—Anabella Estrada, ¿Aceptas y recibes como esposo a Sebastián Renaldo Ferrari Castello, para amarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de tu vida hasta que la muerte los separe? —Si acepto y lo recibo—. Respondió ella en voz fuerte. —Sebastián Renaldo Ferrari Castello, aceptas y recibes como esposa a Anabella Estrada, para amarla y respetarla, en la salud, en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de tu vida hasta que la muerte los separe —pregunto el clérigo. —No dudes nunca Anabella que te amo, me robaste el corazón con solo una mirada de esos hermosos ojos color plomo, tú hermoso cuello tan blanco como el alabastro me enloqueció y enseñó la esencia de tu fragancia, más grata que cualquier especie aromática

