—¡Cállate! ¡Cállate infeliz! No quiero oírte, lo que pensabas me quedó claro en esa oportunidad y ni siquiera te acercaste a tus hijos, los primeros tres años y cinco meses de sus vidas, podías haberme dado la espalda a mí, despreciarme, pero no a ellos y eso jamás voy a perdonártelo, no quiero que te les vuelvas a acercar —. Concluyó con todo su odio mientras se daba la vuelta, los invitados miraban sorprendidos por los acontecimientos. Sebastián la siguió la sostuvo por el brazo y se arrodilló a pedirle perdón mientras un llanto desgarrador salía de su garganta. —¡Perdóname Bella! Por favor perdóname por nuestros hijos, yo te amo y a ellos, y a la beba que estamos esperando, no me alejes de mis hijos por favor, yo estoy arrepentido de todo lo que hice, por favor Anabella, no puedes hac

