Hacía un clima delicioso, un calor suave, pero no sofocante. Camine cantante y rebosante de energía, mi cabello ondulaba con la suave brisa que corría en ese momento. Más delante a la siguiente manzana estaba el café al aire libre, pude ver a un grupo de jóvenes que platicaban felices, al acercarme, algunos me saludaron con entusiasmos, algunos otros no tanto.
Ricardo se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla y me invito a sentarme en la silla que retiro para mí.
Si no lo conociera y no hubiera escuchado todos los chismes de él, hubiera caído con ese gesto de caballerosidad. Es guapo, tiene un cabello rubio castaño que brilla con el sol, tiene un estilo parecido a uno de los miembros de los Backstreet Boys, Nick, claramente no tendría la gracia de tener ni la voz, ni el talento. Pero tenía un encanto para embaucar a cualquier chica.
De no ser que Daniela sabia lo complicado de mi vida, no me lo hubiera presentado. Su padre es un abogado que da clases en la universidad y quizás él podría tener las herramientas para "robarme"
Nick, digo Richi, levantó la mano a lo que el mesero llego a nuestro lado.
—¿Qué vas a tomar linda?
—Nada Richi, tome mucha agua en el trabajo
— Vamos linda. Tráigale lo de la casa, por favor— le pidió a la mesera.
Pasamos un tiempo platicando de todo, con todas y todos los que estaban ahí, observe que Ana, (una chica que yo sé que no me tolera), estaba tocándole los brazos a Ricardo, no sentía celos ni nada por el estilo, pero me parecía gracioso que le coqueteara, a sabiendas de que él había ido ahí por mí, porque Daniela lo había invitado.
Escuche una voz muy chillona e insoportable, una vos que empezó a caerme mal desde pequeñas, pero no podía hacer nada.
—¡Hola Ricardo!— Mariana se acercó a él a saludarle y mientras se agachaba para besarle la mejilla, dejo resbalar su bolso golpeándome parte de mi cabeza.
—Cuidado tarada, le grito Daniela
—¿Por qué me hablas?
—¿eres idiota o te haces? — le pegué en el pie a Dani para que callara, si Mariana se enojaba podía meterme en problemas.
— ¿Tú que haces aquí? Vete a la florería
— Ya terminé mi horario Mariana
— ¿A si? Le diré a papa que tienes mucho tiempo de sobra y ¿con qué dinero compraste esto?, ¡Te robaste el dinero de mi papá!
— Me invitaron mariana, ya vete
Varias aguantaban las ganas de reírse, Ricardo veía con pena como me hablaban, pero nadie dijo nada.
—Eres una perra ladrona, le diré a mi padre— Mariana, agarro mi batido que tenía solo un poco y lo vertió en mi vestido.
—UPS se me cayó
Daniela se levantó enojada y le soltó un golpe en la nariz, la cual empezó a sangrar, llorando y soltando algunos improperios, se fue con su grupo de amigas. Daniela me ayudaba a limpiar mi vestido con las servilletas, mientras me reía de como Dani la golpeo. Amaba a esta chica, pero sabía que me iría muy mal con mis tíos.
Me despedí de todos y nos alejamos caminando
—Dani, viste que no hizo nada por defenderme o quitarla de encima, así quieres que yo tenga que ver algo con él.
—Todos son unos idiotas. Te va a golpear tu tía, ¿cierto?
— Si
Daniela se aferró a darme dinero, lo cual después de negarme como veinte veces lo tome. Camine a la florería, lo guardaría en mi lugar secreto, no sabría cuál sería el castigo.
Desde que conocí a Daniela, ella se ha convertido en mi hermana y casi mi madre, que ella se ocupara de mí, es haberme ganado un pedacito del cielo, muchas veces mi amiga me quito el hambre. Cuando niña, sufrir anorexia por un tiempo. Ella me llevaba comida, en veces ropa a escondidas de su madre. Entre otras cosas.
Al llegar a mi casa, me di cuenta de que todo estaba cerrado, Mariana había puesto candado por dentro.
Me quede ahí por una hora, pero ni mis tíos llegaban, así que camine de vuelta a la florería, saque un cobertor y me acosté detrás del mostrador.
El suelo era frío y duro, pero estaba acostumbrada, mi cama constaba de ser solo una esponja rígida, pero en muchas ocasiones dormí directamente en el suelo de mi habitación.
Soñé con mis padres y como me consentían cuando era pequeña, el gran cuarto de princesa que tenía solo para mí, mi cama con dosel; colgaban telas semi trasparentes, rosadas y violetas de cada lado, muchos peluches, adornaban mi cama grande, y una mesita en un rincón donde dibujaba.
El cómo mi papá me leía cuentos y como me arropaba por las noches, extrañaba mi cálida cama y a mis adorados padres.
Se escuchó un golpeteo en la puerta, sacándome de mi sueño. Luces rojas y azules afuera del local se colaba por las persianas del lugar, me levanté y encendí la luz para ver bien.
—Arriba las manos— Gritaron desde el otro lado, asustada, obedecí.
Vencieron la entrada del local y entraron uno detrás del otro, 6 policías apuntándome con un arma, espantada y temblando los vi a todos con lágrimas amenazando con salir.
—¿Qué pasa?
—Estás arrestada por allanamiento y hurto
—¡Robar! Solo dormía oficial
— ¿Por qué te metiste a robar? — grito uno mientras me hacía señas de que me tirara al piso
—Este local es de mi papá, señores, ahí en el mostrador están mis papeles y documentos que lo avalan
Mientras era esposada, un oficial se acercó al mostrador y tomo un sobre que tenía ahí, saco todo y se dispuso a revisar. El otro oficial que me había esposado me levantó lastimándome el brazo y las muñecas.
—¿Eres Valeria Quintero?
— Sí, señor, atrás del mostrador está mi mochila, ahí está mi ID de la escuela
Después de revisar y comprobar todo, el oficial le pidió que me soltaran.
— Conocí a tu padre cuando era joven, siento tu perdida señorita, ¿Pero qué haces aquí?
—Mi prima se enojó conmigo y no me dejo ir a casa a dormir
—De casualidad es ¿Mariana Sáenz?
— Sí — dije extrañada —. ¿Fue ella quien les llamo?
El señor asintió con la cabeza y sus ojos demostraban pena y vergüenza ajena.