Los pequeños siguieron insistiendo. —Además padre el bullicio de la gente, los demás niños y niñas corriendo con sus palomitas de maíz, unos divertidos otros molestos, regándolas por todo el suelo y haciendo desastre y ver las caras de sus madres preocupadas por el comportamiento de sus hijos, no tiene comparación. En conclusión, quiero ver gente padre —agregó con seriedad Taddeo. —Si serás malvado Taddeo quieres ir a divertirte a costa de la gente —le dijo mientras se sonreía y tocaba sus cabellos juguetonamente—. Está bien iremos—respondió Sebastián, observando a sus hijos. —Cuando ellos dos están de acuerdo y conspiran hay que huirles —manifestó Giovanni, el padre de Sebastián. —Son unos manipuladores—dijo Amine sonriente. —Esa característica la heredaron de los Ferrari, porque mi

