Constanza, trata de lidiar con las modelos aburridas que están en el salón de casting. Ninguna, según el punto de vista de la Gerente, es la modelo idónea para esa cuña. Todas, absolutamente todas, le parecen, excesivamente desabridas para dar toda la calidez posible e imposible en una producción, e inclusive, en su propia vida o situación actual.
- ¡Qué va!, No me parece, ninguna para ésta cuña-. Replica Constanza.
- Tienen una forma de ser y de actuar tan aburrida, ¡¡No es lo que necesitamos!!, Necesitamos, dar vida, tener vida, esto me parece como si estuviésemos en un mausoleo -. Exclama el Presidente de la Publicidad.
- Estoy totalmente de acuerdo, jefe. Éstas personas, no están dando lo mejor de sí, tal vez, si les ponemos una canción que los inspire... He escuchado que hay personas que hacen mejor su trabajo, siempre y cuando se llene su corazón y su alma, de música, pues, la música es vida.
- ¿Y qué sugieres, mi estimada Constanza?
- A la gente le gusta mucho ésta canción; es de Luis Fonsi, un cantante puertorriqueño, se llama Calypso, vamos a escucharla a ver si así, se activan un poco, recuerden que hay muchos latinos en nuestra publicidad.
Constanza, busca el pendrive, lo coloca en su laptop, abre la aplicación de Reproductor de Música y comienza a sonar:
“Calypso
Ayy, báilalo, báilalo
Boom pon di riddim, boom pon di vaseline
Confident and the body decline
Man come of and the girl take time
Fonsi and Stefflon Don
Yo no sé, no sé, no sé qué pasará
Tu cuerpo frente al mar
Mezclando arena con sal
Yeah (Come on)
Pero sé, yo sé, yo sé que no es normal
Lo que puede pasar
Si tú me dejas entrar Yeah (Uh)
Yo tengo lo que tú buscas (Ah)
Calienta tanto que asusta (Ah)
Sabes lo que te gusta (Ah)
Te gusta (Ah), te gusta (Uh)
Prendiendo fuego en el suelo (Hey)
Pintando estrella en el cielo (Hey hey)
Y te diré lo que quiero” ...
Mientras escuchan la música, a un volumen moderado, las modelos comienzan a contonearse, mientras posan para el fotógrafo, se dejan maquillar; cantando, bailan al desplazarse de un extremo a otro y el jefe de Constanza, presidente de la agencia de publicidad, queda maravillado con los milagros que puede hacer la música latina, que bastante ritmo tiene para hacer de una mañana aburrida de trabajo; unas horas de magia y eficiencia por parte de todo el equipo, pues, hasta él, estaba moviendo el esqueleto y a su vez, supervisando el trabajo.
- Constanza, eres una Gerente maravillosa, me encanta como manejas al equipo y las buenas ideas que tienes para hacer que todo marche sobre ruedas.
- ¿De verdad, lo cree, Señor Franciscello?
- ¿Que si lo creo?, no, no lo creo, estoy muy seguro. Ya sé quién va a tomar mi lugar, cuando me retire.
- ¿Se retire?, pero si aún le queda mucho por hacer aquí.
- No, mi Gerente estrella, ya va siendo hora que tome mis años de experiencia y me vaya a casa a descansar y disfrutar de mi familia. Le he entregado tanto, a mi Agencia, la misma que me ha dado, la libertad financiera que tanto añoré en mis años mozos. Ahora, sólo quiero disfrutar de todo lo que sembré y he cosechado, y, últimamente con tu ayuda, pues, desde que llegaste a la Agencia, hemos crecido mucho más de lo imaginado.
- ¿Qué va a ser de la Agencia de Publicidad, más importante de toda Inglaterra sin usted?
- Seguir creciendo y hacerse cada día mejor, pero, bajo el mando de una mujer exitosa; Tú.
- Me complace tanto, la impresión que tiene de mí, Señor Franciscello, pero es algo, que no puedo aceptar.
- ¿Cómo que no puedes aceptarlo?, No sería un regalo, te lo mereces porque te lo has ganado a pulso.
- Sólo he hecho mi trabajo.
- Haz hecho más que eso, mi querida Constanza. Y si lo dices por mis hijos, no te preocupes por eso, ese tema ya ha sido conversado con ellos y con la Junta Directiva del Consorcio, de manera que no busques excusas, porque no tienen validez.
- Ummm, en ese caso, ya hablaremos de ese tema, luego. Por ahora, debemos enfocarnos en terminar lo que hemos comenzado hoy, entregarlo a nuestro cliente y esperar su visto bueno.
- Eres un As, para salirte de los temas importantes, con una facilidad increíble, pero, tienes razón, terminemos con esto de una buena vez porque ya la gota, me está comenzando a molestar. (Risas).
- ¡Ay, jefe!, Usted y sus cosas.
- Mira, mira, pero no creas que te vas a zafar tan fácil del tema, hoy viene mi hijo Stephano y hablaremos de ello.
- ¿Hoy, jefe? Pero, qué le parece si lo dejamos para otro día, cuando hallamos culminado las cuñas, las vallas y las sesiones de modelaje de la Agencia alterna, recuerde que esto conlleva mucho tiempo.
- Sí, Constanza, hoy. Hay que hacer las cosas en calientito, porque después, pueden olvidarse.
- Usted, no cambia jefe, pero, me gusta que tenga esa forma de ser y de hacer lo requerido, en el momento justo.
- Así es. Bueno, bueno, manos a la obra, ya hemos hablado bastante y hasta echado un pie con esa música latina que pusiste.
Al hablar el jefe, todo el equipo de publicidad de la agencia, siguió en sus labores, los fotógrafos, los maquilladores, los vestuaristas, las modelos, las suplentes, en fin, todos con manos a la obra, para terminar de una vez por todas, con ese proyecto que les estaba sacando canas verdes a Constanza y al Señor Franciscello. Éste, se fue bailando a su oficina a atender los asuntos pendientes y Constanza, se echó una escapadita a su oficina, con el móvil en la mano para mandarles unos mensajitos a sus amigas.
- Por fin, en tranquilidad, sin tanta gente alrededor. Exclama, Constanza.
Al ver su teléfono, se da cuenta que tiene varios mensajes sin leer y muchas notas de voz, sin escuchar.
- ¡Cielos!, ¿Por qué tantos mensajes?, ni siquiera sé por dónde empezar. A ver, ummm, Agatha, Regina, Denisse, Caridad, Mamá... Escucharé el de mi amada madre:
- Hijita de mi alma, Dios te bendiga, ¿cómo has estado?, no me has escrito ni llamado, te echo mucho de menos. ¿Vendrás para fin de mes?, recuerda que es el cumpleaños de tu papá y estaba pensando hacerle un agasajo, dime si vendrás para ir haciendo los preparativos.
Constanza, se siente emocionada y a la vez, apenada, con tantas cosas en la cabeza, ha olvidado comunicarse con sus padres. Le envía una nota de voz:
- Mamá, bendición. He estado muy ocupada, me han pasado infinidad de situaciones que no sé cómo contártelas por éste medio, pero, ya habrá tiempo. ¿Cómo están en casa?, ¿mi papá?, los he extrañado infinitamente, así como a mi abuelita, me hace una falta enorme, quisiera que bajara de la nube donde está mirándome y me abrazara. Estoy llena de trabajo, pero pediré un permiso especial para ir a verlos. Te llamo en la noche. Los amo.
Luego, ve el mensaje de Agatha donde le pregunta, cuál será el sitio de encuentro para disfrutar de una tarde entre amigas y la puesta de sol en el Río Támesis. Por lo que responde:
- Amiga, he tenido un día extremadamente ajetreado, he olvidado por completo, avisarles el sitio de encuentro, ¿Qué te parece, si nos vemos en las cercanías del Puente de la Torre?, coméntales a las demás y me dices si les queda bien allí.
De pronto, mientras ve qué otro mensaje va a leer, recibe uno, entrante, de un número desconocido.
- Hola, “Princesita de mi Castillo”, estoy en Londres, muero por verte.
- ¿Quién es? Responde Constanza, de inmediato.
- Soy, el “Príncipe de tus Sueños”.
- No estoy para juegos, te agradezco respondas a mi pregunta o de lo contrario, olvídate de volver a escribirme.
- Okey, Okey, no pensé que estarías tan de mal genio, soy Fabián, ¿me recuerdas?
- ¿Fabián?, de verdad ¿eres tú? Responde, sorprendida.
- Sí, mi “Princesita”, soy yo. Acabo de llegar a Londres, pero quiero verte, antes de comenzar a buscar donde hospedarme, tantos años sin ti, me han golpeado fuerte el corazón.
Constanza, al leer el mensaje, comienza a recordar a Fabián, su primer amor, su primer beso, la magia de ser el primero que se incrustara en su corazón, con el que se imaginó tener la vida, que tenían las princesas de los cuentos de hadas, que le contaba su amada abuela, cada jueves por la tarde. Vivieron ese amor, efímero, se dedicaron canciones, bailaron a la luz de las velas, construyeron sueños colgados en el hilo de la luna, en un determinado tiempo, soñaron ser uno sólo, para siempre, decían en ese entonces, que no podían volar el uno sin el otro, que cada quien tenía un ala y necesitaban del otro para poder surcar los cielos, conocer lugares, vivir en su amor eterno, pero nada salió como alguna vez, lo imaginaron, cada quien tomó rumbos diferentes, tuvieron que aprender a volar, solo con una de sus extremidades. Él, se fue de su ciudad natal, por cosas del destino y asuntos familiares que tenía que cubrir en ese entonces; ella, se internó en la universidad, visitaba a sus padres de vez en cuando y se enfocó en la fraternidad, donde fue olvidando poco a poco, toda la chispa que irradiaba ese amor, que le marcó el alma.
Cuando él vuelve al sitio de donde jamás debió irse, ya su amor, no estaba, había elegido un rumbo y él, no tenía tiempo de ir tras su huella. Fue pasando el inclemente tiempo, fueron haciendo sus vidas o intentar construirlas, con otros amigos, con otros amores, ya sin velas encendidas sino en la oscurana y sueños diferentes, que ya no coincidían en el hilo de ninguna luna, ni siquiera en su llenura. Siguieron amándose en sus corazones, aguardando en el alma, el reencuentro, si es que éste, podría ser, aún después, de un después.
Esa magia que nos envuelve a todos, alguna vez en la vida, seguía ahí, latente, viva como la llama de una hoguera eterna, crecía como los árboles, florecía en las primaveras, la escuchaban en las melodías de los ruiseñores al amanecer, brincaba como los niños entre juegos y sonrisas, estaba allí, solo que, no podían saborearla.
Él, era su todo, aunque con el pasar de los años, terminó siendo; su nada y viceversa.
- ¡Aún no puedo creerlo! Fabián!, ¿Quién te ha dado mi ubicación y mi número?, ¿Cómo es que estás aquí?, Pensé que ya no te volvería a ver. ¿Dónde has estado todo éste tiempo?
- ¡Hey, hey!, son demasiadas preguntas, además, todo forma parte de una larga historia, que te contaré, siempre y cuando nos veamos.
- Aunque, luego de tu partida, no estás en posición de exigir, a mí también, me gustaría verte.
- En ese caso, ¿podemos hacerlo ahora?
- Espera, ¿Cómo sé que realmente eres tú y no me están haciendo una mala jugada?
- Puedes preguntarme lo que tú quieras, que solo sepamos tu y yo. ¿Te atreverías? O ¿Lo has olvidado todo?
- Hay cosas que aun con el transcurrir del calendario, no se olvidan.
- Okey, “Mi Princesita”, puedes preguntar, estoy preparado.
- Bien, ummm, en el jardín de mi casa, había un Cedro, y, una tarde de abril, ambos hicimos un dibujo, con nuestras iniciales, ¿Cuál era el dibujo y qué decía dentro del mismo?
- ¡Como olvidar ese día maravilloso, “Mi Princesita” !, dibujamos un castillito con dos coronitas y escribimos, valga decir, con mucho esfuerzo, lo siguiente: “F&C unidos en lo eterno”, nos llevó todo ese rato que compartíamos y cinco tardes más.
- ¡No lo olvidaste!
- Tampoco te olvidé a ti.
El corazón de Constanza, estaba a punto de saltar de su pecho e ir al encuentro con el de Fabián. Sentía que la magia, volvía, a posarse en su alma, en sus sienes, en su vida. Aunque ha pasado el tiempo, ese amor sigue intacto, entonces recuerda las palabras de Agatha, el día del reencuentro en el bar-café:
“Sólo el destino, los Dioses y su sabiduría, tienen la última palabra”. Mientras, repite la frase una y otra vez, se pregunta si era a esto a lo que se refería su amiga.
- Constanza, ¿sigues ahí?, Por favor, sólo respóndeme. ¿Nos veremos una vez más?
Saliendo de su shock interno, ésta le responde:
- Sí, Fabián, ¿Dónde estás ahora?
- En el Lobby del Aeropuerto de Heathrow.
- De acuerdo, en éste momento, estoy trabajando y no puedo movilizarme hasta terminar una cuña que me tiene sumamente ajetreada, pero, enviaré a alguien a por ti, ¿está bien?
- Sí, “Mi Princesita”, aquí esperaré.
- Bien, mándame las señas por éste medio para que puedan reconocerte. Irá, un chófer en un auto gris plomo, rotulado con las iniciales de la Agencia de Publicidad.
- De acuerdo, “Princesa”, luego ¿me llevará allá directamente?
- No, te llevará a un hostal, que está cerca de mi oficina, mientras yo me desocupo y tú, descansas de tu viaje, luego, quedaremos para vernos. ¿Sí?
- Perfecto, quedamos así entonces. Gracias, mi amada Constanza.
- No hay de qué...
- Por lo pronto, seguiré contando los minutos hasta reencontrarnos una vez más, y, te aseguro que ésta vez, me quedaré a tu lado, sin importar nada. Sólo tú y yo.
Constanza, recibe el mensaje, lo lee, lo relee y queda prendida de sus pensamientos, hasta que Esperanza, toca la puerta, entra y la saca de sus pensamientos.
Toc, toc, toc..
- Con permiso, señorita Constanza, el Señor Franciscello, la solicita urgente en la oficina.
- Gracias Esperanza, ya salgo para allá.
- Bien, con permiso.
Constanza, levanta el auricular, llama al chófer de la Agencia, le da las indicaciones y éste se pone manos a la obra, así como ella, que se levanta de su asiento, para ir al llamado del jefe, más emocionada que nunca; pensando en el regreso de su amor primero.