Nathaniel camina hacia las gradas, donde la gente se encuentra reunida, burlándose de James. Con lo que nadie contaba es que yo iba a correr, completamente bloqueado en un estado de ira, con los gritos del Entrenador a mi espalda, llamándome. Nadie pensó que me quitaría la camisa de deporte y las hombreras, dejándolas descartadas en el césped, quedando sólo con mi camiseta. Que treparía la reja que protege las gradas y me pararía frente a James, ocultándolo de la vista ahora asombrada y perpleja de Leyla y sus secuaces. A ella no se le ocurrió que yo golpearía fuera de su mano el envase vacío de jugo, a lo cual reaccionó con un agudo chillido de sorpresa. Por eso todos se sorprendieron cuando ayudé a James a meter las cosas en su mochila y, tomándolo de la mano, lo saqué de allí en direcc

