Anabella, llegó al Aeropuerto y tomó su vuelo con destino a Palermo, no había podido desechar la tristeza, ¿Cómo iba a hacerlo? Si las palabras proferidas por Sebastián se repetían constantemente, cada gesto, desprecio y humillación que había sufrido de su parte. Ella lo había amado desde siempre, fue su héroe, su modelo de hombre ideal, no pudo evitar carcajearse. —Resultó que mi ídolo tenía pies de barro. Esos eran sus pensamientos hasta que llegó a su destino en menos de cuarenta minutos, la ciudad de Palermo, el lugar que amaba, donde nació y se crió y del que tantos recuerdos buenos tenía, hasta ahora que había sufrido la humillación más grande y cuyo recuerdo era recurrente, por eso quería irse, alejarse y empezar de nuevo en otro lugar, pero ya pensaría en eso, necesitaba estar c

