Sebastián se quedó viéndola con una mirada tierna y levantó sus manos y empezó a delinearle el rostro, después su nariz, los ojos, sus labios, sus mejillas, estaba hipnotizado con ella. Estaba gratamente conmovido, lágrimas de emoción recorrían su rostro, ella se las enjuagó con ambas manos, mientras se miraban intensamente, hasta que no pudieron aguantar más y empezaron a besarse desesperadamente con ansias, como pidiendo perdón, como si no hubiese un mañana, diciéndose con besos lo doloroso que fue esa separación, como queriendo recuperar el tiempo perdido y no volverse a separar jamás. —Te amo mi pequeña, no sabes cuánto te extrañé, no quiero volver a perderte jamás, prométeme que no te separarás de mi, pase lo que pase prométeme que no importa cuáles sean las circunstancias, no vas a

