—¿Estás nerviosa?—susurró Mathew en la cabina del vehículo, mientras observaba la pierna de Danika moverse de manera rítmica y espontánea. La bella agente siguió el recorrido de su mirada, hasta que finalmente detuvo el movimiento de su pierna. —He hecho esto incontables veces, sin embargo es la primera vez que tengo miedo de cometer un error—. Sobre Danika Ski recaía el peso, no solo de cometer un error que expusiera sus intenciones ante la agencia y los De Medicho, también, lo de derrocar a Estanislao y colocar en su lugar a uno de sus hijos. Aquello, sin lugar a dudas, la convertiría en una traidora ante los ojos de todos ellos, y la condenarian a muerte al instante. Pero ¿Qué otra cosa podía hacer? Danika sabía muy bien que no habría paz hasta que varias piezas del tablero fueran

