador.
- Perfecto, salen cinco cervezas por aquí y la cuenta, está exonerada.
- No, Don Alvaro, no nos parece justo, éste es su trabajo, ¿Cómo nos va a exonerar todo lo que consumimos ésta velada?
- Tómenlo, como un obsequio por su retorno al bar-café, después de mucho tiempo. Y no aceptaré, un no, por respuesta.
A las chicas, no les quedó de otra, que aceptar el ofrecimiento del dueño del bar, por lo que tomaron las bebidas y se devolvieron a la mesa, a esperar a las demás, para, en unos minutos, desalojar el lugar. Comienzan a recoger sus pertenencias, en lo que salen las chicas del tocador, conversando, al llegar, se asombran al ver los vasos llenos y poniendo los ojos en blanco, Regina comenta:
- No puedo creerlo, ¿De verdad, pidieron las del estribo?
- Pues claro que sí, antes de irnos tenemos que brindar por nuestro reencuentro. Le responde, Constanza.
- De acuerdo, ésta última por hoy, pues mañana nos toca madrugar.
- Okey, Okey, esperen un momento, antes de alzar los vasos y marcharnos, permítanme decir unas palabras, les dice Agatha.
- ¡Vale!, responden las demás en coro. Prestando atención a lo que Agatha, les dirá.
- Ésta ha sido una tarde-noche con muchas sorpresas, por más que intentamos quedar en otras ocasiones, para vernos y compartir, se nos hizo imposible, en ese entonces, lo que quiere decir, que no era el momento apropiado, pues digamos que los Dioses, quizás no habían despertado, pero, ese momento se dio justo hoy. Y aunque, de alguna manera, se nos hizo complicado llegar, debido a la tormenta inusual aun en invierno, estamos aquí unidas, compartiendo nuestros instantes, nuestras canciones y los acontecimientos, ya vividos. Por eso, hoy, alzo mi vaso y, brindo por cada una de nosotras, por nuestros proyectos, nuestros pensamientos y sentimientos, por las personas que conocimos hoy, por lo que fue y por lo que vendrá, pues el destino y el universo mismo, nos tiene algo preparado. Pero sobre todo por nuestra hermosa amistad, que ha sabido mantenerse de pie, aun a distancia y con los altibajos de la vida. Y es por esto que las invito a que hagamos un pacto de amistad eterna y verdadera. Nunca, escuchen bien, jamás nada ni nadie, nos separará, estaremos, a partir de hoy, cada día, más unidas. Desde que se asome el sol en el horizonte hasta que la luna salga, a iluminar nuestras noches con su hermosa luz. Y si en algún momento, alguna energía, no conspira a nuestro favor, lucharemos en equipo, las cinco, como antes y como siempre. Por nuestra inquebrantable amistad, ¡Salud!
- ¡Salud! Responden Constanza, Regina, Denisse y Caridad, mientras chocan sus vasos con el de Agatha, en señal del motivo de su brindis.
Al beberse, cada una su sorbo respectivo, colocan los vasos encima de la mesa, fundiéndose en un cálido abrazo. Al separarse, Agatha, toma su bolso, extrayendo de él, cinco pulseras de cristales de cuarzo, confeccionadas por ella, que se colocarán, como símbolo de su pacto de amistad, el cual, no deben quitarse, pues deben permanecer en sus muñecas izquierdas, por ser las que van directo al corazón, tildado por Constanza, desde que se conocieron, como “El Cofre de los Tesoros”. Las pulseras, debían colocárselas, una a la otra, de la siguiente manera: Constanza a Denisse, Denisse a Regina, Regina a Agatha, Agatha a Caridad y ésta a Constanza. Así quedaría sellado el pacto, para siempre jamás.
Mientras el quinteto, hacía el pacto; Bruno, se despedía de Don Alvaro y se marchaba a casa a descansar de éste largo y extraño día, pero sobre todo a pensar en frío, ese momento mágico con Denisse y la Fuente Mágica, que, de alguna manera, sentía que lo habían marcado. A su vez, Don Alvaro, elevaba su plegaria a los Dioses, mientras introducía su mano en el bolsillo, apretando fuertemente la piedra de cuarzo rosado en bruto, que aguardaba en el, ya que, al hacerlo, se sumergía en la dimensión sagrada, pidiendo febrilmente, que el tiempo de los Dioses, despertara y se hiciera presente, pues, su sexto sentido, le decía, que había llegado el momento esperado por tantas décadas y a su vez, tantas generaciones. Y, el mágico bar-café de los encuentros y reencuentros, esparcía silenciosamente, diminutas partículas de escarcha tornasolada en sus hombros, mientras el reloj colgante en la columna marfil, anunciaba que había llegado la hora de partir.
Finalmente, el quinteto, tomó sus pertenencias, despidiéndose del dueño del bar-café, por lo que salieron del recinto, tomadas de la mano, como lo que han sido desde que coincidieron, hace muchos años atrás; como hermanas de la vida, en ésta y todas las dimensiones, existentes o no existentes en el mundo de los humanos y de las almas.
- Constanza, ¿trajiste tu auto? Pregunta Regina.
- Sí, claro, Midnight, está parqueado en el estacionamiento de Don Julio, aquí a dos cuadras. Tuve que dejarlo allí. pues aquí cerca no había algún sitio desocupado.
- ¿Midnight? - ¿Medianoche?, ¿siempre le pusiste ese nombre?, recuerdo que, en la universidad, siempre decías que cuando te compraras un auto lo llamarías así. Comenta Regina entre risas.
- Con razón llegaste empapada al bar. Acota Denisse.
- Sí, ¿Se vienen conmigo?, las acerco lo más que pueda a sus hogares. Por lo que entendí, Agatha, no trajo el suyo y ustedes vinieron en transporte público, ¿no?
- Yo vine en mi bici-moto, así que me voy en ella, pero, igual la parqueé en el mismo estacionamiento que tú, sólo que tenía paraguas y no llegué empapada al bar. Dice Denisse.
- Yo sí acepto el aventón, me vine en el tranbus y a ésta hora, dudo encontrar alguno. Acota Caridad.
- Yo también lo acepto, no tengo ganas de tomar “The Tube” a ésta hora y otro “Black Cabs”, me va a arruinar, de verdad que son súper rápidos y muy cómodos para viajar, pero extremadamente costosos.
- Bueno, vamos. Nos seguimos acompañando hasta allá. Les sugiere Constanza.
Entre tanto, Don Alvaro, aún dentro del establecimiento, termina de acomodar todo para el próximo día y antes de salir y cerrar, se acerca al lugar donde reposa la Fuente Mágica, que se encontraba iluminando todo el espacio, salpicando rocío magenta, celeste y dorado, parecía que había cobrado vida, esa tarde de invierno. La majestuosidad del momento, dejó patidifuso a Don Alvaro, quien acercándose despacio, acarició uno de los extremos de la fuente, mojándose los dedos, con el agua mágica que derramaba, mientras pensaba de nuevo en su plegaria a los Dioses, era como una oración o un mantra para que regresaran, para que lo hicieran muy pronto, porque ya era necesario, el reloj de la columna marfil se había pronunciado, las almas de aquella dimensión desconocida, necesitaban volver a seducir el presente, se estaba cumpliendo el tiempo de gracia, ya la espera no era tan larga, era sólo cuestión de días o de horas, quizás. Y la unión de sus protagonistas terrenales, ya estaba hecha. Apretando nuevamente la roca en su bolsillo, cerró los ojos, escuchó atentamente, unas voces en susurro, justo detrás de él, en un idioma diferente; en Gaélico Escocés, exactamente:
- Is e an àm ris a bheil dùil a 'teannachadh riut feumaidh dùil gum faic feurach a-nis bhon latha an-diugh bheir sinn tachairt.
(Se acerca el momento esperado, debes esperar pacientemente, ahora ve, desde hoy haremos que suceda).
Don Alvaro, asintió, abrió los ojos y salió del lugar donde chispeaba la fuente, tomó sus pertenencias, incluyendo las llaves, apagó las lámparas, saliendo del recinto y cerrando el establecimiento, como cada noche, con toda normalidad.
Por su parte, Bruno iba caminando por las solitarias e iluminadas calles de Londres, con destino a su residencia. Imaginando cosas que nunca en su vida, habría planeado y menos en compañía de Denisse. Extremadamente confundido, tras cada paso, pensaba en ella, como si en ese instante mágico, algún querubín, de esos que hablan en las novelas, le hubiese flechado el corazón por aquella muchacha, que poco conocía.
- No entiendo lo que me pasa. Quisiera saber por qué pienso tanto en la señorita Denisse. ¿Por qué no puedo sacármela de la cabeza y del corazón?, pues cada vez que pienso en ella, siento como si se me fuera a salir del pecho.
Mientras seguía su camino, le llamó la atención, una discusión, a lo lejos. Sólo veía a una mujer, algo descuidada en sus ropajes, pero no, con quién discutía. Le pareció extraño, pues en la ciudad, casi nunca se ven éste tipo de espectáculos, y de haber alguno, ya la policía habría hecho acto de presencia. Se imaginó, que la persona ya se había ido, pero por los gestos de ella, le dio a entender que seguía allí. Sintió curiosidad y se acercó un poco, solo que seguía divisando sólo a la mujer. Intentó acercarse un poco más, pero hubo algo, una energía invisible, que no se lo permitió. Volvió a escuchar aquella voz extraña, como en susurro, que le decía:
- “Bruno, no te detengas, sigue tu camino, ve a casa, descansa. Si te acercas un poco más, corres el riesgo de irte para no volver. Estás advertido”.
A Bruno, se le pusieron los vellos de punta, al escuchar aquella voz misteriosa y optó por hacerle caso, quien sabe si tendría razón, sólo que no entendió, por qué esa voz lo salva, evitando acercarse, el porqué de su partida y por supuesto por qué no habría de volver. Entonces pensó:
- Más vale que me vaya a casa, estoy muy cansado, estoy escuchando cosas extrañas y como dicen por ahí, la curiosidad; mató al gato.
Por lo que, Bruno, temblando de miedo, retomó su vía hacia la residencia de caballeros, sin mirar atrás.
El muchacho, vivía en una habitación, cómoda pero muy sencilla. No era de familia acomodada, ni nada por el estilo, de hecho, era humilde de corazón y de alma, quizás por eso el hada mágica, se pronunció ante él y también lo salvó de tener un encuentro con las entidades del mal, que, al despertar de los Dioses de la Dimensión Perdida, han optado por acechar a los guerreros para luego, desaparecerlos en la nada.
Por otro lado, el quinteto va caminando hacia el estacionamiento, conversando de todo un poco, Constanza les pregunta a sus amigas:
- Por cierto, chicas, ¿Qué van a hacer mañana, aparte de trabajar? Claro está.
- Pues, yo no tengo mucho que hacer, adelanté bastantes pendientes hoy en la fundación, antes de salir; durante la tormenta.
- Yo, sólo tengo una reunión a eso de las diez de la mañana, con los co-propietarios del condominio, luego creo que me encerraré en la oficina a no hacer nada, de vez en cuando, es bueno montar los pies, encima del escritorio y relajarse, mientras escucho “We're In This Love Together de Al Jarreau”. Dice Regina mientras se ríe por su comentario y canta un pedacito de la canción:
We're in this love together.
We got the kind that lasts forever.
We're in this love together
And like berries on the vine,
It gets sweeter all the time.
- ¿Y ustedes?, ¡Agatha!, ¡Denisse!, ¿andan en las nubes?
- ¿Ah? ¿Qué?
- ¿Decías algo?
- Me parece que, si andaban en las nubes, aterricen, hermosas, que estamos hablando con ustedes.
- Les preguntaba ¿qué iban a hacer mañana?
- Ah, pues yo tengo que lidiar con el desenfrenado de mi jefe y su postura de intenso, para conseguir un tema, que, de la talla para el ascenso prometido. ¿Por qué?
- Espera, ¿Y tú, Agatha?
- Mañana, tengo la agenda muy ocupada en la mañana, desde las siete y media; tengo clientes para lectura del tarot, lectura de la mano, del café y del péndulo. Luego, iré a hacer unos rituales de prosperidad a una tienda del mall, la cita de mediodía, aún no me la confirman, umm y luego de eso, haré una limpieza exhaustiva en la tienda, pues he estado escuchando unos ruidos, bastante extraños y así no fluyen las energías. Del resto, nada más. A menos que alguien me llame para quedar, contesta mimosa.
- ¿Qué les parece si nos encontramos al atardecer, junto al “Río Támesis”? Una cliente de la agencia, me dijo que abrieron unos Pubs, muy cerca y que se presentan grupos musicales, que hacen del ocaso, un escenario más ameno.
- Me gusta la idea, así, seguimos compartiendo, todo lo que hoy nos faltó por contar. Entre tantas cosas, que sucedieron ésta tarde, no me dio chance de contarles que...
- ¿Qué nos tienes que contar, Denisse?
- No, nada, no en éste momento. Quedemos para mañana y les cuento.
- ¿De verdad nos vas a dejar con la curiosidad a flor de piel, hasta mañana?
- Sííííííí. Porque si les cuento hoy, no nos vamos a ver mañana (Risas). Bueno chicas, hemos llegado al estacionamiento, aquí nos despedimos, hasta mañana al atardecer.
Todas, saludan a Don Julio, con las buenas noches y alzando la mano, y prosiguen en la conversación:
- ¡Qué malvada eres! Nos dejas con la angustia y te despides tan fresca.
- ¿De quién lo habré aprendido?
- No será de mí, ¿o sí? Espeta Constanza.
- Adiós, hermanas del alma, nos vemos mañana. Me avisan cuando lleguen cada una a sus destinos. Me quedaría un ratito más, pero Mishty me espera para dormir, debe estar desvelado (Risas). Las quiero, bye, bye.
Se despide Denisse, con la mano derecha mientras les envía besos con la izquierda, moviendo la pulsera de la hermandad.
- Ahora que nombran a Mishty; tengo que darle comida a Tarada, al llegar; pondré la alarma.
- ¿No habías puesto la alarma cuando estábamos en el tocador?, Dice Cari, poniendo los ojos en blanco – Pobre tortuguita, en las manos de quien fue a parar. ¡Dios mío, no permitas que quede tiesita, la pobre!
- No seas exagerada, mi Cari, Cari. Ella poco come, al llegar te enviaré una foto al móvil, para que te cerciores, que Dios hizo su parte. Le contesta Regina.
- Adiós, querida. Descuida te escribiremos. Como siempre, nos avisaremos todas al llegar.
Denisse, se monta en su bici-moto, se coloca el casco, de repente piensa en Bruno, pero, inmediatamente, aparta ese pensamiento de su cabeza, por lo menos hasta llegar a su casa, sino no podría manejar adecuadamente.
- Bueno, chicas, a casa.
Constanza, desactiva la alarma del Chiringuito, abre las puertas e invita a sus amigas a entrar al auto. Agatha y Caridad, se suben en la parte de atrás, pues se quedan, relativamente cerca, mientras Regina, que es la que vive más lejos, se sienta en el copiloto y, por lo tanto, es la encargada de escoger la música, que las acompañará durante el trayecto del retorno a casa.
- Constanza, ¿sigue siendo una regla para el copiloto elegir la música a escuchar durante el viaje?
- Sí, Regina. Es la segunda regla, porque la primera es abrocharse los cinturones. Así que ¡háganlo! pues, de aquí no salimos hasta que no estemos todas aseguradas, ¿de acuerdo?
- Como mande la jefa, bromea Agatha.
- Estoy de acuerdo con Constanza, recuerden que hemos bebido y el alcohol junto con el volante, no son una buena dupla. Dice Caridad. - Manejaría yo, pero no me gusta hacerlo de noche.
- Estamos listas, jefa. Dice Regina, haciendo el gesto que hace un soldado a un capitán. - Ahora bien, préstame el control, vamos a ver que hay por aquí.
Buscando en las emisoras radiales, no consigue nada, acorde al momento, pero, ya casi perdiendo las esperanzas, escucha Secrets de Marion Meadows, por lo que la deja sonar. Constanza, enciende el auto, pone en ON el aire acondicionado y se dispone a salir del estacionamiento. Al Pasar, frente a la caseta donde se encontraba Don Julio, se estaciona, para cancelarle el tiempo que estuvo, aguardando el auto allí.
- Don Julio, ¿cuánto le debo?
- Señorita Constanza, ésta noche, no me debe nada. Déjelo a cuenta de la casa.
- ¿A cuenta de la casa? Se queda pensativa.
- Sí, Señorita. Tómelo como un obsequio por “El Reencuentro”. Espero tengan buenas noches, señoritas, Dios las Bendiga.
- Pero, Don Julio, no, no...
- No aceptaré un no, por respuesta. Dios las lleve con bien, Señoritas.
Constanza, le agradece, se despide y conduce hacia la avenida. Mientras lo hace, se pone a pensar; dos veces, dos personas distintas y por el mismo motivo, le dicen lo mismo. Primero, Don Alvaro, le exonera la cuenta en el bar y ahora Don Julio, también lo hace por haberse reencontrado con sus amigas.
- Chicas, ¿no les parece extraño? Mientras le baja volumen a la música de la radio.
- ¿Qué? Responden las tres, al unísono.
- Hoy, Don Alvaro nos exoneró la cuenta en el bar-café, dando por motivo, nuestro reencuentro y ahora Don Julio, hace exactamente, lo mismo.
- ¡Ay!, ¿qué tan extraño podría ser?, estarían de buenas. Contesta Regina.
- No, no es cuestión del estado de ánimo, Regina. Todo lo que nos ha pasado hoy, va más allá de una coincidencia o la casualidad, de habernos puesto de acuerdo, para llegar todas al bar-café ésta tarde de invierno. Todo tiene una razón de ser. Todo tiene una lógica. Quizás para algunos; irracional. Y quizás, parezca tonto lo que digo, pero, es así. Dijo Agatha, mirando hacia un punto equidistante del universo, sin siquiera pestañear. - Son señales. Señales de otra dimensión, de ríos que desbordan escarcha, de energías latentes en el universo, de cofres que se están abriendo, con las llaves de nuestras almas y nuestros anhelos.
- ¿Qué señales, Agatha?, ¿De qué hablas?, Dios, siempre obra en favor de las buenas personas.
- Esto, va mucho más allá de Dios. Te acordarás de mis palabras, Caridad. Todas, se acordarán de mí, incluyendo Denisse, que, aunque no está en éste momento, sé que está al tanto de ello.
- ¡Ay!, me estás dando miedo, Agatha. ¿Tú estás bien? Le dijo Constanza, mientras la miraba por el retrovisor y le movía la pierna, con la mano derecha, desde el asiento del piloto.
Pero Agatha, no se movía, estaba petrificada, congelada, como si estuviera en un trance.
Por otra parte, iba Denisse, manejando su bici-moto, con dirección a su casa, concentrada en la vía, aunque, en determinados segundos, su mente volvía al momento en que se ausentó de la reunión con sus amigas, intentando en la medida de lo posible, recordar qué fue exactamente lo que pasó allí, sin embargo, no podía, no recordaba nada, sólo pensaba en esa conexión inexplicable, que sentía con ese muchacho, Bruno. Preguntándose, por qué, sentía como si lo conociera de toda la vida o como si él hubiera formado parte de alguna vida pasada. Ella, era de las personas, que, creían en las reencarnaciones, independientemente, de lo que pensara el mundo externo a su mundo personal.
Se detiene de pronto, ante la luz roja de un semáforo, recapitulando aquél mágico instante, del que no tiene conocimiento alguno y al que sigue sin poder encontrarle alguna explicación lógica, y, de repente, ve a lo lejos, una luz rosa brillante, esparciéndose por todo el lugar; intentando ver bien, de donde se origina dicha luz, se da cuenta que es en el “Puente de la Torre” o Tower Bridge, éste, es un puente levadizo de estilo victoriano neo-gótico que cruza el Río Támesis y está cerca de la Torre de Londres. Se queda, estacionada y congelada, mirando, cómo la luz que vio hace un instante, se duplica, se triplica y terminan siendo cinco luces, danzando por los doscientos cuarenta y cuatro metros de extensión y, los siete metros de ancho del puente, con una rapidez increíble. Casi no puede creer lo que sus ojos ven, cuando de repente, comienza a escuchar aquella dulce melodía, que, pensaba haber escuchado alguna vez, extrañada, pues ella no tenía la radio de la bici-moto, encendida, ni iba usando su MP4, tratando de entenderlo, se preguntó a sí misma:
- ¿Qué significará todo esto? Ni en los viajes que he hecho, a los lugares más recónditos del planeta, había visto algo así. ¿Qué querrá decirme esa extraña luz?
Y en ese momento, deja de escuchar la melodía misteriosa y ve, como las cinco luces rosas brillante, danzantes del puente, se unen y caen al agua, iluminándola completamente, de extremo a extremo. Un espectáculo inimaginable, espectacular, intenso, único. Lo que le da, cierto escalofrío, aún, dejándola embelesada, con tanta belleza y magia, desbordante y efímera.
De pronto, regresa a la realidad, cuando un conductor bastante molesto, le toca corneta para que avance, pues el semáforo ya había cambiado al verde.
- ¡¡Muévete de ahí!!, ¿no estás viendo que el semáforo ya cambió?, no tengo toda la noche para esperar por ti. ¡Conduce y deja de soñar en plena avenida!
A lo que Denisse, reacciona, y, entre su vuelta inesperada a la realidad por los gritos del conductor y su encanto por lo que sus ojos veían, sintió una fuerte confusión, voltea hacia el conductor y le hace una seña, intentando decirle que ya retomará el movimiento. Disponiéndose a hacerlo, vuelve a mirar hacia las aguas del puente, que estaban más tranquilas, que un domingo por la noche en un monasterio, no había otras luces, salvo las que, por lo general, iluminan el puente. Se movilizó y se estacionó más adelante, buscando las cinco luces que cayeron del puente colgante, pero, no las encontró.
Éste hecho, la confundió aún más y antes de montarse de nuevo en su bici-moto, comenzó un monólogo, gestualizando con sus manos:
- Mañana, iré a ver a Agatha a la tienda, ella debe saber qué pueda estar pasándome, es la única que puede ayudarme pues, al psicólogo no iré, porque yo, loca no estoy. O quizás, ¿sí?, no, no, no lo estoy. ¡Ay, Dios mío!, guíame a casa que siento que sola no podré llegar.
Entre tanto, sus amigas siguen en la vía hacia sus hogares. Constanza, sigue pensativa mientras maneja, Caridad iba dormitada, escuchando a Kenny G, que sonaba en el reproductor, Agatha, ya había regresado del trance, sin embargo, trataba de conectarse con el universo, aun a sabiendas que no era el momento oportuno, pues, para hacerlo debía estar completamente sobria, sin una gota de alcohol viajando en su torrente sanguíneo y Regina, iba hablando prácticamente sola, pues, cada una de sus amigas estaban extraviadas en sus pensamientos.
- Chicas, estaba pensando que podíamos reunirnos el próximo fin de semana en mi casa, lejos de todo y relajarnos, como Dios manda. ¿Qué les parece?, ¿Se anotan?
Pero ninguna le presta, la menor atención.
- ¡Hey!, Por lo visto estoy hablando sola.
- ¿Qué pasó, Regina, te quedas aquí? Le pregunta, Constanza.
- ¿Ah?, no, por supuesto que no. Soy la última que se queda, ¿lo recuerdas? ¿Qué te pasa?, La pensadera ¿te hizo perder la memoria?
- Lo siento, lo siento, estoy un poco distraída.
- ¿Un poco?, yo diría que, más de lo normal.
- La que se queda es Caridad. Aquí a media cuadra, por si se te olvidó.
- ¡Oh, no!, ¿cómo crees? Caridad, estamos llegando a tu casa.
- Uh, ¿ya llegamos?
- Sí, mi Cari, has llegado sana y salva a tu hogar.
- Gracias, Constanza. Adiós, chicas. ¿Nos vemos mañana?
- Claro que sí, nos estamos comunicando. Cuídense, avisan al llegar. Las quiero y que Dios las bendiga.
Al dejar a Caridad, frente a la puerta del edificio, el resto de las amigas, siguieron su camino, así fueron dejando a Agatha, luego se quedó Regina y finalmente, Constanza, llegó a casa a descansar. Era lo único en lo que pensaba, descansar, pues el día fue extremadamente largo, entre el trabajo en la oficina, la tormenta, los momentos sobrenaturales y las casualidades, estaba exhausta. Todas, lo estaban. Aunque, ella creía en la magia de los cuentos de hada, no podía creer, lo que les ocurrió. Entró, a su habitación, dejó su bolso encima de la cómoda, sacó el teléfono que estaba descargado, buscó el cargador, lo conectó al tomacorriente y a su móvil, lo encendió y, les envió un mensaje de texto a sus amigas, comunicándoles que había llegado sin novedades y haciéndoles el recordatorio para el día de mañana, como habían quedado. Recibió el mensaje de Denisse, donde le decía que había llegado bien a casa, pero, que tenía que contarles algo, que le sucedió en el retorno. Constanza, le escribió, preguntándole ¿qué era eso, que le había pasado? pero se quedó con la duda, pues, no recibió respuesta alguna. Por lo que pensó, mañana nos lo dirá, ahora descansaré.