—¡Danika!—fue lo único que Alexander logró decir. Su tono era de sorpresa y horror, mientras asimilaba lo que aquello significaba. Un instante después, el príncipe de hielo entró en pánico, sintiéndose completamente desnudo y vulnerable ante aquella encantadora mujer. En su afán y desesperación por intentar cubrirse de las miradas lascivas y sugestivas de aquella hermosa dama, el retrocedió un paso, mientras se revolvía inquieto en busca de algo con lo cual esconder sus partes expuestas. Grave error. La humedad del vapor del agua de la ducha, habían hecho del piso del baño un lugar inestable, peligroso y sumamente resbaladizo; por eso, cuando aquel hermoso hombre de mirada esmeralda comenzó a revolverse inquieto sobre sus pies, no logró mantener su estabilidad sobre estos durante much

