Después de trabajar más de cuarenta y ocho horas casi ininterrumpidas en las labores de búsqueda se retiraron, él se dirigió a Palermo, a la casa de su padre, al llegar visitó a los gemelos a su habitación, los besó, les dedicó unos minutos, luego de ducharse y vestirse los buscó y se los llevó a su habitación para dormir con ellos. No pudo conciliar el sueño, no dejaba de observarlos, estaba sorprendido de lo mucho que se le parecían, sólo tenían la forma de sus bocas como su mamá—. Anabella, ¿Dónde estás?— Se preguntó. De inmediato los recuerdos de ella se colaron en sus pensamientos, desde la primera vez que la vio, las peleas, los encuentros, sus celos, lo sobreprotector que había sido cuando ella era una adolescente de doce años, se recordó de ella a todas las edades, como fue crecie

