—No le va pasar nada —trago saliva. —Maldita sea—toma su celular y se va adentro. Cierro mis ojos y solo respiro después me agacho y junto ese desastre. —Señorita deje yo lo junto—menciona Abígail. —Gracias Abí pero yo te ayudo—le sonrío y sigo recogiendo. Horas más tarde… Ya es tarde, para ser precisas son las cuatro de la mañana y Mía no ha llegado, ahora parece que las palabras de Axel toman sentido. Frunzo el ceño mientras asomo mi cabeza por la ventana, después vuelvo y veo a Axel frente a mí. —Te lo dije allá afuera si algo le pasa a mi hermana sobre ti—dice mientras me ve enojado para luego llamar por teléfono—Quiero que la busquen y no vuelvan hasta que la encuentren ¿Cómo que no hay nadie? Maldita sea—cuelga y deja caer el celular a sillón. —¿Por qué no solo confías en tu

