Era lunes por la mañana y Luperca como siempre salía temprano de su casa, con tranquilo caminar se dirigió por el callejón familiar hasta la avenida principal cuando su hermano apareció a lo lejos, era un joven alto con cabellos oscuros y piel color canela, pero la diferencia entre ellos era la heterocromía en sus ojos, un bello tono ámbar decoraba su ojo izquierdo mientras que el otro era completamente n***o en su pupila como el azabache mismo, aquel joven de cuerpo atlético era el guardián de la hermosa joven, y como tal demostraba el mayor de los afectos por parte de un hermano mayor a su pequeña "lulu" como solía llamarla.
El nombre del hermano mayor era igual de peculiar que ella, tal parecía que sus padres estaban obsesionados por que sus hijos destacasen incluyendo en el nombre por el cual serían llamados, pero el carácter de ambos hermanos era lo increíblemente sutil como para mantener la calma ante los perjuicios de quienes los rodeaban, así pues Druso se había adaptado junto con su hermana a un sinfín de burlas por parte de sus compañeros y aunque su aspecto podía llegar a ser un tanto intimidante se había vuelto blanco de un atractivo inusual al igual que su hermana, ciertamente era algo que no conseguía entender.
Tan pronto se vieron cara a cara una sonrisa irradiante se delineó en el rostro de ambos y un abrazo sincero pactó la bienvenida del primogénito de la familia, en completo silencio se miraron a los ojos mientras una dulce mirada agrandaba la sonrisa de Lupe por ver al fin al único familiar que hasta ese momento la comprendió, con una seña sin necesidad de hablar le indicó acompañarla hasta la parada del autobús a lo que ella accedió en completo silencio, habían sido criados juntos contra el mundo, era normal para ellos simplemente entender a gestos, era como un código secreto de hermanos, nadie más conseguía entender lo que podían decirse en solo unos cuantos movimientos de sus manos o gestos con su casa, pero entre ellos era mucho más que suficiente a menos que desearan hablar.
La parada del autobús era en la misma esquina donde Erick la había dejado la última vez, ambos hermanos aguardaban en silencio mientras soltaban vapor a propósito como una diversión secreta, las risas no faltaron como si se ocultaran de los regaños, hasta que su hermano se dio cuenta de lo alta que estaba su hermana menor, tantos años viajando y no ser capaz de verla todos los días lo agobiaban pero el dinero era un crucial para poder continuar con la vida que tenían en ese momento, pero más le preocupaba el bienestar de su pequeña hermana mientras la admiraba llegar mucho más lejos de lo que el alguna vez estuvo, el autobús estaba a una cuantas cuadras, lo suficiente para ser notado por los hermanos cuando un automóvil se estacionó de la nada frente a ellos.
— Hola — saludó Erick luego de bajar la ventana del coche — ¿no llegue muy tarde?
— La verdad no te esperaba — respondió Lupe mientras tenía una sonrisa nerviosa en su rostro.
— ¿Quién es él? —interrogó el hermano mayor con un semblante serio.
— ¿Enserio, llegue muy temprano acaso? — se disculpó mientras la mirada de Druso lo ponía un tanto nervioso en su actuación— perdona como no dijimos la hora.
— No, no, descuida, voy contigo — respondió más tranquila.
— ¿Qué estás diciendo? —detuvo a su hermana del brazo— Lulu ¿es una broma?
— Descuida hermanito, es un compañero de la universidad, se llama, Erick.
— ¿Desde cuándo hacen esto? —interrogó mientras sostenía una furiosa mirada al joven conductor— ¿Mamá y papá lo saben?
— De hecho…aun no.
La mirada entre Erick y Druso se mantenía intacta como si su único enfoque fuera analizar lo que el otro tenía oculto; era casi parecido a un concurso de miradas, Erick por su parte estaba comenzando a volver a su “estado natural” mientras su mirada se volvía frívola como la de un asesino sin compasión al igual que Druso se mantenía firme con una desconfianza tremenda ante quien podría ser alguien cercano de su pequeña hermana.
Aquel hermano mayor desde muy pequeño decidió encargarse de la pequeña lulu incluso sabiendo que era imposible a su edad, su carácter era paternal al punto de celar a su hermanita de cualquier aprovechado que intentara hacerle daño y aunque le parecía un poco infantil su sueño de ser la protagonista de un hermoso romance de cuentos de hadas, ciertamente anhelaba la felicidad de ella, sin embargo, este joven le daba incertidumbre, no sabía detectar sus intenciones pese a ser un experto y terminó por provocarlo un poco.
— Bien —asintió Druso para luego mirar amenazante a los dos jóvenes— entonces no habrá problema que los conozca apropiadamente hoy en el almuerzo.
— ¿Druso? — cuestionó su hermana un tanto sorprendida por la reacción que estaba tomando.
— Estaré encantado— afirmó Erick mientras sostenía una sarcástica sonrisa.
— ¿Erick? — volvió a preguntar Lupe sin obtener respuesta.
La situación se volvía extrañamente incomoda mientras el autobús llegaba a la estación y pedía por medio de su bocina que el joven estudiante se moviera de su lugar, Luperca al notar esto se despidió de su hermano y subió al automóvil lo más rápido que pudo para luego irse de allí, a los pocos minutos de su partida se sintió un poco más aliviada, ahora comprendía porque Erick le parecía agradable, tenía las mismas actitudes que su hermano y al estar acostumbrada lo notó como algo normal, pero aun así la reacción que ambos tuvieron en ese momento no dejaba de inquietarla, era la primera vez que veía tan diferente a su hermano mayor y le pareció curioso la respuesta de su compañero al volante por lo que no dejó de espiarlo con la mirada hasta incomodarlo.
— Di lo que quieres, no te me quedes mirando — advirtió Erick con un tono de voz frívolo y profundo— es incómodo.
— No tanto como tu reacción con mi hermano — resopló Lupe un tanto molesta— ¿sabes que aceptaste comer en mi casa sin conocernos realmente? Apenas llevamos un día de amigos.
— ¿Qué hice qué? — cuestionó para luego de un momento recordar que las palabras de su copiloto eran ciertas — ¡no puede ser, si lo hice! Te aseguro que no quería hacerlo, es solo que me molesté.
— Supongo que Dru tiene algo que ver en eso —revolvió su cabello para atrás y suspiro— deberíamos inventar una buena excusa para que no vayas, no quisiera que fueras con la ira aún en tu cabeza.
— No, no, puedo ir sin problema, me portaré adecuadamente —miró a Lupe con una sonrisa sincera que por primera vez sintió en su corazón— lo prometo.
— De acuerdo, pero confirmémoslo en la salida, solo para estar seguros.
Tan pronto como llegaron al estacionamiento de la universidad bajaron y caminaron juntos por el pasillo en completo silencio, como siempre su acople era integró pero entonces miles de mujeres los acorralaron como bestias asesinas, todas cuestionaban su relación mientras otras tantas críticas a Luperca saltaban en los oídos de Erick, las ofensas se estaban volviendo cada vez más fuertes y la misma Lupe comenzaba a tener algo de nervios ya que nadie quería escuchar la explicación de los mal entendidos cuando un grito de alto acalló a todos sorpresivamente.
Luna estaba al otro lado del pasillo viendo el tumulto cada vez más agresivo, las cosas realmente se estaban descontrolando y preocupada por su amiga decidió hacerse paso entre el gentío molesto, el silencio tardó unos segundos mismo tiempo que le permitió a Luna llegar con su amiga y ver una escena impactante, Erick estaba sosteniendo de la cintura a una confusa joven mientras todos alrededor comenzaban a susurrar chismes sobre la montada de escena digna de Hollywood.
— Ya fue suficiente — advirtió Erick mientras sujetaba del brazo a Lupe — sí, ella es mi novia ¿y qué?
— ¿Qué? — susurró Lupe al oído de Erick en lo que todas se volvían locas por respuestas de semejante confesión— no hay necesidad de decir eso.
— Después podemos arreglarlo— contestó mientras dirigía la mirada a todas las demás muchachas — les ruego por favor que no la molesten.
El grupo se abrió paso completamente anonadado en lo que Luna perseguía en silencio a la pareja que se escabullía del gentío a un apartado pasillo cerca de la sala de profesores, tan pronto se sintieron a salvo comenzó la preocupación por lo que habían hecho, la respiración de Lupe era pesada y su mente era un caos sobre lo que había sucedido, pero al levantar la mirada se dio cuenta que no era la única, pues Erick estaba al borde del colapso por la que llamaba su “idiotez” por otro lado Luna se les unió para cuestionar lo que había pasado, pero la misma pareja no sabía cómo responder, pensaron en aclarar el conflicto pero Luna no lo permitió indicando que era una locura, contradecirse después de eso solo pondría en peligro a Lupe.
La primera mentira se dio en ese momento y sería la que desencadenaría muchas más con el tiempo.