Corrí, corrí y seguí corriendo hasta que mis pulmones ardían por falta de aire y mis músculos quedaron desgastados por el esfuerzo. El frío por la lluvia no me importó. La gente con la que choqué a mi paso son un borrón en mi memoria. Mi camioneta en ese estacionamiento de mala muerte perdió importancia. Sólo quedó el dolor. Tan profundo, contaminando mis venas y oxidando mis entrañas. Una sensación tan tóxica que trajo la bilis a mi garganta y nubló mi vista. No sé por cuánto tiempo ni la distancia que recorrí, las gotas de lluvia clavándose en mi piel como pequeñas agujas a medida que adquiría velocidad. "No". "No lo estoy". En este momento, quisiera tener la posibilidad de reemplazar mi corazón por otro. Que no lata. Que no demuestre vida. Que no sienta. El torbellino dentro de

