La reacción de Eliot De Medichi había sido instantánea, precisa y desprovista de cualquier sentido de autopreservación; puesto que cuando la puerta de la habitación del motel se abrió de forma brusca y abrupta, ambos se sentaron en la cama de un tirón, pero el cuervonegro, movió su cuerpo de forma perceptible, cubriendo el de Danika con el suyo propio, formando una especie de escudo humano. Mathew, el sexy demonio de mirada bicolor, quien acababa de irrumpir en la habitación con el rostro desbordado de rabia y con una constante promesa de violencia en su mirada, solo reafirmada con el arma que cargaba en sus manos sin importarle a quien apuntaba realmente; se detuvo, observando la extraña reacción protectora, casi fraternal, mientras desviaba el cañón del arma a otro punto en el cuarto.

