Tres años después Anabella estaba viviendo sus mejores momentos como pintora, su musa estaba desbordada, había pintado muchísimo, sus creaciones representaban diversas situaciones de su vida, en una pintaba a una mujer que lucía enamorada mientras corría tras un hombre que la miraba con desprecio, en otra, una mujer que reflejaba confusión en su rostro al verse embarazada y sola, así sucesivamente plasmaba momentos tristes de su vida, algunos eran tan desgarradores que conmovían a quienes los observaban. Por esa pasión con la que pintaba tenía muchos adeptos, había vendido numerosos cuadros, no sólo a los turistas de la zona donde residía, sino que también a personas que vivían en Milán, Roma e incluso en España, ello debido a su relación con los esposos Dimitrakos Sabato, los había cono

