Cuando llegaron entraron a la casa a Anabella, le dio una mala sensación. —No me gusta ésta casa, ¡No quiero estar aquí!—dijo la mujer sintiéndose desesperada—, no, no, no quiero estar aquí—y empezó a llorar y los niños al verla así también se alteraron. Sebastián preocupado la abrazó mientras le decía —Cálmate mi vida, tranquila, estás afectando a los niños se sentó en el sofá con ella en su regazo, mientras la abrazaba y le susurraba palabras dulces, los niños cada uno se le colocó a cada lado, así pasaron más de treinta minutos hasta que la calmó. —¿Estás bien pequeña? —le preguntó dándole un beso en la frente. —Lo siento. No sé porque reaccioné así, es que me da una mala sensación estar aquí, cómo si hubiese vivido momentos malos, no entiendo. ¿Vivimos antes aquí? —le preguntó mirá

