El Tango de Tres y la Escoba de la Ley El vinilo de *“La Cumparsita”* seguĂa girando, llenando el apartamento de un dramatismo que contrastaba con la escena absurda en el centro de la sala. Dante, decidido a no permitir que una gata de tres kilos arruinara su momento de redenciĂłn, tomĂł a Elena de la cintura. —Ignorala —susurrĂł Dante, tratando de sonar seductor mientras la siamesa se aferraba a su tobillo derecho como si fuera un náufrago a una tabla de madera. —Es un poco difĂcil bailar un tango con un polizĂłn en la pierna, Moretti —rio Elena, pero se dejĂł llevar. Empezaron a moverse. Fue un baile extraño, pero cargado de una electricidad innegable. Elena usaba su bastĂłn de plata como un eje de elegancia, pivotando con una gracia que desafiaba su discapacidad, mientras Dante la guiaba

