(Bastián) Eso ya se estaba saliendo de control. ―Don Alfonso... ―Fue todo lo que logré articular. ―Tranquilos, ellas no tienen nada que ver ―le dijo don Alfonso a los atacantes. ―Lo sabemos, y no les haremos daño, si ustedes se quedan tranquilos y nos dejan ir. ―Bien lo dijiste, no tengo pruebas contra ti. El que estaba frente a nosotros le hizo un gesto a su compañero y se fueron apresurados en un auto enchulado que se acercó y se los llevó. Las dos mujeres corrieron a nosotros. Magdalena se abrazó a su papá y yo recibí en mis brazos a Almendra, quien se largó a llorar. ―Ya pasó, ya pasó, tranquila. ―Subamos para que pasen este mal trago ―dijo el papá de mi amigo. Ambas chicas lloraban a sollozos. En cuanto nos vieron los que habían quedado arriba, se acercaron para sa

