—¿Ya lo ves? —presumo el papel con los resultados frente al rostro de Nate—. Perfectamente sano, como yo sabía que iba a resultar. —Yo lo sabía, cielito —Steve pasa un brazo sobre mis hombros—. Intenté convencer a Nate de no obligarte hacer eso, pero el hombre no quiso escucharme. —La idea fue tuya, Steve —Nate confiesa, rodando los ojos. —¿Quién es ahora el traidor? —aparto a Steve de un empujón y le saco el dedo del medio—. Jamás volveré a comprarte nada con Maggie. —¿Cómo pudiste hacer esto, Nate? —Steve lloriquea, guindándose de su camisa—. Esos dulces me salvaban cada vez que tenía una baja de azúcar. ¿Acaso quieres que muera? —Sí, sí —Nate le resta importancia con un gesto de su mano—. Pero ve el lado positivo, Jas. Sirvió para saber que no pasa nada malo contigo y puedes darle

