(Almendra) Bastián tenía unas ojeras del porte de un buque, así es que como Roxana se había llevado mi auto, yo manejé el de él. Yo creo que, al agotamiento físico, se le sumaba el emocional, Gustavo era casi su hermano y se estaba debatiendo entre la vida y la muerte. Antes de llegar a mi casa, pasé por un pequeño restaurant a comprar comida casera para llevar; una buena cazuela de pollo le levantaría el ánimo y le daría la energía que necesitaba. Tras comer, nos acostamos los dos en el puf... y nos dormimos. Yo desperté cerca de las ocho y media. Me moví un poco y Bastián abrió los ojos. ―Son las ocho y media, ¿te vas a levantar o vas a seguir durmiendo? ―No, voy a levantarme, quiero pasar a la clínica antes de ir a buscar a la familia de Gustavo. ―¿Quieres un café? ―ofrecí.

