Capítulo 2 (Cosas del destino)

1678 Words
Capítulo 2 Respiro con tranquilidad en cuanto veo como él desaparece de mi vista, después sigo con mis pasos hacia mi escritorio. Veo como él entra a su oficina la cual está a unos pasos de la de la señora Amelia después me siento y acomodo todo lo del escritorio. Enseguida veo como el señor Daniel y la señora Amelia vienen llegando. —Hola hermosa ¿Cómo te fue en tu cita con la ginecóloga? —pregunta con interés la señora Amelia. —Me fue bien en dos días me inseminan —sonrío. —Ah genial—también sonríe—¿Sabes algo? —me toma de las manos y después se sienta en la silla de enfrente—Te admiro por querer ser madre soltera, sé que no es fácil encontrar el amor en estos tiempos pero ojalá que independientemente de que vayas a ser mamá encuentres al amor de tu vida —me ve con admiración. —Yo la admiro más señora y gracias por apoyarme y no negarme el trabajo—digo agradecida. —Yo encantada así ese bebé crece entre nosotros. —Abuela—menciona Axel a espaldas de la señor Amelia. Ella voltea y enseguida se le iluminan los ojos, ella quiere mucho a su nieto Axel y eso es porque la mamá de Axel la cual está fallecida es su hija. En fin ella se levanta de la silla, se da la vuelta y lo abraza con ternura. —¿Qué paso amor? —pregunta —Ahora hablamos nena—se dirige a mí. Asiento con la cabeza y después solo veo como ellos dos se meten a la oficina. Sigo con mi trabajo hasta llegar al final del día. Horas después… Hoy es noche de viernes y también es día de ir por panecillos a la panadería de aquí a lado. A Tita le gustan mucho así que pasaré por unos. Junto mis cosas y estoy por irme pero la señora Amelia me detiene. —Por panecillos como todos viernes ¿Cierto? Esa Tita no ha cambiado mucho que digamos —dice mientras le da el bolso a Daniel. —Sí señora—digo con una sonrisa. —¿Qué te parecería que yo vaya a tomar el café esta noche con ustedes? —pregunta emocionada. —Me parece perfecto—digo emocionada. La señora Amelia y mi abuela son amigas de la infancia la diferencia para la sociedad más no para mí, es que ellas dos son muy diferentes mi abuela es de clase media, le gusta la cocina y hacer pasteles mientras que la señora Amelia ella es de la alta sociedad, y una mujer de negocios pero aún así las dos son iguales de importantes y queridas. Por eso digo que la señora Amelia es una persona de calidad porque a pesar de su estatus jamás dudó en reconocer a mi abuela como su amiga en aquella noche lluviosa donde las dos se reencontraron después de veinte años desde ese día la jefa como yo le digo no dudo en reclutarme como su secretaria. Menos mal porque recuerdo que ese día mi abuela y yo la estábamos pasando muy mal. En fin eso ya pasó ahora tengo un trabajo el cual me deja vivir bien no digo que con lujos pero si dignamente. Pero no me conformo algún día seré alguien importante, y lo voy hacer por mi abuela quien merece vivir con todas las comodidades posibles. —Ve a comprar panecillos yo ahora te alcanzo hermosa—me dice sonriente mientras me hace una seña. Asiento con uno de mis dedos, después salgo de la compañía y voy por esos panecillos. Veo en el mostrador muchos panes, escojo el favorito de mi abuela, el cortadillo y la concha sabor chocolate, después tomo el favorito de la jefa y son las orejas y las empanadas de cajeta y finalmente los míos que son las donas de chocolate y los muffins. Después de eso me dirijo a pagar para finalmente salir del lugar, de pronto siento como se me ha salido la zapatilla. Me agacho a acomodarla y cuando me reincorporo solo alcanzo a ver a alguien frente a mí, de pronto caigo en el piso y ese alguien encima de mí. Abro los ojos y es el joven Axel por lo que de pronto siento mucha vergüenza. Lo veo a los ojos, unos ojos claros y bonitos, veo eso mientras yo respiro con dificultad. Él me ve molesto está a punto de decir algo pero a lo lejos se escucha la voz de la señora Amelia. —Oh vaya no espere ver esto—dice con gracia. Axel se levanta y por caballerosidad me levanta a mí también, veo como se sacude y después levanta la mirada hacia mí. —¿Por qué no te fijas? —sigue sacudiendo esos residuos de pan de su abrigo. —Lo siento de verdad. —Ay por Dios solo fue una pequeña caída —dice la señora para luego acercarse a Axel y sacudirlo—Ahora como buen muchacho ve y compra más pan para Mayte. —Pero abuela ella se atravesó, que ella vaya y lo compre—saca una tarjeta y la ofrece. La señora toma la mano de Axel mientras lo mira a los ojos como forma de regaño. —Ve tú—dice con seriedad. Él suspira y después cumple con lo que le ha pedido su abuela. Axel sale después de unos minutos y me da el pan en las manos mientras me ve con molestia, mientras que yo solo le doy las gracias y camino hacia su abuela. —¿Querido que tal que si nos acompañas? —sugiere. —Tengo cosas que hacer abuela, lo siento—mira hacia sus alrededores mientras contesta. —Sube a la camioneta ¿Quieres? —dice para luego ella subir por lo que subo yo también. Él sube enseguida de mí por lo que eso me pone nerviosa. —Te aprovechas porque te quiero tanto abuela pero no siempre te voy a obedecer —dice con seriedad. Ella se ríe y después pone música. Ella es una abuela moderna tan moderna que es como si fuera tu mejor amiga. Minutos más tarde llegamos a mi casa, así que no espero a que el chófer me abra la puerta del vehículo eso lo hago yo misma y opto por esperar a que la señora y su nieto bajen. Ellos lo hacen por lo que me siguen, abro la puerta y veo a mi Tita otra vez cocinando así que enseguida camino hacia ella. Se supone que le cocino los fines para que ella no se esfuerce tanto en cocinar. —Ni se te ocurra regañarme, sabes que me encanta cocinar al menos déjame hacer eso, está bien que no me dejes ya cocinar pasteles por lo de mi corazón pero al menos déjame hacerte la cena —habla sin parar. Aclaro mi garganta y después la tomo de los hombros y le doy la vuelta. Ella en cuanto ve a su amiga se alegra tanto que se agita por lo que la siento y le traigo un vaso de agua. —Tita toma esto—le doy su pompita de aire. Después de eso sonríe. —Amelia tanto sin verte ¿Qué te habías hecho? —dice sonriente. —Trabajando ya sabes—menciona animada. —Tú siempre trabajando por eso eres quien eres, que bueno que no desaprovechaste las oportunidades que se te dieron, estoy tan orgullosa de ti amiga—sonríe mi Tita. —Tú eres la mejor pastelera, me lo han dicho muchas personas así que no te subestimes—contesta en forma de regaño. —Siempre de humilde—dice mi abuela para luego tomar la pompita y echarse un poco de aire, deja la pompita en la mesa después dirige la mirada hacia Axel y sus ojos se iluminan. —Ese joven es igual a su padre siempre lo he dicho—sonríe. —Si amiga mi nieto es igual a Edward su padre—también lo mira. —Buenas noches señora —contesta Axel un poco distraído. —Bueno cenemos, hoy hice papas caldudas —trata de ponerse de pie. —No Tita yo serviré—la detengo. —Gracias pero yo no quiero —advierte Axel. —No se desprecia la comida de los demás—interfiere su abuela. Él solo hace una mueca y se sienta en la mesa. Sirvo varios platos y los voy sirviendo por último sirvo él de él. A decir verdad no sé por qué rayos me pone tan nerviosa debe ser por lo guapo que es. Suspiro y le pongo el plato en su lugar, él toma la cuchara y ve con atención la comida, claro debe ser que jamás la ha probado. —Si quiere no la coma—tomo el plato estoy por retirarlo pero él pone las manos sobre las mías mientras me ve fijamente. —No es necesario —me ve con esa mirada autoritaria que a veces suele tener. Quito mis manos de las de él y cuando volteo veo como ellas dos nos ven con atención, un poco desconcertada las veo para luego seguir con lo mío. Una hora después… Ellas dos están en la sala, recién he servido el café y el pan así que después de servirle a las dos amigas, desde lejos veo como Axel está recargado en uno de los muros de mi pequeña y humilde casa. Él está pensando en algo y esta tan entretenido que ni siquiera noto que estoy a lado de él. De pronto se mueve por lo que me tira las tazas de café encima. Su reacción fue tomarme de las manos, tomar una servilleta de tela de la cocina y limpiarme. —Lo siento, lo siento—continua por limpiar mis manos. De pronto levanta la mirada y es ahí donde esos ojos claros se encuentran con los míos, nuestras miradas están tan fijas que no podemos dejar de vernos.
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