JAMES —No puedo comprender cómo me enamoré de ti sino te gusta el chocolate —niego con la cabeza, fingiendo estar indignado. Luego, chupo mis dedos índice y pulgar, embarrados del mejor dulce del planeta entero—. Lo peor es que ya nos casamos, estoy atado de por vida a un gran ogro gruñón que odia mi golosina favorita. —Por millonésima vez, no es el sabor, es la textura —rueda los ojos y arruga la nariz—. Es desagradable cómo mi lengua se siente aceitosa y la pasta se pega a mis dientes. —Eres todo un bebote llorón —me río cuando me da un pellizco juguetón en el trasero—. Y mides casi dos metros, estás lleno de músculos en cada parte de tu cuerpo en donde mis ojos se posan y tienes uno de los rostros más atractivos del año, según la revista People. Él sonríe, orgulloso, obviamente d

