Mi corazón está latiendo con fuerza y mi respiración es errática. Por unos segundos no digo o hago nada, demasiado sorprendido por su petición. Vaya, vaya. Parece que mi dulce chico no es tan tímido, después de todo. —¿Quieres que te bese? —murmuro con voz profunda, disfrutando del estremecimiento que pasa por su cuerpo. —Sí —su mirada cae sobre mis labios y a propósito paso mi lengua sobre ellos—. Por favor. Esas palabras rompen algo dentro de mí y, acortando la escasa distancia que nos separa... lo beso. Trato de aferrarme a la pizca de autocontrol que me queda y muevo mis labios lentamente sobre los suyos. Maldición, son tan suaves y esponjosos. Justo como me los había imaginado. Él tarda unos segundos en responder, pero al final se ajusta perfectamente a mi ritmo, dejándome tomar e

