—Bueno, he sentido este como el viaje más largo de mi vida. Hace unos segundos, me estacioné frente al edificio en donde vive Nate. No hemos hecho ningún movimiento para bajar, apenas se sienten nuestras respiraciones dentro de mi camioneta. Sí, no estamos corriendo desesperados como una anciana en una tienda con ofertas. La tensión ya se está construyéndose y no hay chiste o broma que haga Steve para aliviarla. —Vamos —apago el motor y me deslizo fuera, rodeando mi camioneta para alcanzar a James y ayudarlo a bajar—. No olvides tu mochila. —Ah, sí —James toma el bolso antes de cerrar la puerta, Steve se nos une poco después. —Estaba pensando —caminamos y percibo cada paso más pesado que el anterior—. Tal vez, si le digo a Nate que cambié de opinión y le dejo mi auto en el testamento,

