El Aterrizaje en el Paraíso y el Rescate Melódico La maceta de geranios soltó un crujido final, rindiéndose ante la gravedad y los 85 kilos de italiano desesperado. Dante cerró los ojos, esperando el vacío, pero el destino —que ya lo había golpeado bastante— decidió darle un respiro de gloria antes del caos. —¡¡AGÁRRENLO!! —gritó Luca desde el otro balcón, mientras las sirenas de los bomberos ya empezaban a aullar a lo lejos, doblando por la calle Benito Blanco. Elena, con un reflejo rápido, estiró sus brazos hacia adelante. Dante, en un último esfuerzo por no morir, soltó la maceta y se impulsó hacia adentro. Pero la inercia lo traicionó: entró al balcón con demasiada fuerza y, en lugar de caer al suelo, su rostro fue directo contra el torso de Elena, quien no tuvo tiempo de cerrar su

