Sebastián se arrodilló frente a su hijo para quedar a su altura. —Sí, pero una cosa es la confianza que tengas en ti y otra muy distinto el exceso de la misma que puede llevarte a ser imprudente y a tener un accidente. ¿O me haces caso o te retiro de las competiciones?—ambos tuvieron una lucha de miradas que por esta vez ganó Sebastián. —Está bien haré lo que me digas —dijo el niño con resignación. Entre tanto el corazón de Antonia no dejaba de palpitar acelerado, ese tal Sebastián le producía múltiples sensaciones, se sentía acalorada con solo verlo, se veía tan sexy, pensó sorprendida, le encantaba como cuidaba a los niños, como estaba pendiente de ellos y como se desvivía por complacerlos. No aguantaba más, iría a sumergirse en la piscina para aplacar ese ardor que estaba sintiendo,

