Taddeo caminaba como era su costumbre todas las noches, diariamente tomaba una ruta diferente por razones de seguridad y aunque en un principio lo acompañaban un par de guardaespaldas que su papá se había empeñado en colocar y que era usual que los siguieran a todas partes, desde que fue secuestrado a la edad de poco menos de seis años, había días que eso lo fastidiaba, le encantaba pasar desapercibido y debía aprovechar sus momentos de bajo perfil, porque era muy probable que a partir del día que empezara a cumplir su sueño de ser corredor de Fórmula 1, tendría que decirle adiós a su tranquilidad. Le habían avisado ese día que estaba dentro de un grupo de cinco pilotos del cual escogerían uno, y su felicidad estaba desbordada. Las cosas no podían ir mejor, a sus escasos dieciocho años, h

