«¡¿Por qué demonios eso me excita tanto?!». Estoy a punto de entrar en combustión instantánea, mi cuerpo está envuelto en llamas y lo único que quiero es que me joda con rudeza contra el colchón. Pero únicamente si él quiere. Todavía siento su dureza presionada en mi estómago, pero no avanzaremos más, a menos que me dé luz verde. —¿Es eso un problema? —su voz temblorosa refleja su inseguridad. —¡Mierda, no! —estimulo mi erección con su cuerpo y él gruñe bajo—. Me pone más caliente que la lava, amorcito —acuno su cara y lo acerco para besarlo—. Pero, si no quieres hacer nada, si quieres llevar las cosas con calma, lo entenderé. Puedo esperar —murmuro sobre sus labios y su suspiro me hace cosquillas en el cuello. —Quiero ir lento —intento aplastar la desilusión—. Quiero hacerlo lento hoy,

