—No me interesa. No me da la gana que salgas y punto—espetó molesto. —¡Eres malo papá!, un hombre cruel que poco te importa el bienestar de tus hijos—gritó la chica, quien salió corriendo diciendo—. Lo siento, no me han dado permiso. —Tal vez otro día mi niña, no llores. Al llegar a casa te marcaremos para hablar por teléfono —expresó tratando de animarla. Se despidieron, al llegar a casa se bañaron, cenaron y se fueron a la habitación de Gálata, llamaron a Paula, justo en ese momento, tocaron la puerta de la habitación y Anabella se levantó a abrirla, era su amiga Martina quien había llegado a visitarla y como era de confianza la habían subido directo a donde ellas estaban. —Vine a compartir con ustedes la noche de chicas —señaló sonriendo, luego conoció a Paula y las tres comenzaron

