Capítulo 6

995 Words
~Jasmine~ Cocinar para cuatro hombres adultos no es algo que pensara que haría nunca, y además era una auténtica pesadilla. Pero una de las ventajas es que al menos cada hermano ponía de su parte en la cocina. Joaquín se encargó de tostar el pan de todos, a gusto de todos. Rafael lavaba y cortaba las verduras, Elías lavaba cualquier plato que se usara, y Vincenzo se acomodó a mi lado, trabajando con los míos en la estufa. "Intenta no quemar la casa que estamos alquilando", dijo Vincenzo con sorna mientras me miraba. Pude ver la burla en sus ojos, pero cuando le di un codazo en el costado y le respondí con sarcasmo, se volvió frío. Me cogieron por sorpresa sus acciones, así que decidí terminar de preparar mi bocadillo rápidamente y dirigirme a la habitación que me habían asignado. Recojo mi plato y empiezo a dirigirme a mi habitación lo más rápido posible, pero me detienen cuando alguien se aclara la garganta. "Eh, señorita, no tan deprisa" Joaquín mueve el cuchillo de mantequilla que estaba usando en mi dirección. "Aquí comemos como una familia", dice indignado por mi intento de escabullirme de la cocina. "Déjala Quinn" Vincenzo abre la bocaza y yo entrecierro los ojos mirándole. Claro, ponte caliente y frío conmigo, ¿por qué no? "Ella realmente no tiene que ser incluida en todo lo que hacemos como familia". "Vincenzo" le dice Elías por lo bajo a su hermano, pero éste sólo se encoge de hombros. "No pasa nada", les digo con una sonrisa. "No quiero molestar". "Tonterías, vas a pasar dos meses con nosotros y vas a comer con nosotros todos los días", dice Rafael con una sonrisa mientras me alcanza y me empuja suavemente hacia la mesa del comedor. Al menos tres de los cuatro hermanos son amables conmigo. La cena transcurre sin problemas, excepto por la parte en la que Vincenzo no deja de mirarme como un puñal. ¿Cuál es el problema de este tipo? Lo conozco desde el primer día que me contrató J.C. y desde la primera vez que nuestros ojos se cruzaron, no hizo más que fulminarme con la mirada, que es lo único que parece saber hacer cuando estoy cerca. Me mira como si hubiera matado a su cachorro. Realmente no sé cuál es su problema, lo que sí sé es que estoy renunciando a intentar hacerme su amiga. Después de cenar, decido trabajar un poco y me siento en el porche. Estiro un poco los brazos, que tengo acalambrados de tanto trabajar delante del ordenador. Oigo que la puerta se abre detrás de mí y Elías suelta un suspiro. Se sienta a mi lado y mira la pantalla del ordenador. Le saco la lengua y cierro el ordenador. "Entonces, ¿qué estás haciendo aquí solo?" Pregunta Elías mientras mira el horizonte. "¿Y con frío?" Sisea y me acerca más a él, haciéndome entrar en calor. Ni siquiera noté el frío, claro que hacía fresco, pero no era intolerable, siempre me ha gustado el frío, así que ya está. "Sólo estoy tomando un respiro", le digo encogiéndome de hombros. "¿De mi hermano? Y por hermano, me refiero a Vincenzo" se ríe entre dientes, probablemente sabiendo la respuesta a su pregunta. "¿Es tan obvio?" le pregunto avergonzada. "Bueno, para empezar, no estarías trabajando aquí fuera en el frío si no te estuvieras escondiendo", me dice Elías con una ceja levantada. "Ni siquiera hace tanto frío", le digo con una mueca. "Deberías darle una oportunidad", me dice dándome un codazo en el costado. "No sé, ni siquiera puede comer en la misma mesa que yo sin mirarme mal", le miro con los ojos en blanco. "Mira Jas, sé que puede ser un gilipollas de vez en cuando, pero tienes que recordar que es un tío que lo resuelve todo con comentarios duros y puñetazos". "¿En qué ayuda esto a su caso?" reto con una ceja levantada y Elías suelta una risita nerviosa. "No me interrumpas", señala y yo pongo los ojos en blanco, pero le hago un gesto para que continúe. "Lo que intento decir es que puede ser duro y lo será, pero no te lo tomes a pecho, ha tenido una vida dura" termina y me dedica una sonrisa tranquilizadora, con eso se levantó y me dejó a solas con mis pensamientos. Siempre he visto a Elías como el hermano pequeño cómico, pero ver su lado serio es nuevo para mí. Pero le tomaré la palabra, tal vez no debería rendirme con Vincenzo todavía. - Gimo cuando veo la hora en mi teléfono, son sólo las 2 de la mañana y mi garganta está tan seca como cualquier desierto. Me dirijo en silencio a la cocina, enciendo la luz y me froto los ojos intentando adaptarme a la brillante luz. De repente, choco con un pecho duro, retrocedo dando tumbos, pero antes de que pueda caer al suelo un par de fuertes brazos me rodean la cintura y tiran de mí para acercarme. Abro lentamente los ojos y miro hacia arriba, para encontrarme con dos orbes de color marrón claro. Me aparto de su contacto al reconocer esos ojos. Vincenzo cruza los brazos alrededor de su pecho desnudo, y no puedo evitar que mis ojos se paseen por su cuerpo. Sus dos brazos están cubiertos de tinta, su pecho es firme y la única parte que no está cubierta de tinta, tiene un paquete de 8 muy sólido, y su rostro es estoico, mientras sus ojos me atraviesan. Por fin encuentro su mirada y, de repente, me siento culpable y avergonzada por dejar que mis ojos se desvíen. Vincenzo da un paso hacia mí y siento que se me corta la respiración. "No te quedes mirando, te hace ver desesperada", me susurra al oído. Cuando se aparta, tiene una sonrisa diabólica en la cara y se marcha a su habitación, dejándome atrás con la cara roja.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD